El análisis de sangre contra el cáncer Galleri, presentado como una herramienta revolucionaria de detección temprana, no logró reducir los casos de cáncer avanzado en un amplio estudio realizado en el Reino Unido entre 2023 y 2026. Los resultados cuestionan el potencial inmediato de estas pruebas de detección líquida en la práctica clínica.
Resultados que sorprendieron al sector científico
El hallazgo proviene de uno de los ensayos más extensos realizados sobre pruebas de diagnóstico precoz mediante muestras sanguíneas. Más de 142.000 adultos británicos, todos entre 50 y 77 años, participaron en la investigación liderada por el Servicio Nacional de Salud (NHS) y la empresa estadounidense Grail, fabricante de la prueba Galleri. A pesar de las expectativas, el estudio mostró que el test no logró reducir de forma significativa los casos de cáncer en estadio 3 o 4, un dato que pone en duda su efectividad como herramienta de detección temprana.
El objetivo del ensayo era ambicioso: demostrar una reducción del 20% en los cánceres diagnosticados en fases avanzadas. Sin embargo, los datos publicados por la compañía y revisados por expertos del Institute of Cancer Research indicaron que esa meta no se alcanzó. Aunque hubo una leve disminución de los casos en estadio 4 y un incremento en los detectados en estadio 3, la diferencia careció de relevancia estadística.
¿Cómo funciona Galleri y por qué generó expectativas?
La prueba se basa en la detección de fragmentos de ADN liberados por células tumorales en el torrente sanguíneo. Utiliza técnicas de secuenciación y algoritmos de aprendizaje automático para identificar patrones moleculares característicos de más de 50 tipos de cáncer. Desde su lanzamiento comercial en 2021 en Estados Unidos, el test fue visto como un posible cambio de paradigma en la medicina preventiva.
El atractivo de esta tecnología reside en su sencillez: bastaría una extracción de sangre para obtener una señal de alerta sobre posibles tumores, incluso antes de que los síntomas aparezcan. En un contexto donde las pruebas preventivas convencionales —como mamografías, colonoscopias o citologías— están limitadas a tipos específicos de cáncer, una herramienta universal parecía prometer un avance sustancial.
No obstante, el reciente estudio demostró que esa promesa aún está lejos de materializarse. Según los datos publicados, el método no logró modificar de forma relevante la distribución de diagnósticos por estadio clínico. Tampoco se observaron diferencias en la mortalidad por cáncer entre los grupos evaluados.
¿Por qué falló en su meta principal?
Los investigadores han ofrecido varias explicaciones posibles. Una de ellas es que la cantidad de ADN tumoral en circulación puede ser demasiado baja en los primeros estadios de la enfermedad, especialmente en cánceres pequeños o de crecimiento lento. Esto dificulta que el test detecte señales fiables antes de que los tumores avancen.
Otro factor es la heterogeneidad biológica del cáncer. Cada tipo tumoral tiene un perfil genético distinto, lo que complica el desarrollo de una herramienta que sea igualmente sensible para todos. Además, incluso cuando la prueba señala un resultado positivo, los pasos posteriores —confirmación por imágenes o biopsias— pueden prolongarse, diluyendo cualquier beneficio potencial de una detección anticipada.
El Dr. Richard Houlston, genetista del cáncer en el Institute of Cancer Research, señaló al New York Times que los resultados no respaldan la incorporación del test en los sistemas públicos de salud. «Si la prueba no logra modificar la proporción de cánceres en fases avanzadas, su utilidad clínica es limitada», advirtió.
Impacto económico y reacción del mercado
El golpe para la empresa fabricante fue inmediato. Tras la publicación de los resultados, las acciones de Grail, subsidiaria de Illumina hasta 2023, perdieron cerca de un 50% de su valor. Según informes de la compañía, Galleri generó casi todos sus ingresos anuales, con más de 185.000 pruebas vendidas solo en 2025. Cada kit tiene un costo de 949 dólares, usualmente no cubierto por los seguros ni por el programa Medicare estadounidense.
La falta de aprobación por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) ha sido otro obstáculo. Aunque Grail solicitó la revisión regulatoria, los resultados del ensayo podrían retrasar o limitar el permiso para su comercialización masiva. También podrían influir en la decisión de los legisladores estadounidenses sobre la cobertura de pruebas de detección líquida mediante fondos públicos.
¿Qué implican estos resultados para el futuro de la detección temprana?
Los expertos coinciden en que el fracaso del estudio no significa el fin del concepto de pruebas sanguíneas para el cáncer, pero sí un llamado a la cautela. La llamada «biopsia líquida» ha sido objeto de entusiasmo desde hace más de una década, gracias a los avances en genómica y en inteligencia artificial. Laboratorios de todo el mundo, como Guardant Health, Thrive o Exact Sciences, desarrollan enfoques similares con distintos algoritmos y biomarcadores.
