El G20 de Johannesburgo: la afirmación del Sur Global ante la ausencia estadounidense

La primera cumbre del G20 celebrada en suelo africano concluyó el domingo en Johannesburgo con un resultado paradójico: la ausencia de Estados Unidos, la mayor economía del mundo, no impidió que los líderes presentes adoptaran una declaración histórica centrada en las prioridades de los países en desarrollo. La reunión marcó un momento de inflexión en la gobernanza global, demostrando tanto las posibilidades como las tensiones de un orden mundial en transición.

Una declaración sin apoyo completo

Rompiendo con la tradición del G20, la declaración final de 122 puntos fue adoptada al inicio de la cumbre y no al cierre, una maniobra estratégica que los anfitriones sudafricanos presentaron como victoria diplomática. El documento, de aproximadamente 11,000 palabras y 160 compromisos según expertos, aborda temas cruciales para el mundo en desarrollo: alivio de la deuda soberana, financiamiento para transiciones energéticas verdes, desastres relacionados con el cambio climático y aprovechamiento de minerales críticos.

La administración Trump había presionado a Sudáfrica para reducir el documento a una declaración unilateral del país anfitrión, pero el presidente Cyril Ramaphosa respondió categóricamente: «no nos dejaremos intimidar». La declaración final enfatiza que los desastres climáticos afectan desproporcionadamente a las poblaciones vulnerables, exacerbando la pobreza y la desigualdad, un claro contraste con la postura negacionista de Washington sobre el consenso científico del cambio climático.

El boicot estadounidense y sus motivaciones

La ausencia de Estados Unidos ensombreció la cumbre desde antes de su inicio. El presidente Donald Trump anunció el boicot total citando acusaciones desacreditadas de un supuesto «genocidio» contra granjeros blancos afrikáners en Sudáfrica. Estas afirmaciones, rechazadas por autoridades sudafricanas, funcionarios afrikáners prominentes e historiadores como Saul Dubow de Cambridge, han sido señaladas como posiblemente vinculadas a la molestia de Trump por la demanda de genocidio que Sudáfrica presentó contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia.

El gobierno estadounidense no envió ningún representante oficial a las negociaciones. En el cierre simbólico, cuando Ramaphosa golpeó el mazo para clausurar la cumbre, no hubo funcionario estadounidense presente para recibir la presidencia rotatoria del G20, que corresponde a Washington para 2026. La Casa Blanca había propuesto enviar al encargado de negocios de su embajada en Sudáfrica, pero Ramaphosa rechazó entregar la presidencia a un funcionario diplomático junior, considerándolo un insulto.

Las ausencias notables y el futuro del G20

Además de Trump, otros líderes clave estuvieron ausentes. El presidente chino Xi Jinping envió al primer ministro Li Qiang, mientras que Argentina, aliado de Trump, solo envió a su canciller, Pablo Quirno, quien tampocó acompañó el documento final. En total, siete de los 19 países miembros no enviaron a sus jefes de Estado o gobierno. El presidente francés Emmanuel Macron advirtió que esta falta de participación plantea «un riesgo serio para la relevancia y efectividad futura del G20».

Sin embargo, el primer ministro canadiense Mark Carney ofreció una perspectiva alternativa: «el mundo puede seguir adelante sin Estados Unidos», señalando que los países participantes representan tres cuartas partes de la población mundial, dos tercios del PIB global y tres cuartas partes del comercio internacional.

Logros y limitaciones de la agenda africana

Bajo el lema «Solidaridad, Igualdad y Sostenibilidad», Sudáfrica logró posicionar las prioridades africanas y del Sur Global en el centro del debate. La declaración compromete al G20 a fortalecer el Marco Común para el tratamiento de deudas de manera predecible y coordinada, reconociendo que muchos países africanos ahora gastan más en servicio de deuda que en educación o salud.

El documento también destaca la creación de un vigésimo quinto asiento para África Subsahariana en el Directorio Ejecutivo del FMI como paso hacia mejor representación en la gobernanza financiera global. En materia de minerales críticos, esenciales para las telecomunicaciones, defensa y energías renovables, la declaración enfatiza que deben convertirse en catalizadores para el desarrollo de base amplia, no solo para exportación de materias primas.

No obstante, algunas propuestas concretas no se materializaron en el documento final. No se menciona la creación de un panel internacional sobre desigualdad de riqueza, similar al Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU, que Sudáfrica había propuesto tras un informe encargado al premio Nobel Joseph Stiglitz que reveló que el 1% más rico ha capturado más del 40% de la nueva riqueza desde 2000.

Un precedente para el multilateralismo

La cumbre de Johannesburgo demostró que es posible avanzar en acuerdos multilaterales significativos incluso sin la participación estadounidense, aunque también expuso las limitaciones del G20 para resolver crisis globales urgentes. La declaración hizo una sola referencia a Ucrania en un llamado general al fin de los conflictos globales, y la cumbre no pareció lograr avances en la guerra que se acerca a los cuatro años, pese a la presencia de líderes europeos y rusos en la misma sala.

El contraste entre la agenda de Johannesburgo y lo que probablemente será la cumbre de Miami en 2026 bajo liderazgo estadounidense anticipa un cambio brusco en la dirección del G20. Mientras Sudáfrica presionó por justicia climática, alivio de deuda y reducción de desigualdad, la administración Trump ha dejado claro su desprecio por estos temas, como lo evidenció el Secretario de Estado Marco Rubio al saltar una reunión ministerial del G20 en febrero, desdeñando la agenda sobre diversidad, equidad e inclusión como un desperdicio del dinero de los contribuyentes estadounidenses.

Por todo lo dicho, la cumbre de Johannesburgo quedará registrada no solo como la primera en suelo africano, sino como un momento en que el Sur Global afirmó su capacidad de establecer agendas globales frente a la oposición de la potencia hegemónica tradicional, planteando interrogantes fundamentales sobre el futuro del multilateralismo en un mundo cada vez más multipolar.

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Colaboradora, especialista en Comunicación & Relaciones Internacionales.