ADN antiguo revela que la peste mataba humanos hace 5.500 años

Según un estudio publicado en Nature, el análisis de ADN antiguo revela que la peste ya causaba muertes entre grupos cazadores-recolectores de Siberia hace 5.500 años, mucho antes de su aparición documentada en la Edad Media. Los hallazgos reconstruyen las primeras huellas de una enfermedad que transformó la historia humana.

ADN antiguo y rastros de una pandemia prehistórica

El estudio, realizado por un equipo internacional de investigadores de las universidades de Copenhague, Cambridge y Oxford, ha proporcionado una de las pruebas más tempranas del impacto de Yersinia pestis, la bacteria responsable de la peste. Utilizando ADN antiguo extraído de los dientes de individuos enterrados en cuatro cementerios próximos al lago Baikal, en Siberia oriental, los científicos reconstruyeron genomas bacterianos que muestran cepas letales miles de años antes del surgimiento de las ciudades o del comercio a gran escala.

El hallazgo contradice la creencia tradicional de que la peste solo emergió con el desarrollo de la agricultura y la urbanización. Los resultados sugieren que comunidades pequeñas de cazadores-recolectores ya enfrentaban brotes epidémicos letales mucho antes de la formación de las primeras civilizaciones.

¿Cómo se identificaron los primeros brotes de peste?

El análisis de 46 restos humanos arrojó resultados contundentes: en 18 de ellos, casi un 40 %, se detectó ADN de Yersinia pestis. Este porcentaje supera incluso el de algunos cementerios medievales de Europa occidental. La coincidencia temporal de los entierros, determinada mediante datación por radiocarbono, apunta a muertes agrupadas en períodos breves, lo que refuerza la hipótesis de brotes epidémicos.

Las excavaciones en la región del Baikal han estado en marcha desde la década de 1990. Los arqueólogos notaron hace tiempo una alta mortalidad infantil y juvenil, un patrón demográfico inusual para comunidades preagrícolas. Hasta ahora, se atribuía esa tendencia a factores nutricionales, accidentes o conflictos. Sin embargo, la aparición de la peste como causa subyacente ofrece una explicación coherente con la evidencia genética.

En palabras del arqueólogo Andrzej Weber, de la Universidad de Alberta, “llevábamos décadas sin comprender por qué tantos niños fueron enterrados en un corto lapso. Saber que fue la peste cambia por completo el contexto histórico de esas comunidades”.

La genética detrás de la virulencia

Uno de los hallazgos más sorprendentes del estudio es la identificación de un factor genético único: un superantígeno ausente en las cepas históricas posteriores. Este elemento habría intensificado la respuesta inmunitaria humana, provocando inflamaciones severas y aumentando significativamente la letalidad de la infección.

El investigador Martin Sikora, de la Universidad de Copenhague, explicó que esta característica genética podría haber hecho que las infecciones prehistóricas fueran tan mortales como las de la peste bubónica medieval, incluso sin depender de pulgas o ratas como vectores. El descubrimiento obliga a reconsiderar la evolución biológica del patógeno y su capacidad para adaptarse a diferentes entornos ecológicos.

¿Por qué la peste surgió en Asia central?

Los análisis isotópicos y el contexto arqueológico apuntan a que la enfermedad emergió en poblaciones humanas que convivían estrechamente con grandes roedores, especialmente marmotas, que aún hoy son portadoras naturales de la peste. Este vínculo ecológico sugiere que el noreste asiático fue uno de los primeros reservorios del patógeno antes de su expansión hacia occidente.

A medida que las comunidades humanas comenzaron a aumentar en número y a desplazarse por las estepas euroasiáticas —hace aproximadamente 5.000 años—, el contacto con animales silvestres favoreció la transmisión entre regiones. Los investigadores estiman que la bacteria pudo dispersarse por Eurasia en menos de un milenio, posiblemente siguiendo rutas similares a las migraciones humanas tempranas.

La expansión posterior de la peste coincidió con la difusión de nuevas tecnologías agrícolas y con los primeros intercambios a larga distancia, factores que multiplicaron las oportunidades de contagio y establecieron las bases para epidemias más amplias.

Comparación con las pandemias medievales

El conocimiento popular asocia la peste con la pandemia que devastó Europa en el siglo XIV, conocida como la Peste Negra, que eliminó entre un tercio y la mitad de la población europea. Sin embargo, el estudio actual demuestra que la historia de la enfermedad se remonta al menos tres milenios antes de esa crisis.

Las cepas antiguas carecían de los mecanismos que permiten la transmisión por pulgas —como el gen ymt, indispensable para la supervivencia de Yersinia pestis en el tracto digestivo del insecto—. Pese a ello, los investigadores han encontrado pruebas de brotes altamente mortales. Esto sugiere que las primeras formas de la enfermedad se propagaban directamente entre humanos o a través de contacto con animales infectados, quizás mediante fluidos corporales o heridas abiertas.

De acuerdo con los análisis publicados, las diferencias genéticas entre las cepas siberianas y las medievales demuestran una rápida evolución del patógeno. Algunos científicos han propuesto que el salto hacia formas más transmisibles pudo deberse a adaptaciones biológicas derivadas de su convivencia con poblaciones humanas cada vez más densas.

¿Qué revelan los datos arqueológicos y genéticos sobre la sociedad afectada?

