Una reciente investigación en Chile revela que cocinar con aceite de oliva, especialmente mediante fritura al aire o al horno, mejora el perfil nutricional de los alimentos vegetales al aumentar las grasas insaturadas y preservar proteínas clave. El estudio aporta evidencia a un debate global sobre los efectos de los aceites en la salud cardiovascular y metabólica.
Cocinar con aceite de oliva: un cambio en la perspectiva nutricional
El aceite de oliva, particularmente el extra virgen, ha sido protagonista de innumerables estudios que buscan descifrar sus efectos en la salud humana. Lo que hasta hace poco se asociaba casi exclusivamente con la dieta mediterránea, hoy se expande al terreno de las nuevas tecnologías culinarias. El reciente trabajo publicado en la revista científica Foods refuerza una premisa que gana adeptos en la comunidad científica: cocinar con aceite de oliva no solo mantiene sus compuestos beneficiosos, sino que puede mejorar el valor nutricional de los alimentos, especialmente cuando se emplean métodos como la fritura al aire o el horneado.
El estudio fue desarrollado en Chile por investigadores que cocinaron 42 hamburguesas vegetales con distintos métodos: fritura profunda, horneado y fritura al aire. A la mitad de las preparaciones se les añadió media cucharadita de aceite de oliva. Los resultados fueron consistentes: las que incorporaron el aceite y fueron horneadas o fritas al aire mostraron un incremento en el contenido de ácidos grasos insaturados, reducción de grasas saturadas y una mejor conservación de proteínas y antioxidantes.
Qué revela la ciencia sobre los mecanismos detrás de este efecto
El aceite de oliva contiene una matriz de compuestos bioactivos que lo diferencian de otros aceites vegetales. Entre ellos destacan los polifenoles, tocoferoles y escualeno, sustancias con capacidad antioxidante y antiinflamatoria. Según los investigadores, cuando se utiliza aceite de oliva durante la cocción, parte de estos compuestos se transfieren al alimento, protegiendo las estructuras lipídicas y reduciendo la formación de aldehídos, compuestos nocivos generados por el calentamiento excesivo de aceites ricos en grasas saturadas o refinadas.
De acuerdo con la dietista clínica Kara Bates, de Keck Medicine (Universidad del Sur de California), esta transferencia mejora el perfil de lípidos en las preparaciones. En sus palabras, cocinar con aceite de oliva mediante fritura al aire o al horno “altera favorablemente la composición de grasas al aumentar las insaturadas, reducir las saturadas y preservar antioxidantes esenciales”. Esto adquiere especial relevancia en un contexto global donde las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de mortalidad.
¿Por qué la fritura al aire con aceite de oliva es considerada más saludable?
La fritura al aire representa una innovación tecnológica que combina la rapidez del freído con una reducción drástica en el uso de grasas. Su principio se basa en la circulación de aire caliente a alta velocidad para dorar los alimentos. Cuando se añade una pequeña cantidad de aceite de oliva, el resultado no es solo un producto menos calórico, sino también con un perfil nutricional más equilibrado.
Estudios independientes citados por el Journal of Food Composition and Analysis apuntan que este método permite disminuir entre 70% y 80% la absorción de aceite en comparación con la fritura profunda. Además, al mantener temperaturas menos agresivas, el aceite de oliva conserva buena parte de sus compuestos fenólicos, lo que contribuye a la estabilidad oxidativa del alimento.
La combinación de aceite de oliva y fritura al aire no solo mejora la textura y sabor, sino que según los investigadores chilenos también conserva la integridad proteica de los ingredientes vegetales, un aspecto poco explorado en investigaciones previas.
Cómo el aceite de oliva potencia la absorción de nutrientes
Uno de los hallazgos más relevantes en torno a cocinar con aceite de oliva reside en su rol facilitador en la absorción de vitaminas liposolubles, como A, D, E y K. Estas vitaminas requieren grasa para ser asimiladas por el organismo y, de acuerdo con la nutricionista Alissa Rumsey, el aceite de oliva actúa como vehículo natural. Esto significa que al cocinar vegetales con aceite de oliva, el cuerpo puede aprovechar mejor carotenoides, tocoferoles y otros antioxidantes presentes en los vegetales.
Rumsey también destaca que el aceite de oliva aporta un equilibrio entre grasas monoinsaturadas —como el ácido oleico— y compuestos antioxidantes que, en conjunto, reducen la oxidación de nutrientes sensibles al calor. En otras palabras, el aceite no solo evita la pérdida de vitaminas durante la cocción, sino que amplifica su biodisponibilidad.
