La Plaga de Justiniano, una de las pandemias más antiguas registradas, dejó su huella más tangible en Jerash, Jordania. Allí, un equipo interdisciplinario de la Universidad del Sur de Florida ha identificado la primera fosa común confirmada de víctimas del brote, datado entre los años 541 y 750 d.C. Los hallazgos, publicados en el *Journal of Archaeological Science*, ofrecen una nueva comprensión sobre el impacto social y humano de aquella crisis que transformó el Imperio Bizantino.
Un hallazgo sin precedentes en la arqueología del Mediterráneo
La Plaga de Justiniano, mencionada por cronistas bizantinos como Procopio de Cesarea, se extendió desde Egipto hasta Asia Menor y Europa, provocando millones de muertes. Durante siglos, los registros históricos carecieron de una evidencia física contundente que confirmara su magnitud. El sitio arqueológico de Jerash, ubicado al norte de Jordania, ha convertido ese vacío en un testimonio tangible. Los investigadores encontraron una masa de cuerpos dispuestos apresuradamente sobre restos de cerámica, lo que indica un entierro colectivo producto de una catástrofe sanitaria.
El equipo, dirigido por el profesor asociado Rays H. Y. Jiang, trabaja en colaboración con departamentos de arqueología, medicina molecular e historia de la Universidad del Sur de Florida, además de especialistas de la Universidad de Sídney y de la Universidad Atlántica de Florida. El proyecto busca responder a preguntas que van más allá de la biología del patógeno Yersinia pestis: pretende reconstruir las vidas, las condiciones de vivienda y las respuestas sociales de las personas afectadas.
La confirmación genética de la bacteria en los restos humanos marcó un antes y un después. Por primera vez, se dispone de pruebas directas de una fosa común originada por la Plaga de Justiniano. Esta constatación cierra un debate académico de décadas sobre si los textos históricos eran exageraciones o descripciones precisas de una crisis generalizada.
¿Qué revela Jerash sobre la Plaga de Justiniano?
El análisis bioarqueológico permite reconstruir el contexto de la pandemia con mayor precisión. Según Jiang, la disposición de los cuerpos muestra una respuesta de emergencia: no hubo ritos funerarios elaborados ni separación por edad o estatus social. Todo apunta a un evento rápido, con centenares de fallecidos en cuestión de días. Estas características coinciden con los relatos del siglo VI, que mencionaban ciudades vaciadas y sistemas de salud colapsados.
Los investigadores estiman que la Plaga de Justiniano causó entre 30 y 50 millones de muertes en un imperio que en su apogeo contaba con unos 80 millones de habitantes. Su epicentro inicial parece haber sido Egipto, desde donde se expandió por las rutas comerciales del Mediterráneo. Jerash, ciudad próspera del Decápolis y bien conectada con puertos del Levante, habría sido particularmente vulnerable por su densidad poblacional y su contacto continuo con territorios externos.
Los datos genéticos recuperados en el estudio vinculan las cepas halladas en Jerash con otras detectadas en restos europeos, lo que confirma la amplitud de las rutas de propagación. Este enfoque genómico también permitió concluir que las poblaciones afectadas eran móviles: la mezcla biológica de los individuos enterrados sugiere orígenes diversos dentro del mismo valle. La movilidad, que normalmente enriquecía la vida urbana, se transformó en un vector de transmisión.
Movilidad y redes urbanas: cómo los desplazamientos aceleraron la crisis
Históricamente, la expansión de las pandemias ha estado vinculada a los movimientos humanos. En tiempos bizantinos, las caravanas y las rutas marítimas eran vitales para el comercio de cereales, vino y aceite. Esa misma red facilitó la dispersión del contagio. En Jerash, las evidencias arqueológicas señalan que la población enterrada pertenecía a un grupo que se desplazaba habitualmente entre diferentes asentamientos de la región. Durante el auge del brote, esos vínculos se transformaron en canales de riesgo.
Los investigadores comparan este patrón con las dinámicas de propagación observadas en pandemias contemporáneas, como la de 2020. En ambos casos, las densas concentraciones urbanas y la interconexión regional determinaron la rapidez de expansión. Sin embargo, a diferencia de las respuestas modernas, la sociedad bizantina carecía de infraestructura sanitaria organizada. Los registros del patriarca Juan de Éfeso describen ciudades abandonadas y cadáveres sin enterrar, un cuadro coincidente con la evidencia de Jerash.
La plaga también tuvo repercusiones económicas y políticas. Al diezmar la población trabajadora, redujo la producción agrícola y forzó al Imperio a reclutar nuevas fuerzas en sus fronteras. Algunos historiadores sostienen que este debilitamiento antecedió los avances árabes del siglo VII, desplazando gradualmente el control bizantino en la región.
¿Cómo se interpreta este descubrimiento en el contexto de la historia de las pandemias?
