Una nueva investigación publicada el 6 de junio de 2026 en la revista Diabetes revela que las infecciones y la diabetes están más estrechamente vinculadas de lo que la mayoría de las guías médicas reconocen. El estudio, que analizó datos de más de 800.000 personas con diabetes o prediabetes, advierte que quienes viven con esta enfermedad enfrentan un riesgo marcadamente superior de infecciones graves tratadas en atención primaria o que requieren hospitalización.
Un hallazgo que replantea la atención de la diabetes
Los resultados del estudio, liderado por la epidemióloga Julia Critchley de la City St George’s, Universidad de Londres, ponen el foco en un factor de riesgo hasta ahora poco visibilizado. Según los investigadores, las infecciones son responsables de un número considerable de hospitalizaciones y muertes entre las personas con diabetes tipo 1 y tipo 2, y deberían ocupar un lugar central en las estrategias de manejo de la enfermedad.
En las conclusiones del trabajo, las infecciones aparecen como la tercera causa subyacente de muerte entre pacientes con diabetes tipo 2, solo detrás de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. La investigación también confirma que la neumonía, la sepsis y otras enfermedades respiratorias inferiores representan las infecciones más frecuentes y letales en este grupo poblacional.
El análisis, que cotejó los registros de salud de más de 1,8 millones de adultos británicos, profundiza en un vínculo que la evidencia previa ya sugería, pero que ahora se refuerza con cifras de gran escala. Los investigadores hallaron que las personas con diabetes tipo 1 tienen un 81% más de riesgo de contraer una infección tratada por un médico y más del triple de probabilidades de ser hospitalizadas por este motivo, en comparación con individuos sin diabetes.
¿Qué explica la mayor vulnerabilidad del sistema inmunitario?
El estudio destaca que los niveles elevados y fluctuantes de glucosa en sangre deterioran varios mecanismos inmunológicos, lo que explica parte de la vulnerabilidad frente a patógenos bacterianos, virales y fúngicos. La hiperglucemia sostenida limita la función de neutrófilos y macrófagos, células esenciales para la respuesta inmunitaria, y dificulta la cicatrización de heridas, creando un terreno fértil para las infecciones.
A ello se suma el impacto de las complicaciones vasculares y neurológicas asociadas con la diabetes. Las alteraciones en la circulación periférica reducen el flujo sanguíneo hacia los tejidos, mientras que el daño a los nervios sensoriales puede retrasar la identificación temprana de infecciones cutáneas o de extremidades inferiores.
En un contexto global donde la prevalencia de diabetes se ha duplicado desde el año 2000 —alcanzando a más de 530 millones de adultos según la Federación Internacional de Diabetes (IDF)—, comprender los factores que amplifican los riesgos asociados a la enfermedad es una prioridad sanitaria. La advertencia de Critchley se orienta precisamente en esa dirección: “Ignorar el riesgo infeccioso sería un error de salud pública con consecuencias predecibles”.
¿Por qué las infecciones y la diabetes quedaron fuera de las guías clínicas?
Durante décadas, las guías de tratamiento de la diabetes han priorizado la prevención de los grandes daños orgánicos —cardiopatías, nefropatías y retinopatías—, relegando a un segundo plano las infecciones. Expertos británicos y europeos reconocen que esta omisión responde, en parte, a una fragmentación en la atención: los equipos endocrinológicos se centran en el control metabólico, mientras que los servicios de medicina general y enfermedades infecciosas asumen el manejo de los cuadros agudos.
La falta de protocolos integrados provoca que muchas de las advertencias pasen inadvertidas. Por ejemplo, la sepsis —una infección generalizada con alta mortalidad— aparece con mayor frecuencia en pacientes diabéticos hospitalizados, pero rara vez se enlaza al manejo preventivo de la glucemia o al ajuste de tratamientos con insulina.
En 2024, la Sociedad Europea de Diabetes había propuesto incorporar esquemas de vacunación específicos dentro del plan de cuidados, pero la medida no avanzó de modo uniforme. El nuevo estudio refuerza la urgencia de revisar esas omisiones, subrayando que la prevención y el diagnóstico temprano de infecciones pueden reducir ingresos hospitalarios y muertes evitables.
Un patrón global con desafíos locales
Si bien el análisis se centró en población del Reino Unido, los resultados se alinean con tendencias globales. Un estudio canadiense reciente halló que las personas con diabetes tipo 2 tienen 1,5 veces más riesgo de infección respiratoria que la población general, y los registros hospitalarios de Estados Unidos confirman una incidencia creciente de infecciones asociadas a pie diabético y sepsis.
