Las labores de rescate en la escuela islámica Al Khoziny, en la isla de Java, Indonesia se transformaron en una operación de búsqueda desesperada durante el fin de semana. Los equipos hallaron los cuerpos de decenas de estudiantes que habían quedado atrapados entre los escombros, elevando el número de muertos a cuarenta y nueve. Quedan aún catorce desaparecidos, mientras la esperanza de encontrarlos con vida se desvanece con cada hora.
El derrumbe ocurrió el 29 de septiembre, cuando la estructura del edificio, en pleno proceso de ampliación, se desplomó sobre cientos de alumnos que oraban en el salón principal. La mayoría eran varones de entre doce y diecinueve años. Solo uno logró salir ileso, mientras casi un centenar recibió atención médica por heridas leves y seis permanecen hospitalizados con lesiones graves.
Las escenas en Sidoarjo, al este de Java, fueron de angustia y agotamiento. Los rescatistas trabajaron sin descanso, removiendo toneladas de concreto con excavadoras, sierras y, en muchos casos, con sus propias manos. En medio del silencio roto por el sonido de los martillos y los gritos de quienes buscaban a sus hijos, se levantaban cuerpos cubiertos con mantas improvisadas.
Las primeras investigaciones apuntan a una causa clara: la ampliación ilegal del edificio. La policía confirmó que los responsables del internado habían comenzado a añadir dos pisos a la estructura original de dos niveles sin contar con el permiso de construcción exigido por la ley. Expertos explicaron que el edificio no estaba preparado para soportar el peso adicional.
“El concreto no cumplía los estándares y el soporte cedió mientras se vertía la mezcla del tercer piso, lo que provocó el colapso total”, señaló Mudji Irmawan, especialista en ingeniería del Instituto Tecnológico del Diez de Noviembre. También cuestionó que los estudiantes siguieran utilizando las instalaciones mientras las obras estaban en marcha.
El jefe del distrito de Sidoarjo, Subandi, confirmó la versión policial y reconoció que en muchas zonas rurales de Indonesia las construcciones se levantan sin autorización ni supervisión técnica. Aunque la ley nacional de edificación, vigente desde 2002, exige permisos previos y contempla penas de prisión y multas elevadas por incumplimiento, la aplicación de estas normas suele ser laxa, especialmente en instituciones religiosas o proyectos comunitarios.
El responsable del colegio, el clérigo Abdus Salam Mujib, pidió perdón públicamente un día después de la tragedia. En una breve declaración, pidió paciencia y resignación ante lo que describió como “la voluntad de Dios”. Su mensaje fue recibido con respeto, pero también con creciente malestar entre las familias de las víctimas, que reclaman justicia y responsabilidad.
Las autoridades locales han prometido una investigación exhaustiva. El jefe de la policía de Java Oriental, Nanang Avianto, anunció que el proceso incluirá la participación de expertos en construcción para determinar si hubo negligencia por parte de la administración escolar.
El colapso de la escuela Al Khoziny no solo deja una herida profunda en la comunidad educativa de Sidoarjo, sino que también reaviva el debate sobre la corrupción, la falta de control y la impunidad en el sector de la construcción en Indonesia. En medio del dolor, crece la exigencia de que esta tragedia no se repita.







