Melatonina en niños: evidencia insuficiente frente a su uso masivo

El uso de melatonina en niños ha aumentado de manera constante durante la última década, impulsado por la percepción de que es una solución natural y segura para el insomnio infantil. Pero médicos y científicos advierten que la expansión de su consumo ha superado la evidencia científica disponible, lo que plantea interrogantes sobre su seguridad a largo plazo y la falta de regulación en muchos países.

El auge global de la melatonina infantil

Hasta hace pocos años, la melatonina era un suplemento asociado casi exclusivamente al tratamiento de trastornos del sueño en adultos. Hoy, su consumo entre niños y adolescentes se ha convertido en un fenómeno global. Estadísticas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos muestran que entre 2012 y 2021 las ventas de suplementos de melatonina aumentaron más del 530%. En ese mismo período, los informes por ingesta accidental de melatonina infantil se multiplicaron por seis, según los registros de los centros de toxicología pediátrica.

La popularidad del suplemento está estrechamente ligada a su venta libre, su bajo costo y las presentaciones adaptadas para menores —como gomitas o jarabes con sabor—. Esta disponibilidad ha contribuido a que padres y cuidadores adopten el producto como una herramienta cotidiana para manejar el insomnio o las dificultades de sueño vinculadas al uso de pantallas y a rutinas alteradas por la pandemia de COVID-19.

Los especialistas, sin embargo, advierten que esta expansión no ha sido acompañada por un desarrollo proporcional del conocimiento científico. En la mayoría de los países, la melatonina se regula como un suplemento dietario y no como un medicamento, lo que implica estándares menos estrictos de control de calidad, etiquetado y dosificación.

¿Qué dice la evidencia sobre la melatonina en niños?

La evidencia científica sobre la melatonina en niños es heterogénea. Una revisión publicada en 2024 en el World Journal of Pediatrics por investigadores del Boston Children’s Hospital analizó más de 100 estudios clínicos y observacionales sobre el tema. Los hallazgos muestran un patrón claro: la evidencia sólida se concentra en niños con trastornos del neurodesarrollo, especialmente con autismo o TDAH, donde el suplemento parece mejorar la rapidez para conciliar el sueño y la duración total del descanso nocturno. En estos casos, el tratamiento se realiza generalmente bajo supervisión médica y con dosis ajustadas al peso.

Pero para el resto de la población infantil, los estudios son escasos, de corta duración y con muestras pequeñas. No existe consenso sobre la dosis apropiada, la edad mínima recomendada ni los posibles efectos relacionados con el desarrollo hormonal. El doctor Matthew Weaver, coautor de la revisión, advirtió en una entrevista académica que “la confianza social en la melatonina se ha desarrollado sin una base regulatoria o científica sobre sus efectos prolongados en niños sanos”.

¿Por qué las familias recurren al suplemento?

El incremento de los problemas de sueño entre niños y adolescentes es multifactorial. Diversos estudios atribuyen el fenómeno al aumento del uso de pantallas electrónicas antes de dormir, a jornadas escolares extensas y a una disminución constante de las horas de descanso. La Encuesta Nacional de Salud Infantil de EE. UU. de 2025 reveló que un 38% de los niños duerme menos de lo recomendado para su edad.

Ante este escenario, muchos padres optan por soluciones rápidas. La melatonina en niños se percibe como una alternativa “natural” frente a los fármacos recetados, una percepción reforzada por campañas en línea y por la comercialización de productos con empaques infantiles. El problema, advierten los pediatras, es que al ser considerada un suplemento inofensivo, su uso se ha vuelto rutinario, incluso sin consulta médica previa.

Un estudio longitudinal del European Sleep Research Society, con 6.000 familias europeas, mostró que el 17% había administrado melatonina a sus hijos en el último año, y el 40% de ellos lo había hecho por recomendación no médica. En naciones como Canadá y Estados Unidos, donde la venta es libre, la tendencia es aún mayor.

Seguridad y control de calidad: una zona gris

Las preocupaciones sobre la seguridad de la melatonina infantil no se limitan a los posibles efectos endocrinos. Investigaciones de la Universidad de Guelph (Canadá) descubrieron variaciones significativas entre las dosis declaradas y las reales en suplementos de venta libre: algunos productos contenían hasta 478% más de melatonina que la cantidad indicada en la etiqueta. Otros, incluso, mostraban rastros de serotonina, un neurotransmisor que no debería estar presente.

Ese desajuste tiene consecuencias directas para la seguridad infantil. Entre 2012 y 2022, la Asociación Estadounidense de Centros de Control de Envenenamientos reportó más de 260.000 casos de ingesta accidental en menores, la mayoría en niños de entre 2 y 5 años. Los envases en forma de caramelos o gomitas, junto con la falta de regulación de envases de seguridad, contribuyeron a esta tendencia.

