Los líderes del Grupo de los Siete (G7) anunciaron este martes un plan de acción conjunto para reducir los riesgos en las cadenas de suministro de minerales críticos, buscando mitigar la dependencia excesiva de China. Reunidos en la localidad canadiense de Kananaskis, los líderes de las principales democracias industriales acordaron intensificar la cooperación entre sí y con países afines para proteger la seguridad económica frente a prácticas de mercado distorsivas.
Aunque el documento no menciona directamente a China, el enfoque apunta claramente a contrarrestar su dominio sobre el suministro global de tierras raras y otros minerales esenciales para tecnologías modernas. Beijing ha sido acusada en el pasado de utilizar controles de exportación como herramienta geopolítica, lo que ha encendido las alarmas entre los países industrializados.
El plan incluye medidas para monitorear escasez de minerales, coordinar respuestas frente a posibles interrupciones deliberadas del mercado y diversificar la extracción, procesamiento, manufactura y reciclaje de estos recursos, preferentemente dentro de los propios países del grupo o de aliados estratégicos. Además, se trazará una hoja de ruta antes de fin de año para establecer mercados basados en estándares que reflejen los costos reales de producción y comercio de minerales críticos.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, anfitrión de la cumbre, sostuvo que el mundo enfrenta un entorno “más dividido y peligroso”, y enfatizó la importancia de relaciones estables con China, pero pidió al gigante asiático que evite distorsionar el mercado y frenar su exceso de capacidad industrial.
Por su parte, el primer ministro japonés, Shigeru Ishiba, destacó en rueda de prensa que el G7 debe mantener un compromiso firme en la región del Indo-Pacífico y que hubo consenso para abordar “los diversos desafíos relacionados con China”. Fue su primera participación en una cumbre del G7 desde que asumió el cargo, y aprovechó el escenario para insistir en la necesidad de mantener un orden económico global basado en reglas.
La cumbre no concluyó con un comunicado conjunto, como solía ser tradición, debido a dificultades para consensuar lenguaje común en temas sensibles tras el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. En su lugar, los líderes respaldaron documentos “orientados a la acción”, con enfoques específicos sobre inteligencia artificial, tecnologías cuánticas y represión transnacional.
El segundo día estuvo marcado por la solidaridad con Ucrania, luego de que Trump abandonara el evento antes de lo previsto, citando asuntos urgentes relacionados con el conflicto entre Israel e Irán. Los seis líderes restantes se reunieron con el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y reiteraron su respaldo a Kiev en medio de los continuos ataques rusos contra objetivos civiles.
Carney confirmó que existe una posición común para mantener la presión financiera sobre Moscú, incluidas sanciones más estrictas. Ishiba, en tanto, alertó sobre el fortalecimiento de la cooperación militar entre Rusia y Corea del Norte, advirtiendo que una mayor asistencia de Moscú a Pyongyang representa una amenaza directa para la seguridad del Indo-Pacífico.
El G7 también hizo un llamado a la desescalada en Medio Oriente, acusando a Irán de ser una fuente principal de inestabilidad regional, y reiteró su apoyo a la seguridad de Israel, que recientemente llevó a cabo ataques a gran escala contra objetivos militares y nucleares iraníes.
A pesar de las tensiones internas y los desafíos externos, los líderes del G7 intentan mostrar una imagen de cohesión frente a un escenario global cada vez más fragmentado y volátil.












