Por primera vez en casi dos décadas de seguimiento de opinión pública global, el Centro de Investigación Pew registró un resultado que habría parecido improbable en cualquier momento anterior: China es vista más favorablemente que Estados Unidos en la mayoría de los países de América Latina. El informe, publicado el 15 de julio de 2026 y basado en una encuesta realizada entre febrero y mayo a más de 45.000 personas en 37 países, documenta un cruce de tendencias que los analistas de la relación sino-latinoamericana venían anticipando: la imagen de Washington se deterioró con velocidad en 2025 y 2026, mientras la de Beijing se mantuvo estable o mejoró marginalmente, produciendo una inversión de posiciones que no tiene precedente en el registro moderno de la opinión pública regional.
El hallazgo central del informe para América Latina es preciso: en cinco de los seis países latinoamericanos encuestados —Argentina, Brasil, Colombia, México y Perú—, la imagen de Estados Unidos empeoró en el último año. La de China, en cambio, se mantuvo estable o mejoró. El resultado es que las dos potencias están ahora calificadas de manera similar o con leve ventaja para China en varios países de la región, una situación sin precedente en la historia del seguimiento de Pew.
Los números por país
En México, el dato más llamativo es la brecha de confianza en los líderes: los adultos mexicanos tienen tres veces más confianza en Xi Jinping que en Donald Trump para hacer lo correcto en asuntos mundiales —35% versus 11%. Colombia es la excepción: allí Trump tiene más confianza que Xi —43% versus 33%—, en línea con una tradición de alineamiento histórico con Washington que el gobierno de Petro no alteró en los indicadores de opinión pública.
En Argentina, Brasil, Colombia y Perú, proporciones similares de la población describen a Estados Unidos y a China como socios confiables —ninguno de los dos tiene una ventaja clara en la dimensión de credibilidad como aliado. En México, la brecha se amplió hacia China. En ninguno de los seis países encuestados Trump o Xi reciben una calificación de confianza mayoritaria, lo que refleja el escepticismo generalizado hacia el liderazgo de las grandes potencias en la región.
Por qué bajó la imagen de Estados Unidos
El informe de Pew identifica dos factores principales detrás del deterioro de la imagen estadounidense en América Latina. El primero es la política «America First» de la administración Trump: los aranceles, la retórica sobre la hegemonía hemisférica y la declaración en la cumbre Escudo de las Américas de marzo de 2026 —en la que Trump anunció que Estados Unidos «no permitirá que influencia extranjera hostil gane posición en este hemisferio»— fueron recibidos en la región con una combinación de irritación y desconfianza. La frase, interpretada ampliamente como una referencia directa a China, generó respuesta inmediata del canciller Wang Yi y consolidó la percepción de que Washington ve a América Latina como zona de disputa geopolítica más que como región de socios.
El segundo factor es la percepción de interferencia: los encuestados latinoamericanos son «mucho más propensos a decir que Estados Unidos interfiere en los asuntos de otros países que a decir lo mismo de China», según el reporte. Esta percepción asimétrica de la intromisión tiene raíces históricas profundas en la región —el intervencionismo estadounidense en América Central, el Caribe y América del Sur durante el siglo XX— pero se activa con particular fuerza en contextos de retórica hemisférica agresiva como la de la administración actual.
Por qué mejoró la imagen de China
La mejora de la imagen china en América Latina —más modesta que el deterioro de la imagen estadounidense, pero real— responde a una combinación de factores que los analistas del Centro de Estudios China-América Latina han documentado con regularidad. China es el principal socio comercial de América del Sur, con vínculos particularmente estrechos con Brasil —que tiene a China como destino del 30% de sus exportaciones— y Perú, donde la inversión china en minería y el puerto de Chancay ha generado una presencia concreta y visible. La política de cooperación sin condicionalidades explícitas que Beijing aplica en la región contrasta con la condicionalidad política que históricamente asociaron los latinoamericanos a la cooperación con Washington o con las instituciones financieras de Bretton Woods.
La encuesta también documentó que en Colombia —el país con la imagen más favorable de Trump en la región— la proporción de personas que dicen que China respeta las libertades de su pueblo aumentó del 19% en 2017 al 30% en 2026, un cambio significativo que los analistas atribuyen en parte a la mayor presencia de contenido cultural chino en los medios digitales y al crecimiento del comercio bilateral.
Las limitaciones que el propio Pew reconoce
El informe es honesto sobre sus limitaciones. La mejora de la imagen de China ocurre principalmente en economías emergentes de América Latina, África y partes de Asia meridional y sudoriental, mientras que en los países ricos de Europa y Asia oriental —Japón, Corea del Sur, Australia— las percepciones de China siguen siendo predominantemente negativas. La narrativa de que «el mundo prefiere a China» requiere esa precisión geográfica y de ingreso: el mundo en desarrollo muestra tendencias distintas al mundo desarrollado.
Chen, investigador consultado por Global Times, advirtió además que «encuadrar las percepciones globales a través de una comparación directa China-Estados Unidos arriesga crear una narrativa de suma cero» que no refleja la complejidad real de cómo los ciudadanos de la región ven sus relaciones con ambas potencias. La mayor parte de los latinoamericanos no quiere elegir entre Washington y Beijing: quiere relaciones productivas con los dos.
Lo que el informe sí documenta con claridad es que la política exterior de la administración Trump ha tenido un costo de imagen en América Latina que es medible, consistente entre países y sin precedente en el registro moderno de Pew. Ese costo no beneficia automáticamente a China —la desconfianza hacia Xi es también alta en la región— pero sí abre espacios de influencia que Beijing está aprovechando con paciencia y consistencia.
Colaborador en ReporteAsia














