Un estudio publicado el 10 de junio de 2026 en el Journal of General Internal Medicine revela que la alfabetización en salud limitada afecta a una proporción significativa de adultos de mediana edad en atención primaria, especialmente entre aquellos con menores ingresos y menor educación, exponiendo una brecha crítica en la gestión de la salud preventiva.
¿Qué entendemos por alfabetización en salud y por qué importa?
El término alfabetización en salud se refiere a la capacidad de una persona para obtener, procesar y comprender la información básica necesaria para tomar decisiones adecuadas respecto a su bienestar. Incluye desde la interpretación de etiquetas de medicamentos hasta la comprensión de diagnósticos y el seguimiento de tratamientos médicos. La alfabetización en salud limitada ocurre cuando estas capacidades son insuficientes o dificultan la autogestión eficaz de la atención sanitaria.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 40 % de los adultos en países de ingresos medios y altos presentan algún grado de dificultad en la comprensión de información médica. En América Latina, las cifras son aún más preocupantes: estudios regionales estiman que alrededor del 55 % de los adultos en contextos urbanos experimentan algún nivel de barrera comunicacional con el sistema sanitario.
La alfabetización deficiente no solo afecta la comunicación entre pacientes y profesionales de la salud, sino también los resultados en la prevención y manejo de enfermedades crónicas. Los individuos con bajo nivel de alfabetización tienden a postergar consultas, incumplir tratamientos y malinterpretar recomendaciones, lo que incrementa los costos de atención y las hospitalizaciones evitables.
El estudio de Northwestern: una radiografía de la mediana edad
El trabajo liderado por Abigail Vogeley, de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern (Chicago), ofrece una nueva perspectiva sobre la alfabetización sanitaria en un segmento demográfico frecuentemente descuidado: los adultos de mediana edad. Publicado el 10 de junio en el Journal of General Internal Medicine, el estudio analizó los datos de 942 pacientes atendidos en centros de atención primaria de Chicago, participantes en un estudio longitudinal sobre envejecimiento cognitivo.
Los resultados demuestran que el 13,2 % de los adultos evaluados presentaba alfabetización en salud limitada, mientras que un 19,3 % tenía habilidades marginales. Estos porcentajes revelan que más de un tercio de los adultos de mediana edad se encuentra, de algún modo, en desventaja para comprender y gestionar su propia salud. Según los investigadores, el problema se asocia a variables estructurales: menor nivel educativo, ingresos más bajos, desempleo y pertenencia a grupos raciales o étnicos minoritarios, particularmente afroamericanos e hispanos.
Los participantes con bajo nivel de alfabetización reportaron además mayor número de enfermedades crónicas y tratamientos farmacológicos, junto con un peor rendimiento en pruebas cognitivas. Tras ajustar por variables demográficas y socioeconómicas, el vínculo entre alfabetización y función física disminuyó, pero se mantuvo significativo en el ámbito de la autogestión sanitaria.
¿Cómo se evalúa la alfabetización en salud?
Existen diversos instrumentos para medir las habilidades de alfabetización en salud, entre ellos el Test of Functional Health Literacy in Adults (TOFHLA) y el Rapid Estimate of Adult Literacy in Medicine (REALM). Estas herramientas evalúan desde la comprensión de textos médicos hasta la capacidad para realizar cálculos numéricos básicos, como el ajuste de dosis según la indicación de un profesional.
En el estudio de Northwestern, los investigadores aplicaron una combinación de pruebas validadas y autoinformes, permitiendo establecer asociaciones entre las habilidades de lectura médica y la autogestión efectiva de enfermedades crónicas como diabetes o hipertensión. “Nuestros hallazgos sugieren que la alfabetización en salud es subóptima incluso en la mediana edad”, declaró Vogeley al presentar los resultados. La especialista destacó que este grupo representa una ventana de oportunidad para intervenciones preventivas antes de que las limitaciones de comprensión se traduzcan en peor calidad de vida en la vejez.
¿Por qué la alfabetización en salud limitada es un factor de riesgo silencioso?
La alfabetización insuficiente no solo refleja desigualdades educativas, sino que actúa como un multiplicador de vulnerabilidad en salud. Estudios previos realizados en EE. UU. y Europa muestran que los pacientes con alfabetización en salud limitada tienen más probabilidades de ser hospitalizados, duplican el riesgo de errores en la medicación y presentan un manejo deficiente de enfermedades como la insuficiencia cardíaca o el asma.
Además, el impacto se extiende al nivel colectivo. Los sistemas de salud enfrentan un aumento de costos debido a consultas repetidas, uso excesivo de urgencias y pobre adherencia a tratamientos preventivos. En contextos donde los recursos humanos y económicos son limitados, como en muchas zonas de América Latina, esta situación agrava la inequidad sanitaria y compromete la implementación de programas de salud pública.
Brechas socioeconómicas y culturales
El estudio de Northwestern coincide con investigaciones en Canadá y el Reino Unido que evidencian una correlación entre nivel educativo, estado socioeconómico y comprensión sanitaria. En países como Argentina, México o Chile, donde el acceso a la información médica puede depender de sistemas fragmentados y lenguajes técnicos, la alfabetización sanitaria también está condicionada por factores culturales y lingüísticos.
