Un estudio liderado por las universidades de Bristol y University College London indica que Ozempic y medicamentos similares clasificados como GLP-1 podrían tener un papel terapéutico más amplio: ayudar al corazón a recuperarse después de un infarto de miocardio.
Un hallazgo que amplía el horizonte de los fármacos GLP-1
Durante la última década, fármacos diseñados para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad, como los análogos del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1), han demostrado efectos significativos sobre la salud cardiovascular. Entre ellos destaca Ozempic, cuyo principio activo es la semaglutida, y que ha ganado notoriedad mundial por su capacidad para promover la pérdida de peso y mejorar el control glucémico.
Sin embargo, la nueva investigación publicada en Nature Communications plantea que sus efectos podrían ir más allá del metabolismo: podrían reducir el daño cardíaco y mejorar la recuperación tras un infarto. La idea surge de una observación clínica consistente. Durante años, pacientes con diabetes tratados con este tipo de fármacos mostraron menores tasas de hospitalización por insuficiencia cardíaca y una reducción del riesgo de eventos cardiovasculares graves.
¿Qué descubrió el estudio británico sobre Ozempic y sus análogos?
El equipo de la doctora Svetlana Mastitskaya, de la Universidad de Bristol, y del profesor David Attwell, de University College London, buscó entender el mecanismo detrás de esta aparente protección. La investigación se centró en un fenómeno conocido como “no reflow” o “no reperfusión”, que ocurre cuando, incluso después de que se libera la arteria principal obstruida durante un infarto, las microarterias del corazón permanecen cerradas. Según la doctora Mastitskaya, este problema afecta a cerca del 50% de los pacientes que sobreviven a un infarto y aumenta considerablemente las probabilidades de desarrollar insuficiencia cardíaca en el año posterior.
Los investigadores utilizaron modelos animales para explorar si los medicamentos GLP-1, como Ozempic, podían revertir esta disfunción microvascular. Los resultados mostraron una mejoría significativa en el flujo sanguíneo: los fármacos activaban canales de potasio que relajaban a las pericitos, unas células contractiles que estrechan los capilares cardíacos durante la isquemia. Este efecto permitió que la sangre volviera a circular por zonas donde antes no llegaba, reduciendo los daños residuales del tejido miocárdico.
El contexto clínico y la relevancia mundial del hallazgo
Cada año, más de 17 millones de personas mueren por enfermedades cardiovasculares, y los infartos representan una parte sustancial de esa cifra, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aunque las técnicas de angioplastia y los tratamientos con stents han logrado disminuir la mortalidad inicial, la recuperación funcional del corazón continúa siendo un desafío clínico de primer orden. La posibilidad de que un medicamento como Ozempic contribuya a reducir las secuelas abre nuevas rutas terapéuticas.
Estos hallazgos son especialmente relevantes en un momento de expansión global del uso de medicamentos GLP-1, tanto en contextos de diabetes como para la reducción de peso. Según estimaciones de la firma IQVIA, el mercado de agonistas de GLP-1 superó los 20 mil millones de dólares en 2023, impulsado principalmente por Ozempic y Wegovy (ambos de Novo Nordisk) y Mounjaro (de Eli Lilly).
La comunidad científica observa con cautela este posible nuevo rol terapéutico. “El estudio sugiere un camino para reutilizar estos fármacos en contextos de emergencia cardiovascular”, explicó Attwell. No obstante, subrayó que son necesarios más ensayos clínicos en humanos para confirmar que los efectos observados en laboratorio se replican en pacientes reales.
¿Cómo actúan los fármacos GLP-1 sobre el corazón?
Los medicamentos como Ozempic imitan al GLP-1, una hormona intestinal que estimula la secreción de insulina y reduce el apetito, pero también tiene receptores en el tejido cardíaco y en el sistema nervioso autónomo. Estudios previos ya habían evidenciado que el GLP-1 puede mejorar la función endotelial y reducir la inflamación vascular.
En condiciones normales, los pericitos ayudan a mantener la integridad de los capilares. Pero durante un infarto, el descenso brusco de oxígeno provoca su contracción, bloqueando el flujo sanguíneo incluso después de que la arteria principal haya sido despejada. Los fármacos GLP-1 parecen modular ese proceso, permitiendo la relajación del tejido capilar y la recuperación del flujo microvascular. Este mecanismo podría explicar por qué los pacientes tratados con estos medicamentos presentan menos daño estructural en el miocardio.
