Un reciente estudio del equipo del epidemiólogo Ziyad Al-Aly en Estados Unidos ha identificado un efecto inesperado de los fármacos GLP-1: las personas que los reciben no solo presentan menor apetito por la comida, sino también por sustancias adictivas como el alcohol, la nicotina o el cannabis. El hallazgo, que emerge en un momento de creciente consumo de estos tratamientos, podría redefinir la comprensión de los mecanismos neurológicos de la adicción.
Un fenómeno observado en la práctica clínica
Entre 2019 y 2023, el uso de medicamentos basados en agonistas del receptor de péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) se multiplicó en Estados Unidos y otros países desarrollados. Concebidos originalmente para tratar la diabetes tipo 2, pronto destacaron por su eficacia en la pérdida de peso. Sin embargo, médicos como Ziyad Al-Aly, del sistema de salud de veteranos de St. Louis, comenzaron a notar un patrón distinto: los pacientes informaban una disminución del deseo de beber alcohol o fumar.
Según relata el especialista, en su consulta fue acumulando testimonios de personas que tras iniciar tratamientos con semaglutida o liraglutida dejaron de consumir bebidas alcohólicas o de fumar, sin haberlo planeado. Algunos estudios preliminares en animales ya habían mostrado efectos similares: incluso primates reducían voluntariamente la ingesta de alcohol cuando se les administraban GLP-1. El fenómeno llevó a Al-Aly a plantear una investigación más amplia.
Qué descubrió el nuevo estudio sobre los GLP-1 y las adicciones
El análisis más extenso hasta la fecha, publicado por la revista BMJ en 2025, evaluó los registros médicos de 606.000 veteranos con diabetes tipo 2 en Estados Unidos. Durante un seguimiento de tres años, los resultados fueron notables: quienes recibían medicamentos GLP-1 presentaban un 14 % menos de probabilidades de desarrollar un trastorno por uso de sustancias respecto a quienes tomaban otros fármacos antidiabéticos. Para quienes ya sufrían una adicción, los efectos fueron particularmente relevantes: el riesgo de sobredosis cayó un 39 %, y las muertes relacionadas descendieron a la mitad.
Lo más sorprendente es que el beneficio fue transversal. No solo se observó con el alcohol, sino también con drogas como la nicotina, el cannabis, la cocaína e incluso los opioides. En términos prácticos, esto implicó que, por cada mil pacientes tratados con GLP-1, seis evitaron desarrollar un problema de consumo. Aunque las cifras varían según la sustancia, la evidencia sugiere un posible patrón común en la forma en que el cerebro responde ante los impulsos adictivos.
¿Cómo actúan los GLP-1 en el cerebro?
El papel clásico de los GLP-1 en el organismo consiste en estimular la secreción de insulina y reducir el apetito. Pero las últimas investigaciones indican que su acción también se extiende a determinadas zonas cerebrales vinculadas con la sensación de recompensa, la saciedad y el control de los impulsos. En estudios de neuroimagen se ha identificado que los receptores de GLP-1 abundan en regiones como el hipotálamo y el núcleo accumbens, áreas que también participan en la génesis de las adicciones.
Algunos pacientes describen el efecto como un «silenciamiento del ruido mental» asociado al deseo compulsivo, lo que se ha comparado con la sensación de liberación de pensamientos repetitivos sobre comida, alcohol o drogas. Esto podría explicar por qué aquellos que usan estos tratamientos refieren una disminución no solo del apetito sino también de la búsqueda de recompensas externas. Investigadores de Stanford y Washington University están actualmente siguiendo cohortes para identificar los mecanismos precisos de esta modulación neuronal.
Un cambio de paradigma en el tratamiento de las dependencias
Los tratamientos convencionales contra la adicción suelen estar dirigidos a una sustancia específica: el metadona para los opioides, los parches de nicotina para los cigarrillos o el acamprosato para el alcohol. El potencial de los GLP-1 radica en su aparente efecto generalizado sobre distintas conductas adictivas. Esto podría abrir la posibilidad de diseñar terapias que actúen sobre el circuito biológico común a todas las dependencias, en lugar de abordar cada una por separado.
Expertos como la psiquiatra Anna Lembke, de Stanford, señalan que los resultados son prometedores, pero aún preliminares. En su propia práctica clínica ha observado casos en los que los GLP-1 reducen de manera significativa la ansiedad relacionada con la búsqueda compulsiva de alcohol o comida, mientras que en otros no se aprecian cambios. Para ella, es probable que las variaciones individuales —genéticas, ambientales o metabólicas— influyan en la respuesta.
¿Podrían los GLP-1 convertirse en un tratamiento estándar para la adicción?
A pesar de los avances, los especialistas advierten que aún no existen evidencias suficientes para prescribir estos medicamentos como primera línea de tratamiento. La mayoría de los estudios han sido observacionales y se centran en población con diabetes. No se sabe, por ejemplo, si los efectos se mantienen cuando los pacientes interrumpen la medicación ni si pueden aparecer recaídas más intensas. Al-Aly plantea la duda de si, tras suspender el fármaco, los impulsos adictivos podrían regresar con mayor fuerza.
