La expansión reciente de protestas encabezadas por sectores juveniles (Generación Z, nacidos entre 1997 y 2012) en países de Asia, África y América Latina no constituye un fenómeno disruptivo nuevo, sino la manifestación de tensiones estructurales que se han intensificado en un contexto global marcado por incertidumbre económica, desigualdades persistentes y aceleración tecnológica.
Estas movilizaciones revelan brechas entre expectativas sociales y capacidades estatales, así como la influencia creciente de plataformas digitales en la organización colectiva. Más que un quiebre geopolítico, reflejan vulnerabilidades profundas de múltiples sociedades.
Factores Estructurales y el Rol Acelerador del Entorno Socio-Tecnológico
En los últimos meses, países como Bangladesh, Nepal, México, Serbia, Tanzania o Kenia han registrado protestas juveniles de alta visibilidad, motivadas por denuncias de corrupción, deterioro de servicios esenciales, inseguridad o recortes presupuestarios. Aunque los detonantes varían según el contexto, subyace un elemento común: la desconexión entre demandas ciudadanas y capacidades estatales, acentuada por economías aún afectadas por inflación, tasas elevadas y procesos de recuperación postpandemia incompletos.
La tecnología cumple un papel multiplicador decisivo. Plataformas anónimas, redes sociales y sistemas de mensajería instantánea permiten articular movimientos de manera veloz y descentralizada.

Comunidades virtuales inicialmente pequeñas pueden transformarse en fuerzas de movilización masiva en pocas horas, no porque generen el malestar, sino porque facilitan su amplificación. Este ecosistema comunicacional reduce costos de coordinación y modifica la dinámica tradicional de la protesta.
Movilización Juvenil, Legitimidad Estatal y Proyección Estratégica
La participación protagónica de jóvenes en ciclos de protesta es un patrón histórico —desde las movilizaciones de los años 60 hasta expresiones contemporáneas—, pero estas cohortes no conforman un actor homogéneo ni unificado. Las etiquetas generacionales ayudan a organizar el análisis, pero no definen identidades políticas rígidas ni explican por sí solas la emergencia de las protestas.
El futuro de estas movilizaciones dependerá de variables estratégicas: apoyos sociales, recursos organizativos, canales institucionales de negociación y, centralmente, la capacidad del Estado para gestionar la conflictividad.
Gobiernos con instituciones sólidas y legitimidad relativamente estable tienden a amortiguar tensiones, mientras que aquellos con fragmentación política o desconfianza pública enfrentan mayores riesgos de escalamiento. Así, las protestas actuales no anuncian una transformación geopolítica disruptiva, sino que exponen las fragilidades internas de sociedades sometidas a ciclos prolongados de incertidumbre global.
Es Doctor en Relaciones Internacionales (Universidad del Salvador, Argentina), Master of Strategic Studies and Defense (China's National Defense University) y Master en Planeamiento Estratégico y Dirección por Objetivos del Instituto Internacional de Estudios Globales para el Desarrollo Humano (España). Asimismo, tiene un tercer Master of Strategic Studies (US National Defense University, Estados Unidos) y es Lic. en Estrategia y Organización del Instituto de Estudios Superiores del Ejército argentino. Asimismo, es miembro del Consejo Asesor Académico de la Facultad del Ejército, es profesor en el doctorado en Defensa de dicha entidad, profesor invitado en la Universidad de Cuyo y de la Universidad Católica de Córdoba, e integra el Consejo Asesor de la Fundación CIEPEI (Centro de Investigación en Estudios Políticos Económicos e Internacionales).














