Cerrar los ojos para escuchar mejor ha sido una práctica común entre músicos, estudiantes y profesionales del sonido. Sin embargo, una nueva investigación publicada en el Journal of the Acoustical Society of America revela que esta estrategia podría ser contraproducente en ambientes con ruido. El trabajo, liderado por científicos de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, analizó cómo el cierre ocular altera la forma en que el cerebro filtra la información auditiva, con resultados sorprendentes.
La tradición de cerrar los ojos para oír mejor
La idea de cerrar los ojos para escuchar mejor tiene raíces tanto en la cultura popular como en prácticas profesionales. Músicos, intérpretes y técnicos de sonido suelen asociar el cierre ocular con una mayor concentración y sensibilidad acústica. Este comportamiento es tan extendido que aparece de forma instintiva: desde la infancia, muchas personas cierran los ojos para identificar un sonido o recordar una voz.
Históricamente, la psicología experimental ya había documentado este fenómeno. En la década de 1960, investigaciones del Laboratorio de Percepción en Harvard concluyeron que cerrar los ojos reducía la distracción visual, permitiendo al cerebro centrarse en estímulos auditivos. Sin embargo, aquellas pruebas se realizaban en entornos controlados, libres de ruido ambiental. La pregunta abierta durante más de medio siglo ha sido si esta estrategia funciona igual en condiciones realistas, saturadas de sonido.
El experimento que desafía el supuesto
Para responder a esta incógnita, un equipo encabezado por Yu Huang en la Universidad Jiao Tong de Shanghái realizó un experimento con más de cuarenta participantes jóvenes. Los voluntarios escucharon una serie de sonidos a través de auriculares mientras de fondo se reproducían ruidos de distintos niveles e intensidades, que simulaban el ambiente urbano promedio de una gran ciudad. La tarea consistía en ajustar el volumen hasta hacer apenas audible cada muestra.
Los investigadores alternaron cuatro condiciones visuales: con los ojos cerrados, con los ojos abiertos mirando una pantalla en blanco, observando una imagen fija relacionada con el sonido y mirando un video sincronizado con el estímulo auditivo (por ejemplo, un instrumento siendo tocado mientras se escuchaba su sonido). Esta secuencia permitió aislar el efecto de la presencia visual, así como de la coherencia audiovisual.
Los resultados, publicados a inicios de 2026, fueron contrarios a la creencia general: cerrar los ojos disminuyó la capacidad de detectar sonidos en ambientes ruidosos. La inclusión de un estímulo visual relevante (imagen o video) mejoró de forma significativa el rendimiento auditivo. “Descubrimos que, lejos de ayudar, cerrar los ojos interfiere con la percepción cuando el entorno es acústicamente complejo”, expresó Huang en comunicación institucional.
¿Qué sucede en el cerebro al cerrar los ojos?
El equipo midió la actividad cerebral mediante electroencefalografía (EEG). Esta técnica detecta la actividad eléctrica en distintas zonas del cerebro, revelando su estado dinámico. Cuando los participantes cerraban los ojos, los investigadores observaron un aumento de las oscilaciones alfa, ondas cerebrales asociadas con un estado de reposo sensorial o de introspección. Este patrón sugiere que el cerebro entra en un modo de filtrado más intenso.
Huang describió este fenómeno como un exceso de filtrado: “El cierre ocular incrementa la selectividad neuronal para eliminar distracciones, pero este proceso no distingue entre ruido y señal, de modo que también reduce los sonidos que intentamos percibir”. Esta sobrecarga de control interno impide que el sistema auditivo sincronice con el entorno físico. En cambio, la presencia de información visual congruente, como un video, ayuda al cerebro a anclar los estímulos, facilitando la identificación del sonido relevante.
Diversos estudios anteriores ya habían mostrado que la integración multisensorial—la combinación de visión y audición—fortalece la percepción, especialmente cuando las señales son coherentes en tiempo y espacio. De hecho, en 2018 un grupo de neurocientíficos franceses reportó que el reconocimiento de palabras en ambientes ruidosos mejora hasta un 15 % cuando se observa el movimiento de labios del interlocutor.
¿Por qué se creyó durante tanto tiempo en esta estrategia?
La persistencia del mito puede atribuirse a contextos de bajo ruido. En espacios silenciosos o controlados, cerrar los ojos sí puede ofrecer ventajas. Al eliminar estímulos visuales, el cerebro redistribuye recursos atencionales, aumentando la sensibilidad auditiva de corto plazo. Por eso, en músicos profesionales o audiólogos entrenados, este gesto puede favorecer la discriminación de matices tonales o de frecuencias puras.
Sin embargo, las condiciones del mundo real—calles, oficinas, medios de transporte—distan mucho del laboratorio. En esos entornos, el problema no es la falta de concentración, sino el exceso de competencia sonora. Allí, el cerebro necesita todas las referencias posibles, incluidas las visuales, para separar la señal útil del ruido.
En ese sentido, cerrar los ojos para escuchar mejor podría ser eficaz en una sala anecoica, pero contraproducente en un restaurante o en una conversación grupal. Esta distinción es clave para aplicaciones prácticas en entornos laborales, educativos y clínicos.