Los contextos funerarios asociados a los restos portadores de la bacteria indican una organización comunitaria compleja. Los entierros múltiples, en los que aparecen miembros de una misma familia fallecidos en intervalos muy cortos, sugieren un fuerte impacto demográfico. Las diferencias en los ajuares o en las posiciones corporales podrían reflejar respuestas rituales frente a la enfermedad, lo que constituye una de las primeras evidencias culturales asociadas al manejo del contagio.

El equipo investigador, apoyado por el Proyecto de Arqueología del Baikal, combinó los datos genéticos con análisis de patrones de parentesco. Esto permitió identificar vínculos biológicos entre algunos individuos infectados, fortaleciendo la hipótesis de contagio intrafamiliar. El enfoque multidisciplinario —arqueología, biología molecular y antropología física— proporciona una imagen integral del impacto biosocial de la peste en tiempos prehistóricos.

Reescribir la cronología de los patógenos antiguos

La detección de Yersinia pestis en restos humanos de hace 5.500 años redefine el calendario evolutivo de las enfermedades infecciosas. Hasta hace una década, el consenso científico situaba la aparición del patógeno en torno a los 3.000 años antes del presente. Los avances en secuenciación genómica han extendido esa línea temporal en más de dos milenios.

Este tipo de análisis de ADN antiguo no solo amplía el conocimiento sobre la peste, sino también sobre la dinámica epidemiológica de otras infecciones emergentes. Investigaciones similares están revelando la presencia temprana de tuberculosis, hepatitis B y viruela, lo que sugiere que las enfermedades transmisibles han acompañado al ser humano desde las primeras etapas de su evolución social.

Un fenómeno global antes de la globalización

Las implicaciones de este estudio van más allá de la mera cronología microbiana. Los patrones genéticos recuperados en Siberia podrían vincularse con hallazgos de cepas relacionadas en el Cáucaso y Europa oriental. Esto indica que una red temprana de contactos biológicos y migratorios ya unía distintas regiones del continente euroasiático mucho antes del comercio transcontinental.

En países como Mongolia y Kazajistán, estudios recientes en roedores actuales muestran variantes genéticas de la peste con afinidades a las cepas antiguas detectadas en el Baikal. Esta continuidad sugiere que ciertos reservorios naturales podrían haberse mantenido estables durante milenios, sirviendo como puente entre las formas prehistóricas y las históricas del patógeno.

¿Qué enseñanzas ofrece este hallazgo para comprender enfermedades modernas?

Comprender cómo la peste se adaptó y sobrevivió durante milenios en comunidades pequeñas ofrece información valiosa para el estudio de patógenos emergentes actuales. Los científicos señalan que, igual que en el pasado, las interacciones entre humanos y fauna silvestre siguen siendo un factor clave en la aparición de nuevas enfermedades. En este sentido, el caso de Siberia plantea analogías con recientes brotes zoonóticos observados en el siglo XXI.

El estudio refuerza la importancia de la vigilancia genómica y del monitoreo de patógenos en reservorios naturales. De acuerdo con los autores, reconstruir la historia evolutiva de microbios antiguos puede ayudar a prever adaptaciones futuras y preparar estrategias de respuesta ante potenciales pandemias.

Una nueva geografía de la enfermedad

Hasta hace poco, los mapas históricos de la peste comenzaban en el Mediterráneo o en las rutas comerciales de la Ruta de la Seda. Los nuevos hallazgos desplazan ese punto de origen hacia el noreste asiático, reconfigurando la narrativa sobre su expansión. Este giro geográfico obliga a revisar hipótesis sobre las conexiones biológicas y culturales entre Asia y Europa en los albores de la historia.

Los investigadores proponen ampliar las misiones de búsqueda de ADN antiguo hacia regiones aún inexploradas del Altái, Mongolia y el norte de China. Si las tendencias actuales se confirman, la peste podría haber sido una de las enfermedades zoonóticas más persistentes y globalizadas mucho antes del surgimiento de las civilizaciones urbanas.

Hacia una arqueología molecular de las pandemias

La combinación de genética molecular y arqueología está permitiendo reconstruir eventos epidémicos invisibles en los registros escritos. El uso de ADN antiguo, reforzado por tecnologías de secuenciación masiva y modelos computacionales, representa una herramienta decisiva para rastrear el origen y la dispersión de patógenos históricos.

La investigación sobre la peste en Siberia se inserta en una tendencia científica más amplia: la búsqueda de patrones de coevolución entre humanos y enfermedades. Este enfoque multidisciplinario sugiere que los procesos biológicos y sociales deben analizarse conjuntamente para comprender la larga trayectoria de las crisis sanitarias.

Una mirada hacia el pasado que interpela al futuro

El descubrimiento de que la peste ya afectaba a grupos humanos hace 5.500 años no solo amplía el conocimiento sobre una enfermedad emblemática, sino que también plantea preguntas sobre la resistencia y adaptación humana ante amenazas invisibles. En un contexto contemporáneo marcado por la experiencia de la COVID-19 y otras epidemias emergentes, los resultados del estudio funcionan como recordatorio de que los microorganismos más letales acompañan al ser humano desde sus orígenes. La comprensión de su historia podría ser una de las claves para anticipar la próxima gran crisis sanitaria.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.