En América Latina, donde la tasa de diagnóstico tardío sigue siendo alta, el problema adquiere matices particulares. Los sistemas de salud fragmentados y la limitada cobertura de antibióticos de amplio espectro complican el tratamiento oportuno. A esto se agregan factores sociales: condiciones de vivienda y dificultades para mantener un seguimiento médico regular agravan los cuadros infecciosos y aumentan la mortalidad.
La Organización Panamericana de la Salud alertó en 2025 que las infecciones respiratorias en personas con diabetes aumentaron un 30% en la década anterior, en gran parte impulsadas por el envejecimiento poblacional y la creciente prevalencia de obesidad.
Cómo puede reducirse el riesgo infeccioso en pacientes con diabetes
Los especialistas coinciden en que combatir el vínculo entre infecciones y diabetes requiere un enfoque de prevención múltiple. La estrategia comienza con un control glucémico estable, pero incluye acciones complementarias: vacunación anual contra la influenza, inmunización antineumocócica y refuerzos de tétanos y hepatitis B. También implica la revisión periódica de pies y encías, sitios frecuentes de entrada de patógenos.
El estudio de Critchley enfatiza la importancia de capacitar a profesionales de atención primaria para reconocer signos tempranos de infección en pacientes diabéticos, especialmente en regiones donde el acceso a especialistas es limitado. En paralelo, sugiere incorporar indicadores de riesgo infeccioso en los historiales electrónicos de salud.
La intervención temprana mejora los resultados clínicos y reduce los costos. Un informe de 2023 del National Health Service británico calculó que el tratamiento de infecciones graves vinculadas a diabetes consume cerca del 10% del gasto hospitalario anual en este grupo de pacientes, cifra que podría descender con medidas preventivas activas.
¿Qué papel juega la vigilancia epidemiológica?
El avance de herramientas digitales de salud pública abre nuevas posibilidades para el monitoreo de infecciones en esta población. Plataformas de registro automatizado permiten seguir en tiempo real los brotes hospitalarios y comunitarios, integrando datos clínicos con variables metabólicas. Este enfoque, conocido como vigilancia sindrómica digital, está siendo implementado en hospitales de Londres, Toronto y São Paulo.
Los epidemiólogos sostienen que el uso de algoritmos predictivos podría anticipar los picos estacionales de infecciones entre las personas con diabetes, facilitando campañas focalizadas de vacunación y educación sanitaria. Sin embargo, advierten que el éxito depende de la interoperabilidad de los sistemas y del cumplimiento de estándares éticos en la gestión de datos personales.
Lecciones de la pandemia y del futuro cercano
La pandemia de COVID-19 actuó como catalizador para entender la interacción entre enfermedades metabólicas e infecciones virales. Pacientes con diabetes presentaron tasas significativamente mayores de hospitalización y mortalidad por SARS-CoV-2. Estos hallazgos impulsaron estudios de inmunometabolismo que hoy aportan nuevas hipótesis sobre la relación entre glucosa, inflamación y susceptibilidad a patógenos.
La investigación británica de 2026 prolonga esa línea de análisis, apuntando que incluso las personas con prediabetes, es decir, con niveles de glucosa elevados pero aún no diagnósticos, muestran un 35% más de riesgo de infecciones tratadas en atención primaria y un 33% mayor de hospitalización por causas infecciosas. Este dato sugiere que el deterioro inmunológico puede iniciarse antes del diagnóstico formal de diabetes.
Los expertos plantean que la combinación de intervenciones de estilo de vida, monitoreo metabólico digital y refuerzo de vacunación debería convertirse en un componente obligatorio de las políticas de salud pública global. El desafío, reconocen, será implementarlo en sistemas sobrecargados y con recursos desiguales.
Una oportunidad para redefinir las prioridades clínicas
El nuevo consenso emergente entre epidemiólogos y endocrinólogos apunta a incluir la evaluación infecciosa dentro de los exámenes de rutina para las personas con diabetes, de modo similar a cómo hoy se controlan la función renal o la presión arterial. Varios proyectos en curso exploran modelos de atención integrada en los que equipos multidisciplinarios gestionan conjuntamente el metabolismo, la inmunidad y la nutrición.
Como señala Critchley, “no se trata solo de tratar el azúcar alta, sino de entender las consecuencias sistémicas que esta provoca”. Su mensaje, respaldado por datos robustos, busca reorientar la conversación internacional sobre la atención a la diabetes hacia un paradigma más amplio, que incluya el riesgo infeccioso como componente estructural.
En la década que comienza, el crecimiento sostenido de la prevalencia global y el envejecimiento demográfico plantean un escenario crítico. Ante ello, la incorporación de alertas tempranas y programas de vacunación específicos puede marcar una diferencia tangible en la supervivencia y la calidad de vida de millones de personas que conviven con la enfermedad.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.