Por ejemplo, en comunidades hispanohablantes de Estados Unidos, la barrera idiomática se suma a las dificultades de interpretación de términos médicos especializados, generando desconfianza o evasión del sistema. En estas poblaciones, la figura de los “navegadores de salud” o mediadores culturales ha demostrado ser una estrategia eficaz: profesionales o voluntarios que acompañan al paciente en la comprensión de sus diagnósticos, citas médicas y derechos sanitarios.
Estrategias de intervención y políticas públicas
Frente a este panorama, varios sistemas de salud están implementando programas de educación sanitaria dirigidos a mejorar la alfabetización funcional. En Europa, algunos hospitales han incorporado talleres interactivos y materiales escritos en lenguaje claro —sin jerga técnica— para pacientes con enfermedades crónicas. En América Latina, iniciativas de universidades públicas y ONGs buscan integrar la educación en salud en la educación básica y secundaria, tratando de reducir la brecha antes de la adultez.
La evidencia sugiere que las intervenciones más efectivas combinan tres elementos: simplificación del lenguaje médico, capacitación de los equipos de salud en comunicación empática y uso de tecnologías inclusivas, como aplicaciones móviles con pictogramas o videos explicativos. Estas herramientas, adaptadas al nivel de comprensión del usuario, pueden mejorar la adherencia terapéutica y reducir errores de medicación.
En Chicago, los investigadores de Northwestern proponen desarrollar intervenciones dirigidas a adultos de mediana edad con baja alfabetización, con el objetivo de prevenir complicaciones futuras. La idea es que estos programas incluyan componentes de aprendizaje digital, dado que la alfabetización tecnológica se ha convertido en un requisito adicional en la gestión moderna de la salud.
¿Qué papel juega la tecnología en la alfabetización sanitaria?
Con la expansión de la telemedicina y el acceso digital a registros clínicos, la alfabetización sanitaria se redefine. Los pacientes ya no deben solo comprender instrucciones verbales, sino también navegar portales electrónicos, interpretar resultados de laboratorio y utilizar dispositivos de seguimiento como relojes inteligentes o aplicaciones para monitoreo de glucosa.
Sin embargo, la digitalización no siempre reduce las brechas. De hecho, estudios recientes publicados en The Lancet Digital Health advierten que la falta de habilidades digitales reproduce desigualdades preexistentes. Personas mayores o con bajo nivel educativo pueden sentirse excluidas de los servicios virtuales, lo que exige políticas de acompañamiento tecnológico. En este contexto, los programas de “salud digital accesible” impulsados por hospitales públicos buscan crear soporte personalizado y materiales de instrucción multimedia que permitan al paciente familiarizarse con las plataformas de manera segura.
América Latina y la urgencia de medir el problema
Aunque el estudio de Northwestern se centra en una población urbana de Estados Unidos, los especialistas consultados coinciden en que el fenómeno de alfabetización en salud limitada es extrapolable a otros contextos, incluidos los sistemas latinoamericanos. Hasta ahora, la región carece de un diagnóstico integral comparable a los estándares internacionales. Los pocos datos disponibles surgen de investigaciones aisladas, normalmente centradas en grupos específicos (embarazadas, diabéticos o personas mayores).
Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de 2025 advirtió que más del 60 % de los pacientes no logra explicar adecuadamente las indicaciones médicas después de una consulta, un indicador directo de deficiencia en comprensión clínica. Las consecuencias van más allá de la atención primaria: impactan en la prevención, la adherencia a vacunas y la comunicación durante emergencias sanitarias.
El papel de los profesionales de atención primaria
La alfabetización sanitaria no es únicamente responsabilidad del paciente. Los médicos, enfermeros y trabajadores sociales desempeñan un rol determinante. Estudios demuestran que el uso de técnicas de comunicación clara —como repetir instrucciones, complementar con material visual o pedir al paciente que reformule lo que entendió— mejora significativamente la comprensión y reduce errores en el seguimiento.
El enfoque de “atención centrada en el paciente” impulsado por la OMS enfatiza precisamente este aspecto: la necesidad de adaptación del lenguaje y el contexto al individuo. En hospitales y centros de salud de Estados Unidos, algunos programas piloto incluyen formación en “comunicación empoderadora” para profesionales, con resultados positivos en satisfacción y adherencia terapéutica.
Mirando hacia el futuro: alfabetización en salud como indicador de equidad
A medida que la población envejece y las enfermedades crónicas aumentan, la alfabetización en salud se consolida como un indicador clave de equidad sanitaria. No se trata solo de entender una receta, sino de integrar la información médica en la vida cotidiana, tomar decisiones preventivas y participar activamente en el sistema de salud.
Los resultados obtenidos por el equipo de Northwestern exponen una deuda silenciosa de los sistemas de atención primaria: garantizar que cada paciente comprenda, con independencia de su nivel educativo o cultural, la información necesaria para cuidar de sí mismo. Medir y mejorar la alfabetización sanitaria se convierte así en una estrategia de salud pública tanto como en un imperativo ético.
La alfabetización en salud limitada no es un problema individual, sino estructural. Su abordaje requiere políticas intersectoriales de educación, empleo y comunicación, orientadas a reducir las desigualdades que hoy condicionan la comprensión y la autodeterminación en salud. El desafío consiste en transformar el conocimiento médico en conocimiento público accesible, y en hacerlo antes de que la falta de comprensión se traduzca en pérdida de bienestar colectivo.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.