Aun así, la información obtenida está empezando a influir en la práctica clínica. En pacientes diabéticos con riesgos de dependencia, algunos médicos evalúan preferir un GLP-1 frente a otros antidiabéticos como los inhibidores SGLT-2. Esto permite, en palabras del propio Al-Aly, “atacar dos frentes con un solo tratamiento”.
Contexto histórico: de la diabetes a la salud mental
El primer medicamento del grupo, exenatida, fue aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) en 2005. Desde entonces, varios compuestos como liraglutida y semaglutida se incorporaron al mercado y, tras las aprobaciones para control de peso en 2021, su uso se extendió masivamente. Encuestas recientes del Kaiser Family Foundation muestran que uno de cada ocho adultos estadounidenses comenta estar recibiendo algún tipo de terapia con GLP-1 para adelgazar o controlar enfermedades metabólicas.
Históricamente, el abordaje farmacológico de la adicción ha sido limitado. Hasta principios del siglo XXI, los tratamientos consistían en moduladores del sistema dopaminérgico, muchos con efectos secundarios significativos. Frente a ese panorama, el hallazgo de un efecto secundario protector en una clase de medicamentos ampliamente difundida representa un cambio notable. Los GLP-1 no son adictivos en sí mismos, y su administración genera una pérdida de peso que muchos pacientes perciben como un beneficio adicional.
Adicciones conductuales: un nuevo campo de estudio
Más allá de las drogas, algunos laboratorios están evaluando si los GLP-1 podrían impactar en las llamadas adicciones conductuales, como el juego patológico o la hipersexualidad. Según Lembke, los mecanismos neuronales de recompensa son similares y podrían responder a una misma modulación química. En fases iniciales de investigación, se estudian también efectos sobre trastornos obsesivos y compulsivos, donde las conductas repetitivas comparten circuitos con los de la dependencia.
Hasta ahora, los resultados son preliminares. Sin embargo, de confirmarse, podrían dar lugar a una nueva categoría terapéutica diseñada para disminuir la impulsividad y la motivación excesiva hacia recompensas no saludables, tanto químicas como conductuales. Este enfoque integrador podría modificar la clasificación actual de los trastornos de adicción en los manuales diagnósticos internacionales.
Riesgos, limitaciones y dilemas éticos
A pesar de los datos alentadores, los expertos piden cautela. Los GLP-1 pueden causar efectos secundarios gastrointestinales, pérdida excesiva de peso o riesgos aún no totalmente definidos en población sin diabetes. Además, su costo y la disponibilidad desigual pueden acentuar brechas de acceso a tratamientos de adicción, sobre todo en contextos de menores recursos.
La difusión mediática también plantea dilemas éticos. Famosos como Oprah Winfrey han comentado públicamente los cambios en sus hábitos tras iniciar este tipo de tratamientos, lo que ha multiplicado la demanda. Sin embargo, el uso con fines no médicos podría crear presiones sociales indebidas o desinformación sobre sus verdaderos efectos. Los especialistas subrayan que aún no debe considerarse un medicamento preventivo de las adicciones.
Por qué entender los GLP-1 puede transformar la salud pública
Más allá del potencial clínico, los efectos reportados de los GLP-1 sobre las adicciones aportan una nueva ventana para comprender la biología del impulso humano. Si estos fármacos logran modular el sistema de recompensa, su estudio podría iluminar no solo los mecanismos de dependencia, sino también trastornos como la obesidad y la depresión. Los hallazgos de Al-Aly y su equipo abren la posibilidad de que una sola ruta metabólica esté detrás de múltiples desafíos de salud contemporáneos.
La intersección entre nutrición, metabolismo y conducta adictiva refleja una convergencia histórica de campos tradicionalmente separados. A medida que más ensayos clínicos controlados se desarrollen, la comunidad médica podría definir si los GLP-1 son simplemente una coincidencia afortunada o la base de una nueva estrategia para equilibrar la mente y el cuerpo.
Un horizonte en expansión
Los próximos años serán decisivos para determinar si los GLP-1 se integrarán en protocolos de tratamiento para las adicciones. Equipos de investigación en Europa y Asia están diseñando estudios doble ciego para medir su efecto directo en población sin diabetes y cuantificar la posible reducción de recaídas. Mientras tanto, las agencias regulatorias mantienen una vigilancia estrecha.
En un escenario donde los trastornos de consumo y la obesidad coexisten a gran escala —según la Organización Mundial de la Salud, más de 350 millones de personas padecen diabetes y cerca del 5 % de la población mundial presenta adicciones severas—, una herramienta terapéutica que influya simultáneamente en ambos sistemas representaría un avance sustancial en salud pública. Aunque aún es pronto para afirmar que los GLP-1 sean la respuesta, el debate científico y clínico ya ha comenzado a reconfigurar el futuro del tratamiento de las dependencias humanas.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.

