En mayo de 2026, el debate sobre la licencia para atender parto se intensifica en Estados Unidos. En Georgia, donde ejercer como comadrona sin título de enfermería sigue siendo ilegal, varias parteras enfrentan sanciones por ofrecer partos en casa sin autorización. El aumento de estos partos y la falta de profesionales en salud materna han convertido el tema en un conflicto entre legislación, seguridad médica y libertad de elección.
Un aumento que desafía las normas
En los últimos cinco años, los partos en casa aumentaron un 42% a nivel nacional, según el Centro Nacional de Estadísticas de Salud, y hasta un 72% en Georgia. Este crecimiento revela una tensión persistente: muchas mujeres prefieren dar a luz en sus hogares mientras el sistema médico y legal no termina de adaptar sus regulaciones. La licencia para atender parto se ha convertido en símbolo de ese conflicto.
Actualmente, 36 estados y Washington D.C. permiten licencias para comadronas profesionales certificadas. Sin embargo, siete estados —entre ellos Georgia, Carolina del Norte y Nueva York— mantienen restricciones que limitan o castigan la práctica fuera de la enfermería. En algunos, asistir un parto domiciliario sin permiso constituye incluso un delito.
Missi Burgess, presidenta del capítulo georgiano de la Asociación Nacional de Comadronas Profesionales Certificadas (NACPM), resume la paradoja: “La gente seguirá teniendo bebés en casa, y merece proveedores formados”. La regulación, afirman los defensores, sería la vía más directa para reducir riesgos tanto médicos como legales.
¿Por qué algunas parteras operan fuera de la ley?
El costo de formación y las barreras institucionales explican parte del fenómeno. Las comadronas profesionales certificadas obtienen su acreditación a través de programas y prácticas que no requieren un título de enfermería, lo que las hace más accesibles para quienes desean integrarse en la atención materna comunitaria. Pero en estados restrictivos, esa ruta profesional es ilegal.
Las visitas a domicilio y la continuidad asistencial son los pilares de su trabajo: atención prenatal, acompañamiento durante el parto y revisiones posparto personalizadas. Este modelo ha demostrado ofrecer experiencias más satisfactorias para madres y familias. Sin embargo, la falta de una licencia reconocida expone a las parteras a denuncias y órdenes de cese sin diferenciar entre práctica negligente y atención profesional legítima.
En Georgia, la situación ha derivado incluso en litigios. En abril de 2026, tres parteras presentaron una demanda contra el estado alegando que las normas actuales violan el derecho constitucional al trabajo y a la elección informada. El caso podría generar un precedente para otros territorios con legislaciones similares.
¿Qué papel juega la seguridad en el debate?
El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos sostiene que, según los estudios disponibles, los partos planificados en casa presentan mayores riesgos para los bebés —una mortalidad doble comparada con la de los partos hospitalarios—, aunque reconoce limitaciones metodológicas. La evidencia, enfatizan las comadronas, depende del contexto: la formación del profesional, la selección de casos y la posibilidad de transferencia oportuna al hospital.
En países con sistemas integrados de atención, como Reino Unido o Canadá, los partos domiciliarios asistidos por comadronas registradas muestran resultados equivalentes a los hospitalarios en embarazos de bajo riesgo. La diferencia principal radica en la colaboración entre niveles asistenciales y en la obligatoriedad de registro y cobertura de seguros.
El informe de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina (2020) replicó esa conclusión: la seguridad mejora cuando las comadronas forman parte del sistema sanitario y operan bajo estándares establecidos. Washington es ejemplo de integración: allí las tasas de mortalidad infantil son menores que la media nacional, a pesar de contar con una proporción de partos en casa superior al promedio.
Escasez de atención y desiertos maternos
El problema subyacente va más allá de la regulación. La organización March of Dimes reveló en 2024 que el 35% de los condados estadounidenses no dispone de un centro de parto ni de un proveedor de obstetricia. En Georgia, la tasa de mortalidad materna se encuentra entre las más altas del país. Esta carencia se agrava en zonas rurales donde el cierre de hospitales y las restricciones post-Roe v. Wade sobre el aborto redujeron la plantilla de obstetras.
Desde 2022, varios estados registraron una reducción drástica de profesionales en salud reproductiva. Idaho, por ejemplo, perdió un tercio de sus ginecólogos dos años después de aprobar su prohibición de aborto. El resultado ha sido un sistema fragmentado donde las mujeres enfrentan mayores distancias y costos para acceder a un parto hospitalario.
Ante ese panorama, la licencia para atender parto se percibe como una medida de urgencia para ampliar la red de asistencia materna mediante profesionales comunitarios capacitados. “Licenciar no eliminará la escasez, pero es un primer paso necesario”, indicó la investigadora Saraswathi Vedam, de la Universidad de Columbia Británica, al analizar los datos federales de 2025.
Los argumentos de los hospitales
Las asociaciones hospitalarias defienden la necesidad de mantener controles estrictos. En Georgia, la portavoz del gremio, Anna Adams, señaló que un 11% de los partos domiciliarios planificados requieren transferencia a hospital, muchas veces sin información previa sobre el historial médico de la paciente. Proponen, por ello, sistemas de registro obligatorio y acuerdos de cooperación para mejorar la transición.