El hallazgo en Jerash permite contextualizar la Plaga de Justiniano dentro de una secuencia más amplia de crisis epidemiológicas. De acuerdo con analistas de salud global, se trató del primer brote documentado del Yersinia pestis, bacteria que siglos más tarde causaría la Peste Negra del siglo XIV. En ese sentido, Jerash ofrece un laboratorio temporal que ilustra los orígenes evolutivos y sociales de las pandemias medievales.
Más allá del agente patógeno, el equipo interdisciplinario que trabaja sobre el sitio destaca el valor humano del hallazgo. En palabras de Jiang, “las pandemias no pueden entenderse solo como fenómenos biológicos, sino como procesos sociales que revelan vulnerabilidades estructurales”. Este enfoque, compartido por arqueólogos y genetistas, vincula el pasado remoto con las preocupaciones actuales sobre desigualdad, urbanización y resiliencia comunitaria.
Dentro del marco académico, la publicación ha generado un renovado interés por los modelos de respuesta social ante epidemias antiguas. Investigaciones paralelas en Asia Menor y África del Norte buscan confirmar si existen más sitios comparables. La integración de análisis de ADN antiguo con datos isotópicos está permitiendo rastrear movimientos migratorios específicos, mostrando cómo las pandemias también delinearon los mapas genéticos de las poblaciones.
Impacto contemporáneo del estudio y nuevas líneas de investigación
La Plaga de Justiniano continúa ofreciendo lecciones pertinentes para el siglo XXI. Los investigadores enfatizan la utilidad del trabajo interdisciplinario como modelo de estudio ante futuras emergencias de salud pública. En el caso de Jerash, el enfoque multifacético –que combina arqueología de campo, análisis genético y evaluación histórica– permitió comprender los factores humanos que amplifican la vulnerabilidad social.
Entre las implicaciones más notables, destaca el modo en que los patrones de movilidad y densidad urbana incrementan el riesgo de contagio. En la actualidad, la rápida urbanización global expone desafíos similares, aunque con tecnologías sanitarias avanzadas. El estudio sugiere que los sistemas de vigilancia epidemiológica deben considerar no solo el seguimiento de patógenos, sino también las redes sociales y económicas que determinan quiénes resultan más afectados.
Además, el hallazgo refuerza la importancia de las políticas de salud pública en regiones en desarrollo donde los patrones urbanos replican las condiciones de alta densidad observadas en las antiguas ciudades bizantinas. Según Jiang, “las pandemias son espejos que devuelven una imagen de las estructuras sociales”. Este principio se mantiene vigente, tanto en el siglo VI como en el XXI.
¿Por qué es relevante Jerash para la historia global?
Jerash no es solo una excavación más dentro del extenso territorio bizantino. Representa un punto de convergencia entre ciencia moderna y memoria histórica. La confirmación de una fosa de víctimas de la Plaga de Justiniano convierte el sitio en una cápsula del tiempo que conecta el presente con los traumas colectivos del pasado. Su relevancia trasciende la arqueología: ofrece una herramienta de interpretación sobre los mecanismos que permiten o impiden la respuesta ante una pandemia.
En términos más amplios, el caso de Jerash demuestra que los patrones de respuesta social frente a la enfermedad no son solo resultado de la biología, sino del entramado cultural. Las excavaciones futuras podrían revelar cómo comunidades vecinas reaccionaron de manera distinta, y si los factores religiosos o económicos alteraron las tasas de mortalidad. Esta apertura de preguntas es lo que consolida al sitio jordano como referencia fundamental para la historia de la salud humana.
El estudio, respaldado por análisis rigurosos y evidencia genética, reconfigura la narrativa de la Antigüedad tardía. Muestra que las pandemias son, en última instancia, fenómenos que combinan movilidad, urbanización y vulnerabilidad estructural. Y que, aun después de quince siglos, la experiencia de Jerash sigue ofreciendo lecciones sobre la interacción entre biología y sociedad.
Una lección del pasado proyectada hacia el futuro
Los investigadores prevén continuar con excavaciones complementarias y estudios isotópicos que permitan determinar la alimentación y procedencia de los individuos enterrados. Cada nuevo dato ayuda a reconstruir la vida cotidiana de los habitantes de Jerash antes del colapso. A medida que la ciencia avanza, estas historias silenciosas emergen con mayor nitidez, proporcionando claves sobre cómo las sociedades pueden reinventarse tras una catástrofe sanitaria.
La fosa común hallada en Jordania es mucho más que un vestigio arqueológico: funciona como recordatorio de que las pandemias, desde la Plaga de Justiniano hasta las contemporáneas, ponen a prueba la capacidad colectiva de adaptación. Jerash se erige así como un espejo donde el pasado y el presente dialogan, revelando la fragilidad y la interdependencia que caracterizan la experiencia humana cuando enfrenta la propagación de la enfermedad.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.