El mercado global de pruebas oncológicas basadas en sangre se valoró en cerca de 2.800 millones de dólares en 2025, con proyecciones de crecimiento anual superiores al 15%. Sin embargo, los recientes resultados evidencian que la viabilidad clínica aún enfrenta barreras técnicas, éticas y económicas.
Detectar un cáncer antes de tiempo no siempre se traduce en una mayor supervivencia. Estudios previos sobre programas de cribado masivo han demostrado que las detecciones precoces pueden aumentar los diagnósticos sin mejorar de manera proporcional la mortalidad. Además, los falsos positivos pueden generar ansiedad, pruebas invasivas innecesarias y costos adicionales para los sistemas de salud.
¿Qué opinan los médicos y pacientes?
La comunidad médica se muestra dividida. El Dr. Daniel Hayes, del Rogel Cancer Center en Michigan, destacó los riesgos de recibir un resultado positivo sin encontrar un tumor en las pruebas complementarias: «Tienes esa sombra sobre la cabeza, pero no hay una acción clara a seguir». Según su experiencia, estos casos generan una carga emocional considerable y pueden derivar en sobretratamiento.
Por otro lado, algunos especialistas reconocen el potencial del método a largo plazo. Harpal Kumar, director científico de Grail, defendió que aún existen señales clínicas prometedoras, especialmente en la detección de ciertos tumores en fases intermedias. Sostuvo que, con mejoras en la sensibilidad y en el análisis de datos, el valor médico del test podría incrementarse con el tiempo.
Desde el punto de vista de los pacientes, la percepción es ambivalente. Muchas personas ven en estas pruebas un modo de «controlar» su salud frente al riesgo oncológico, especialmente si existen antecedentes familiares. Sin embargo, su elevado costo y la falta de cobertura aseguran que el acceso siga siendo limitado y desigual.
Contexto histórico: de la biopsia líquida a la medicina personalizada
El desarrollo de pruebas oncológicas sanguíneas se enmarca en la era de la medicina de precisión, inaugurada a finales de los años 2000. La secuenciación masiva del genoma humano permitió identificar mutaciones asociadas a distintos tipos de cáncer y explorar su detección en fluidos corporales. Esta tecnología impulsó la aparición de las «biopsias líquidas», inicialmente usadas para monitorizar la respuesta a tratamientos en pacientes ya diagnosticados.
Con el tiempo, las compañías biotecnológicas comenzaron a explorar su potencial en la detección temprana. La idea era simple pero ambiciosa: si el ADN tumoral puede circular en la sangre una vez el cáncer se ha desarrollado, ¿podría detectarse incluso antes de que aparezcan síntomas? Galleri fue uno de los primeros intentos de llevar esa hipótesis a gran escala, en población sana.
Regulaciones, ética y desafíos de validación
Los resultados del ensayo británico también exponen las dificultades regulatorias. Ninguna agencia sanitaria importante ha emitido aún directrices claras sobre cómo deben evaluarse estas pruebas. La FDA, por ejemplo, exige que los test diagnósticos demuestren impacto clínico real, no solo precisión analítica. Esto significa que deben probar que su uso mejora resultados de salud, como la supervivencia o la calidad de vida, algo que el método aún no ha demostrado de forma concluyente.
En el plano ético, surgen preguntas sobre la comunicación de resultados inciertos. Un falso positivo puede causar ansiedad y gastos médicos innecesarios; un falso negativo, por el contrario, puede ofrecer una falsa sensación de seguridad. Por ello, muchos especialistas abogan por estrategias de consentimiento informado y asesoramiento genético antes y después del test.
Proyecciones y próximos pasos de la investigación
Pese a las críticas, el equipo de Grail ha anunciado que planea extender su estudio para un seguimiento adicional de dos años. Afirman que un tiempo de observación más largo podría revelar beneficios que aún no se reflejan en los datos iniciales. También han reportado avances en la eficiencia de sus algoritmos de detección y en la posibilidad de concentrar el ADN tumoral en muestras mínimas.
Mientras tanto, otras firmas y universidades desarrollan métodos alternativos basados en proteínas, metabolitos y células tumorales circulantes. El objetivo común sigue siendo el mismo: identificar cánceres potencialmente mortales antes de que se manifiesten de forma clínica. Sin embargo, la ruta hacia una herramienta realmente predictiva continúa plagada de obstáculos científicos.
Una lección para la innovación biomédica
El episodio refleja la distancia entre la promesa y la realidad de la medicina preventiva de precisión. Las pruebas como esta representan avances tecnológicos notables, pero su papel en la práctica sanitaria debe definirse con rigor. Los expertos recuerdan que ninguna herramienta, por sofisticada que sea, sustituye la importancia de la prevención primaria, el diagnóstico basado en evidencia y el seguimiento médico personalizado. La historia del test enseña que la innovación, por sí sola, no garantiza eficacia ni equidad en salud.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.