El papel del contexto y la atención auditiva
El nuevo estudio señala que no existe una relación directa y universal entre el cierre ocular y la mejora auditiva. La variable determinante es el contexto atencional. En situaciones muy competitivas, como el tráfico o un aula con reverberación alta, la vista contribuye a la localización y a la coherencia sensorial. “La atención auditiva no funciona de manera aislada —explica Huang—. Se apoya en la vista para interpretar la fuente sonora y predecir su trayectoria”.
En pruebas complementarias, los investigadores observaron que incluso una pista visual mínima, como una imagen fija del objeto sonoro, ofrecía mejor rendimiento que mantener los ojos cerrados. Esto sugiere que la simple apertura ocular podría activar mecanismos de orientación espacial que optimizan la interpretación del sonido.
¿Cuándo cerrar los ojos sí ayuda?
La investigación identificó escenarios en los que cerrar los ojos para escuchar mejor sigue siendo funcional. En entornos de muy baja interferencia externa, la supresión visual potencia la memoria auditiva de corto plazo. Por ejemplo, un estudiante de música que deba afinar un instrumento en una habitación silenciosa puede beneficiarse de concentrarse con los ojos cerrados. También en contextos clínicos, como pruebas audiométricas, el aislamiento visual contribuye a estandarizar la respuesta.
Sin embargo, estos casos son excepciones ante el predominio de ruidos cotidianos. La Organización Mundial de la Salud estima que más del 60 % de la población urbana está expuesta a niveles de ruido superiores a los 55 decibelios, límite a partir del cual comienza a afectarse la comprensión del habla. En semejantes condiciones, mantener la conexión visual con el entorno se vuelve clave para procesar el lenguaje y para evitar errores perceptivos.
Cómo podría influir este hallazgo en la vida diaria y la tecnología
Los resultados del estudio tienen implicaciones prácticas en diversos campos. En educación, pueden ayudar a diseñar estrategias para estudiantes con trastornos de atención o dificultades auditivas, enseñándoles a integrar las señales visuales como apoyo. En el sector industrial, la comprensión de la relación entre ojos y oídos podría transformar el diseño de sistemas de alerta multimodales. Los nuevos desarrollos en realidad aumentada, por ejemplo, se basan precisamente en estas interacciones sensoriales.
En el ámbito clínico, comprender que cerrar los ojos no siempre mejora la percepción sonora podría modificar protocolos audiológicos que durante décadas indicaron esa práctica a los pacientes. También puede influir en la rehabilitación auditiva y en el entrenamiento con implantes cocleares, donde mantener referencias visuales del entorno puede ser decisivo.
Qué falta por investigar sobre la interacción entre visión y audición
El equipo de la Universidad Jiao Tong planea ampliar la investigación. Entre las próximas preguntas figura si la mejora perceptiva se debe únicamente a tener los ojos abiertos o a la presencia de un estímulo visual coherente con el sonido. Huang adelantó una próxima fase experimental donde se utilizarán pares incongruentes: se oirá un sonido mientras se muestra una imagen no relacionada. El objetivo es determinar si la ventaja proviene de la sincronía multisensorial o del simple refuerzo visual.
Esta distinción es central para entender cómo el cerebro gestiona la atención dividida. Si basta con tener los ojos abiertos, el efecto se atribuiría a una activación general del sistema perceptivo. Pero si se necesita congruencia entre vista y oído, se confirmaría el papel de la llamada integración multisensorial, mecanismo por el cual distintas modalidades se combinan para generar una representación unificada de la realidad.
Un cambio de paradigma en la neurociencia perceptiva
El hallazgo agrega una pieza relevante al debate sobre cómo las modalidades sensoriales interactúan. Desde finales del siglo XX, la neurociencia ha abandonado la idea de que los sentidos trabajan de forma separada. Hoy se conciben como redes superpuestas que cooperan para interpretar el entorno. Estudios previos en el Instituto Max Planck y en el MIT mostraron que la corteza auditiva responde también a estímulos visuales, adaptando su actividad según la información disponible.
En este contexto, el mito de cerrar los ojos para escuchar mejor podría verse como una simplificación cultural de un fenómeno más complejo: la búsqueda de foco atencional. Si bien reducir distracciones facilita la introspección, no siempre es la mejor ruta para mejorar el rendimiento perceptivo.
La ciencia continúa explorando los límites de esa coordinación. En 2025, la tendencia global en neurociencia cognitiva apunta a modelos que integran multimodalidad, atención y contexto. El estudio chino se suma a ese enfoque, subrayando que percibir no es solo cuestión de órganos sensoriales, sino de cómo el cerebro decide combinar o inhibir sus fuentes de información.
Nuevas líneas de aplicación y retos pendientes
En los próximos años, los expertos anticipan un creciente interés por las terapias sensoriales basadas en integración visual-auditiva. Empresas tecnológicas trabajan en interfaces inmersivas que aprovechan estos principios para mejorar el rendimiento cognitivo y la comunicación humana. Además, las investigaciones sobre seguridad ocupacional están considerando el impacto del campo visual en la detección de señales sonoras críticas, como alarmas o advertencias de maquinaria.
Cerrar los ojos para escuchar mejor, por tanto, deja de ser una recomendación genérica y pasa a depender del tipo de entorno. En la mayoría de las circunstancias reales, mantener los ojos abiertos no solo facilita la orientación espacial, sino que refuerza la percepción del sonido útil. Comprender y aplicar esta nueva evidencia permitirá replantear tanto hábitos cotidianos como prácticas profesionales vinculadas a la atención auditiva.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.