Aunque las comadronas apoyan esos protocolos, rechazan la supervisión médica directa que limitaría su autonomía. Su propuesta de licencia incluye capacidad para administrar medicamentos esenciales y cobertura por seguros privados o Medicaid, sin exigencia de un médico supervisor. El desacuerdo sobre estos puntos detuvo el avance legislativo en 2025.
Dimensión social y racial del fenómeno
El renacimiento del parto en casa también refleja desigualdades en la atención médica institucional. Datos de los CDC indican que, entre 2019 y 2024, los partos domiciliarios entre mujeres negras aumentaron un 42%. Sin embargo, las mujeres negras siguen teniendo tres veces más probabilidades de morir durante o después del parto que las blancas. Las tasas de maltrato o falta de escucha en entornos hospitalarios alimentan una búsqueda de alternativas personalizadas.
Jamarah Amani, cofundadora de la National Black Midwives Alliance, afirmó que las limitaciones legales violan el derecho de las mujeres a decidir cómo y con quién dar a luz. “El sistema ha fallado a la población negra”, declaró Tina Braimah, una enfermera-comadrona afroamericana que posteriormente abrió un centro de parto comunitario en Carolina del Norte. Estas voces impulsan una dimensión de justicia reproductiva dentro del debate sobre la licencia.
¿Cómo se regulan las comadronas en otros países?
En Europa, la figura de la partera profesional está plenamente integrada al sistema sanitario. En Reino Unido, las midwives tienen formación universitaria y trabajan tanto en hospitales como en atención comunitaria. La condición de registro nacional permite que las pacientes se trasladen entre niveles de atención sin perder seguimiento. En los Países Bajos, unos dos de cada cinco partos ocurren fuera del hospital con supervisión regulada.
En América Latina, los marcos normativos varían: México avanzó desde 2020 en la certificación técnica de parteras, mientras que países como Argentina o Chile incorporan modelos mixtos que combinan profesionales de enfermería y matronería. Estas experiencias internacionales sirven de referencia para los estados estadounidenses que buscan diseñar su propio marco de licencias.
Cambios culturales y percepción pública
Más allá de la legalidad, la confianza social hacia el parto en casa y las comadronas se encuentra en una fase de transformación. Historias mediáticas de negligencia han generado alarma, pero también mayor demanda de transparencia. La digitalización ha contribuido: redes de apoyo online y plataformas de reseñas permiten a las familias informarse, seleccionar parteras certificadas y compartir experiencias.
La generación millennial y la posterior generación Z, orientadas hacia decisiones informadas y personalización de la salud, han impulsado la búsqueda de alternativas naturales. Sin embargo, estudios académicos subrayan que la seguridad no depende del escenario —hogar o clínica— sino de los protocolos y la capacitación del proveedor.
Reformas legislativas y perspectivas a corto plazo
Durante 2025, al menos siete legislaturas estatales debatieron proyectos de ley de licencia para atender parto. Ninguna medida fue aprobada, pero las coaliciones de comadronas planean reintroducirlas en 2027. En paralelo, el Departamento de Salud y Servicios Humanos mantiene reuniones con representantes del sector para explorar opciones de protección legal federal.
Si el Congreso no interviene, la disparidad regulatoria continuará ampliándose. En estados permisivos, los seguros cubren parte de los servicios y las tasas de parto domiciliario crecen con entorno regulado; en los restrictivos, muchas comadronas migran a estados vecinos o actúan en la clandestinidad. Este desplazamiento afecta especialmente a mujeres en áreas rurales y de bajos ingresos que quedan sin atención a corto plazo.
Hacia un modelo de integración
Los expertos en salud materna coinciden en que la solución más sostenible pasa por integrar a las comadronas certificadas en los sistemas estatales de salud. La colaboración formalizada con hospitales, la creación de registros de partos planificados y la cobertura de seguros permitirían reducir los riesgos mientras se amplía el acceso.
La experiencia de Washington o de varios países europeos muestra que los partos fuera del hospital pueden coexistir con altos estándares de seguridad siempre que existan canales de derivación rápida y formación continua obligatoria. Este modelo, según el Birthplace Lab, no solo mejora la seguridad, sino que aumenta la satisfacción de las pacientes y reduce costos al sistema público.
Una encuesta de los CDC en 2023 reveló que una de cada cinco mujeres reportó maltrato durante la atención maternal hospitalaria. Cuando las comadronas participan, ese porcentaje cae significativamente. Investigadoras del Journal of Midwifery & Women’s Health señalan que la comunicación constante y el acompañamiento emocional son factores críticos para disminuir complicaciones posparto.
Un futuro en disputa
El caso de Georgia se ha convertido en un laboratorio político nacional. Si la demanda judicial prospera, podría obligar a modificar las leyes estatales y marcar un cambio de paradigma en la regulación de la atención materna fuera del hospital. Mientras tanto, las cifras indican que la demanda de partos domiciliarios continúa en aumento y que las madres que optan por ellos lo hacen por razones de autonomía, experiencia previa o falta de acceso a hospitales.
El desafío para los próximos años será equilibrar el derecho de elección con la responsabilidad de garantizar estándares clínicos equivalentes en todos los entornos. La licencia para atender parto dejó de ser solo un tema técnico: es ahora un eje del debate sobre cómo Estados Unidos redefine la salud materna en un tiempo de carencias estructurales y transformaciones culturales.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.
