La empresa FATE con más de ocho décadas de historia cerró este miércoles su planta en San Fernando y dejó en la calle a 920 trabajadores. Detrás del fin de un símbolo industrial argentino, hay un mercado inundado de cubiertas asiáticas y una política de apertura que no encontró contrapeso.
Cuando los operarios del turno mañana llegaron este miércoles 18 de febrero a la planta de Virreyes, en el partido bonaerense de San Fernando, se encontraron con un cartel en la puerta. No hubo aviso previo, no hubo reunión de directorio comunicada con anticipación. Solo un papel que anunciaba el cierre definitivo de Fate, la Fábrica Argentina de Telas Engomadas, una empresa fundada en 1940 que había sobrevivido a devaluaciones, hiperinflaciones y concursos preventivos, pero que no pudo resistir el embate de los neumáticos chinos.
La empresa, propiedad de la familia Madanes Quintanilla y con más de ocho décadas de trayectoria, despedirá a la totalidad de sus 920 empleados, liquidará su negocio y clausurará su planta industrial. No es un proceso preventivo ni una reestructuración: según fuentes cercanas a la compañía, «es un cierre definitivo y se le paga a todo el mundo lo que corresponde. A empleados, proveedores, bancos. Se liquida todo y se baja la persiana».
La marea que nadie frenó
El desenlace tiene un responsable difuso pero omnipresente: las importaciones. Según un informe de la consultora PxQ, entre 2023 y 2025 las importaciones del sector crecieron 34,8%, mientras que los precios internos bajaron 42,6%. En ese mismo período, el empleo en la actividad se redujo en más de 6.400 puestos.
El punto de inflexión llegó a mediados de 2025. El mercado se vio saturado por un récord de 860.000 neumáticos importados en un solo mes, lo que obligó a la firma a reducir sus precios un 15% para intentar competir, deteriorando sus márgenes. La sangría era insostenible.
El origen del aluvión tiene nombre y geografía: China. La apertura comercial que impulsa el gobierno de Javier Milei habilitó un ingreso masivo de importaciones, particularmente desde el gigante asiático, cuyos fabricantes operan con costos laborales, impositivos y energéticos que la industria argentina no puede replicar ni de lejos.
Una brecha insalvable
En su comunicado de cierre, el directorio de Fate fue categórico. La empresa denunció «escandalosas asimetrías» en el comercio exterior y advirtió que el costo de fabricar un neumático en Argentina supera ampliamente al de los productos importados, generando «una brecha de competitividad insalvable que torna imposible continuar exportando».
La ironía es cruel: Fate fue pionera. Nació en 1940 y fue la primera empresa en producir neumáticos radiales en el país, con una fuerte presencia exportadora en mercados de Europa, Estados Unidos y América Latina. Hoy, esa capacidad exportadora es historia.
El impacto humano y político
El cierre implica la desvinculación de 920 trabajadores y representa un fuerte golpe para el entramado productivo del conurbano bonaerense. Desde la puerta de la fábrica, el delegado del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (Sutna), Miguel Richardulli, describió la escena con crudeza: los empleados se enteraron por un cartel. No hubo notificación formal. Hubo un rumor, salió en los medios, y cuando el gremio intentó comunicarse con la gerencia, la empresa lo desmintió. Horas después, llegó la confirmación oficial.
El timing del anuncio no fue inocente. La noticia se conoció a horas de un paro general de la CGT en protesta por la reforma laboral que avanza en la Cámara de Diputados, en un escenario en el que la Unión Industrial Argentina advirtió sobre la pérdida de más de 60.000 puestos industriales desde agosto de 2023.
La planta de San Fernando tiene una capacidad productiva de más de 5 millones de cubiertas por año, en un predio de 40 hectáreas. Con su cierre, Argentina queda sin producción nacional de neumáticos radiales para transporte pesado, segmento en el que Fate era el único fabricante local. Bridgestone y Pirelli —las otras dos grandes plantas del sector— también atraviesan dificultades, con retiros voluntarios y procedimientos preventivos de crisis.
El mercado quedará, entonces, en manos de los importadores. Y en el mundo del neumático, eso significa, cada vez más, en manos de China.
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