Un exembajador australiano advierte que la relación con China sigue siendo frágil pese a la estabilización

Graham Fletcher, exembajador en Beijing entre 2019 y 2022, sostiene en un informe para el Lowy Institute que Canberra rechazó en silencio ofertas chinas de cooperación en infraestructura e inteligencia artificial.

El exembajador de Australia en China, Graham Fletcher, advirtió que la relación bilateral entre ambos países sigue siendo frágil y vulnerable a shocks, y que la estabilidad «seguirá siendo un objetivo, no un dato garantizado» para Canberra. Fletcher asumió como embajador en 2019, justo antes de que el vínculo entrara en crisis a raíz del pedido del gobierno de Morrison de una investigación independiente sobre el origen del brote de covid-19 en China, y luego contribuyó a supervisar la «estabilización» de la relación tras la llegada del Partido Laborista al poder en 2022.

En un nuevo informe para el Lowy Institute, Fletcher sostuvo que el gobierno australiano probablemente considera que la «nueva normalidad modesta» actual de la relación es «suficientemente buena», y que Canberra rechazó discretamente ofertas chinas para expandir la cooperación en infraestructura e inteligencia artificial. Según explicó, esa postura responde en parte a que la campaña de coerción económica de China le demostró a Canberra que «cualquier influencia que China crea poseer es susceptible de ser explotada en momentos de necesidad política», lo que hace «prudente no permitir que esa influencia se acumule».

El exdiplomático planteó que Australia y China nunca tendrán una relación cercana porque tienen visiones radicalmente distintas sobre cómo debería funcionar la región. «La brecha en términos de visiones del mundo divergentes y agendas de seguridad nacional es simplemente demasiado amplia», señala el informe, que agrega que sería «inútil que Canberra persiguiera ese objetivo» y que el país «lo reconoce y es realista» al respecto. Según Fletcher, ese «desajuste de visiones del mundo y agendas estratégicas» dejará siempre a la relación «vulnerable a futuras disrupciones», en un contexto donde «China es más confiada y exigente; Australia también es más confiada y decidida».

El informe señala que, si bien un «cataclismo» como una invasión china a Taiwán es «siempre una posibilidad», no constituye actualmente un riesgo «fuerte». Sin embargo, Fletcher advirtió que persiste el riesgo de que la relación entre a otra espiral descendente si se produce una «acumulación de desacuerdos serios que no puedan gestionarse con éxito», y mencionó como posible foco de tensión los intentos del gobierno australiano de recuperar el control del Puerto de Darwin de manos de un propietario chino.

El exembajador de Australia en China, Graham Fletcher, advirtió que la relación bilateral entre ambos países sigue siendo frágil y vulnerable a shocks.

Según el exembajador, «Beijing está cada vez más susceptible», por ejemplo, respecto de las restricciones impulsadas por motivos de seguridad que la Unión Europea y Estados Unidos aplican sobre su tecnología e inversiones, y está desarrollando mecanismos de represalia que podrían aplicarse a nivel global. Fletcher advirtió además que «la decisión de Canberra de devolver el Puerto de Darwin a manos australianas enfrenta una resistencia tenaz y bien podría verse asociada con las medidas de Estados Unidos para excluir intereses chinos de los puertos del Canal de Panamá». También señaló que «disturbios o una crisis política en las Islas del Pacífico podrían agudizar la disputa en curso por la influencia en esa región, con Canberra y Beijing persiguiendo resultados distintos, y con personal uniformado sobre el terreno».

Lo que plantea Fletcher es una lectura que va a contramano del relato oficial de «estabilización» que ambos gobiernos vienen promoviendo desde 2022. La distinción que traza entre gestionar la relación y resolverla de fondo resulta clave para entender la posición estratégica australiana dentro del Indo-Pacífico: Canberra no busca una alianza con Beijing ni tampoco una ruptura, sino una convivencia funcional con un socio comercial del que depende económicamente pero al que percibe como una amenaza estructural a su seguridad.

El caso del Puerto de Darwin es paradigmático de esta tensión, porque conecta la política doméstica australiana con la competencia geopolítica más amplia entre Washington y Beijing por el control de infraestructura estratégica portuaria, un patrón que se repite de Panamá al Indo-Pacífico. La advertencia de Fletcher sugiere que, más que un problema resuelto, la relación sino-australiana funciona hoy como un equilibrio administrado que podría desestabilizarse ante cualquier acumulación de fricciones puntuales, sin necesidad de un evento disruptivo mayor como una crisis en el estrecho de Taiwán.

 

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Periodista con sede en Brasil, experto en Relaciones Internacionales.