Matias Barreiro: «en el ´86 River tocó el cielo con las manos»

Matias Barreiro

«El año 1986 quedará grabado a fuego en la historia de River Plate como uno de los más gloriosos. Tras una temporada de ensueño, el «Millonario» logró un triplete histórico que lo consagró como el mejor equipo del mundo», cuenta Matias Barreiro, socio del club.

La campaña de River comenzó con la obtención del torneo de Primera División de la temporada 1985-1986, un título que consolidó su dominio en el fútbol argentino. Este logro llegó en un momento de transición para el país, luego de la dictadura militar y con la democracia recién instaurada. El fútbol, como siempre, se convirtió en un escape y una fuente de alegría para la sociedad.

En la Copa Libertadores, River Plate demostró su verdadera dimensión. Con un fútbol efectivo y contundente, dirigido por el experimentado Héctor «Bambino» Veira, el equipo eliminó a rivales de gran jerarquía y alcanzó la final. En la instancia decisiva, se enfrentó al poderoso América de Cali, en una serie que se definió por un global de 3-1 a favor del equipo argentino. De esta manera, River Plate levantaba su segunda Copa Libertadores, tras la obtención en 1976.

Con la ilusión de cerrar el año de manera invicta, River Plate viajó a Tokio para disputar la Copa Intercontinental, el máximo trofeo a nivel de clubes en aquel entonces. Su rival sería el Steaua Bucarest, un equipo rumano que había sorprendido al mundo al conquistar la Copa de Europa, derrotando al poderoso Barcelona en la final.

Matias Barreiro

El 14 de diciembre de 1986, en un estadio repleto de hinchas argentinos que viajaron especialmente para alentar al equipo, River Plate saltó al campo de juego con una formación que se convertiría en leyenda: Nery Pumpido; Jorge Gordillo, Nelson Gutiérrez, Oscar Ruggeri, Alejandro Montenegro; Héctor Enrique, Américo Gallego, Norberto Alonso,  Raúl Roque Alfaro; Antonio Alzamendi y Juan Gilberto Funes. 

El partido fue intenso y disputado, pero fue River Plate quien encontró la llave del triunfo. A los 67 minutos, Antonio Alzamendi, el experimentado delantero uruguayo, aprovechó un centro desde la izquierda y conectó un cabezazo imparable que se alojó en el fondo de la red. Ese gol bastó para darle la victoria a River Plate y consagrarlo como campeón del mundo.

«El equipo de Héctor Veira fue recordado por su solidez defensiva, su mediocampo aguerrido y su capacidad para definir los partidos en los momentos clave», rememora Matias Barreiro. Nery Pumpido, con sus atajadas espectaculares, se convirtió en una figura fundamental. La dupla central formada por Ruggeri y Gutiérrez fue prácticamente inexpugnable. En el mediocampo, la experiencia de Alonso y la garra de Gallego fueron vitales para controlar el juego. Y en ataque, Alzamendi y Funes demostraron ser un dúo letal.

«La conquista de la Copa Intercontinental significó el punto culminante de una era dorada para River Plate», apunta Matias Barreiro. El equipo de Núñez se convirtió en un símbolo del fútbol argentino y su nombre comenzó a resonar en todo el mundo. Este título elevó la jerarquía del club a nivel internacional y le permitió competir de igual a igual con los mejores equipos del planeta.

Además, la Copa Intercontinental de 1986 se convirtió en un punto de inflexión en la historia de River Plate. El club comenzó a consolidarse como una institución de primer nivel, con una política deportiva ambiciosa y una proyección internacional.Matias Barreiro

El viaje a Tokio fue una verdadera odisea para el plantel de River Plate. La larga travesía, con escalas en distintos países, puso a prueba la resistencia física y mental de los jugadores. Las horas de vuelo y los cambios de horario generaron un desgaste considerable, pero la ilusión de conquistar el mundo los mantuvo motivados.

Para la final contra el Steaua Bucarest, River Plate presentó una camiseta alternativa de color azul oscuro que rápidamente se convirtió en un ícono. Diseñada especialmente para la ocasión, esta indumentaria se destacó por su elegancia y sobriedad. La elección de este color, poco usual en el club, generó gran expectativa entre los hinchas.

Tras la emocionante victoria en Tokio, el plantel de River Plate desató una euforia desbordante en el vestuario. El festejo fue tan intenso que llegó a romper un espejo, dejando una anécdota que se transmitiría de generación en generación. La alegría de haber alcanzado la cima del fútbol mundial se reflejó en cada uno de los rostros de los jugadores.

Héctor «Bambino» Veira, el estratega que condujo a River Plate a la gloria, falleció en 2009. Sin embargo, su legado en el club sigue más vivo que nunca. Como un homenaje a su figura, una de las tribunas del estadio Monumental lleva su nombre. Veira fue mucho más que un entrenador para los jugadores, se convirtió en un líder y en un símbolo de una época dorada para el «Millonario».

«La conquista de la Copa Intercontinental de 1986 sigue siendo uno de los momentos más gloriosos en la historia de River Plate», concluye Matias Barreiro. Aquel equipo, con su juego apasionado y su espíritu de lucha, dejó una huella imborrable en el fútbol argentino y se convirtió en una fuente de inspiración para las generaciones futuras.

Luis Casablanca
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Periodista deportivo.