Impacto potencial en los protocolos de recuperación cardíaca
Si los resultados se validan en humanos, los fármacos tipo Ozempic podrían incorporarse a los protocolos de cuidado postinfarto, junto con las terapias estándar como los betabloqueadores y los inhibidores de la ECA. Según los autores, la clave estaría en administrar los fármacos durante las primeras horas de la reperfusión coronaria.
“Podría tratarse de una estrategia de rescate microvascular”, señaló Mastitskaya en declaraciones a medios científicos británicos. Agregó que contar con tratamientos disponibles en el mercado y con un perfil de seguridad conocido facilita su rápida implementación en ensayos clínicos.
A nivel regulatorio, la posible expansión del uso de los agonistas GLP-1 hacia la cardiología requerirá la reevaluación de sus etiquetas terapéuticas y observación de posibles efectos secundarios. Aunque los estudios previos no muestran un incremento sustancial de complicaciones cardiovasculares, sí se recomienda atención a las alteraciones gastrointestinales y al control glucémico, especialmente en no diabéticos.
¿Qué implicaciones económicas y sociales tendría esta nueva aplicación?
El eventual uso de Ozempic y fármacos similares en cardiología podría alterar el panorama financiero del sector farmacéutico. De confirmarse su eficacia postinfarto, los sistemas de salud podrían enfrentar un dilema entre el alto costo de los medicamentos y el ahorro potencial derivado de menos reingresos hospitalarios y de una mejor recuperación funcional de los pacientes.
En países con alta incidencia de obesidad y patologías cardiovasculares, como México, Estados Unidos o Reino Unido, este cambio podría representar un beneficio sanitario neto. Sin embargo, los expertos advierten que la expansión de la demanda podría tensionar aún más el suministro global de GLP-1, que ya enfrenta problemas de disponibilidad.
¿Por qué la comunidad médica sigue de cerca esta línea de investigación?
Los resultados van en línea con un creciente cuerpo de evidencia que sugiere que los agonistas de GLP-1 tienen efectos sistémicos más amplios que el control del azúcar en sangre. Un metaanálisis de la Asociación Americana del Corazón, publicado en 2022, ya había indicado reducciones del 14% en eventos cardiovasculares mayores entre quienes tomaban estos fármacos.
De confirmarse la hipótesis microvascular planteada por el equipo británico, la farmacología del GLP-1 podría inaugurarse como una nueva categoría de tratamientos para la reparación tisular postinfarto. “Estamos apenas comenzando a entender cómo estos mecanismos hormonales interactúan con la microcirculación cardíaca”, comentó un investigador de la Sociedad Europea de Cardiología en un análisis independiente.
Retos pendientes y próximos pasos
El próximo paso será trasladar los hallazgos a ensayos clínicos controlados en humanos. Estos estudios deberán medir no solo las tasas de reperfusión capilar, sino también la mejora funcional del ventrículo izquierdo, la supervivencia a largo plazo y la calidad de vida de los pacientes.
El financiamiento del proyecto, proveniente de la British Heart Foundation, apunta a extenderse a otras patologías en las que el flujo microvascular sea determinante, como el accidente cerebrovascular isquémico o la enfermedad renal diabética. Si los resultados siguen siendo positivos, la relación entre Ozempic y la recuperación postinfarto podría replantear el concepto de farmacoterapia integrada entre metabolismo y cardiología.
Un nuevo enfoque para una enfermedad persistente
Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo, y su impacto económico anual se estima en más de un billón de dólares. La posibilidad de que un medicamento existente, ampliamente utilizado y con un perfil de seguridad bien establecido, ayude a reducir las secuelas de un infarto representa una oportunidad clínica que despierta nuevas preguntas sobre las conexiones entre metabolismo, inflamación y regeneración tisular.
Si bien la prudencia científica exige confirmar los resultados en humanos, el estudio de Bristol y Londres marca un punto de inflexión. Ozempic y los fármacos GLP-1 dejan de ser vistos como simples herramientas para adelgazar o controlar la glucosa, y comienzan a perfilarse como potenciales aliados en la lucha por la recuperación cardíaca después del infarto.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.