Por esa razón, algunos especialistas proponen que los productos que contengan melatonina sean reclasificados como fármacos de prescripción pediátrica o, al menos, sujetos a controles equivalentes.

¿Qué riesgos potenciales existen a largo plazo?

La línea de investigación sobre los efectos prolongados de la melatonina en el organismo infantil es todavía limitada. Sin embargo, estudios en animales sugieren que la exposición crónica a dosis elevadas podría influir en procesos metabólicos y endocrinos. En humanos, las hipótesis apuntan a posibles efectos en la regulación de la pubertad, el funcionamiento inmunitario y el metabolismo de la glucosa.

Una revisión sistemática del Hospital Universitario de Copenhague, publicada en 2025, subrayó que, aunque no se han documentado daños severos en el corto plazo, la ausencia de estudios longitudinales suficientes impide descartar riesgos sutiles, particularmente en menores que utilizan el suplemento de forma continua durante años.

La falta de información sobre el impacto de la melatonina en niños pequeños también limita las recomendaciones médicas. Las guías clínicas del Reino Unido solo contemplan su uso en casos diagnosticados de insomnio severo asociado a trastornos neurológicos o del desarrollo, bajo supervisión estricta y por periodos cortos.

Melatonina y salud pública: ¿un vacío regulatorio?

La velocidad con que ha crecido el mercado de la melatonina en menores contrasta con la lentitud de los cambios regulatorios. En Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) clasifica el suplemento dentro del grupo de productos naturales, sin requerir aprobación previa para su comercialización. En la Unión Europea, su estatus varía por país: en España, por ejemplo, la melatonina de más de 1 mg por dosis se considera medicamento, mientras que cantidades inferiores pueden venderse libremente como complemento alimenticio.

Esa falta de uniformidad genera un entorno en el que la percepción pública de seguridad no siempre coincide con el nivel de control efectivo. Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud han comenzado a incluir el tema en sus observaciones sobre el uso de suplementos hormonales sin prescripción, alertando sobre el riesgo de considerar terapéuticamente neutros productos con efectos sistémicos.

Estrategias no farmacológicas para el sueño infantil

Los expertos coinciden en que las intervenciones conductuales deben seguir siendo la primera línea de tratamiento ante los trastornos de sueño infantil. Hábitos estables a la hora de acostarse, reducción del tiempo de exposición a pantallas, ambiente oscuro y tranquilo, y horarios consistentes suelen ofrecer resultados sostenibles.

El doctor Alberto Sánchez, del Instituto de Medicina del Sueño de Madrid, señala que en más del 80% de los casos de insomnio infantil primario, la raíz del problema está relacionada con los hábitos familiares y no con una alteración fisiológica del sueño. En esos casos, la administración sistemática de melatonina no corrige la causa subyacente y puede generar dependencia psicológica, con la idea de que el niño “necesita” el suplemento para dormir.

Para familias que requieren intervención médica, se recomienda utilizar la dosis mínima eficaz, limitar la duración del tratamiento y realizar controles periódicos. Además, los pediatras insisten en el etiquetado claro de los productos, advertencias visibles sobre almacenamiento y control de acceso en el hogar.

Hacia una regulación más sólida y basada en evidencia

La convergencia de datos de diversas regiones apunta a un mismo dilema: el uso masivo de melatonina infantil se ha adelantado a la ciencia. No es un fenómeno aislado, sino parte de una tendencia global hacia la medicalización de los hábitos cotidianos del sueño.

Los investigadores del Boston Children’s Hospital y otras instituciones sostienen que el próximo paso debe centrarse en generar evidencia clínica robusta sobre su uso prolongado en poblaciones pediátricas. También proponen fortalecer los sistemas de vigilancia de efectos adversos y establecer estándares internacionales de calidad y pureza para los suplementos.

En paralelo, las políticas de salud pública podrían incluir campañas informativas dirigidas a padres y cuidadores sobre los riesgos de la automedicación hormonal y la importancia de la higiene del sueño.

Replantear el descanso infantil en la era digital

A la luz de la evidencia disponible, el debate sobre la melatonina en niños trasciende la cuestión biomédica. Implica revisar cómo la sociedad moderna equilibra el descanso, el rendimiento escolar y la exposición tecnológica. En un entorno en el que los niños están cada vez más conectados y duermen menos, la demanda de soluciones rápidas es comprensible, pero no exenta de riesgos.

Las advertencias de los especialistas convergen en un mensaje claro: la melatonina puede tener un lugar legítimo en el tratamiento de ciertos cuadros clínicos, pero no debería convertirse en una rutina familiar sin supervisión profesional. La priorización de estrategias conductuales, la evaluación médica rigurosa y la regulación efectiva son hoy las principales herramientas para proteger el sueño y el desarrollo saludable de los niños.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.