Tendencias históricas del uso del aceite de oliva en la cocina
Históricamente, el aceite de oliva ha sido un elemento central en la alimentación de regiones mediterráneas. Documentos del siglo IV a. C. ya registraban su uso en Grecia y Roma, tanto como ingrediente culinario como en aplicaciones medicinales y cosméticas. Su consolidación como símbolo de dieta saludable llegó en las décadas de 1950 y 1960, cuando el Estudio de los Siete Países, liderado por el fisiólogo Ancel Keys, observó tasas más bajas de enfermedades coronarias en poblaciones que consumían aceite de oliva en lugar de grasas animales.
Durante los últimos veinte años, el crecimiento del mercado global de aceite de oliva ha sido sostenido. Según cifras del Consejo Oleícola Internacional, la producción mundial superó los 3 millones de toneladas en 2023, con España, Italia y Grecia concentrando más del 60% del total. En paralelo, nuevos productores en Chile, Australia y Estados Unidos han impulsado la diversificación de la oferta, adaptando el cultivo a nuevas condiciones climáticas y al auge de consumidores interesados en alimentos funcionales.
¿Qué diferencias existen entre los tipos de cocción con aceite de oliva?
El modo de cocción incide directamente en la estabilidad térmica y las propiedades finales del aceite. En la fritura profunda, donde las temperaturas pueden superar los 190 °C, existe un mayor riesgo de degradación oxidativa. En cambio, el horneado y la fritura al aire mantienen temperaturas de entre 150 y 180 °C, rangos en los que el aceite de oliva extra virgen conserva cerca del 85% de sus antioxidantes, según investigadores de la Universidad de Navarra.
Cuando se utiliza para saltear o asar verduras, el aceite de oliva actúa también como barrera protectora frente a la pérdida de humedad y nutrientes. Esto explica por qué platos como la berenjena al horno o las patatas al aire con un ligero recubrimiento de aceite resultan más nutritivos y menos grasos que sus contrapartes fritas de forma tradicional.
Datos sobre el impacto metabólico del aceite de oliva
Diversos estudios epidemiológicos respaldan los beneficios del aceite de oliva para la salud metabólica. Investigaciones recientes publicadas en The American Journal of Clinical Nutrition confirman que su consumo regular está asociado con una reducción de hasta un 30% en el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Además, se ha documentado que el reemplazo de grasas saturadas por grasas monoinsaturadas, como las del aceite de oliva, puede disminuir los niveles de colesterol LDL (considerado “malo”) y aumentar el HDL (“bueno”).
En el contexto del sobrepeso y la obesidad, los métodos de cocción que utilizan aceite de oliva de manera controlada, como el horneado o la fritura al aire, se presentan como alternativas para reducir la carga calórica sin sacrificar sabor ni textura. Para los especialistas, esto podría ser clave en programas de salud pública orientados a prevenir enfermedades metabólicas.
Cómo aplicar estas técnicas en la cocina diaria
En la práctica, cocinar con aceite de oliva requiere simplemente ajustar la cantidad y el método. Bastan unos mililitros para obtener el efecto deseado en la textura y absorción de sabor. En el caso de la fritura al aire, los aparatos domésticos actuales permiten cocinar vegetales, legumbres, pollo o pescado en menos de 15 minutos. Incorporar una ligera capa de aceite de oliva a las verduras antes de hornearlas o freírlas al aire resulta suficiente para potenciar su contenido antioxidante y mantener una superficie crujiente.
La dietista Kara Bates recomienda optar por variedades de aceite de oliva extra virgen prensado en frío, ya que conservan mejor sus propiedades. Al mismo tiempo, sugiere evitar calentar el aceite más allá del punto de humo (alrededor de 190 °C) para prevenir la pérdida de nutrientes y la formación de compuestos oxidativos.
Una mirada al futuro de la cocina saludable
A medida que las dietas basadas en plantas y las tecnologías domésticas como las freidoras de aire ganan popularidad, cocinar con aceite de oliva se posiciona como una práctica que une tradición e innovación. Investigadores proyectan que el desarrollo de nuevas variedades de aceite optimizadas para soportar altas temperaturas podría ampliar aún más sus aplicaciones culinarias.
La creciente conciencia nutricional también está impulsando políticas de etiquetado más claras en torno al tipo de grasa utilizada en productos procesados. De mantenerse esta tendencia, es probable que el aceite de oliva consolide su papel como referente de grasa saludable en la alimentación moderna, no solo por su composición, sino por su capacidad demostrada para mejorar los nutrientes y proteger la salud cardiovascular.
En este escenario, el estudio chileno representa una pieza más en el rompecabezas científico que redefine cómo entendemos el acto cotidiano de cocinar. Lejos de ser un simple acompañante, el aceite de oliva se perfila como un componente activo en la transformación de los alimentos y en la prevención de enfermedades asociadas al metabolismo y la nutrición.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.

