Cannabis drinks: una alternativa emergente para reducir el consumo de alcohol

Cannabis drinks

Una investigación de la Universidad de Buffalo muestra que los usuarios de cannabis drinks reducen casi a la mitad su consumo de alcohol. El hallazgo plantea un debate creciente sobre el papel de las bebidas infusionadas con cannabis en las estrategias de salud pública.

Un fenómeno en expansión: los cannabis drinks y el cambio de hábitos

El uso de cannabis drinks ha dejado de ser una curiosidad marginal para convertirse en una tendencia con peso en los mercados de bebidas funcionales. De acuerdo con la investigación publicada en el Journal of Psychoactive Drugs y liderada por la Universidad de Buffalo, las personas que introdujeron estas bebidas en su rutina redujeron su consumo de alcohol de 7,02 a 3,35 tragos semanales, una caída cercana al 50 %. Este hallazgo se enmarca en un contexto donde las estrategias de reducción de daños cobran relevancia frente a las consecuencias sanitarias y sociales del consumo excesivo de bebidas alcohólicas.

De los 438 adultos encuestados, el 56 % reportó ingerir tanto alcohol como cannabis, y un tercio indicó usar bebidas infusionadas, normalmente en una dosis por ocasión. Entre quienes usaban este formato, el 58,6 % declaró sustituir el alcohol por cannabis, frente al 47,2 % de quienes usaban otros productos derivados.

¿Cómo surge el interés científico por las bebidas con cannabis?

El concepto de reducción de daños —originado en la salud pública a mediados del siglo XX— busca minimizar los riesgos asociados al uso de sustancias psicoactivas. Tradicionalmente, este enfoque se aplicó a drogas ilegales, pero con el aumento del consumo legal de alcohol y cannabis, investigadores comenzaron a explorar cómo un producto podría mitigar los efectos del otro.

Jessica Kruger, profesora de la Escuela de Salud Pública y Profesiones de la Salud de la Universidad de Buffalo, explica que el estudio constituye “la primera investigación formal que analiza el potencial del cannabis como sustituto de alcohol en formato líquido”. Hasta ahora, la mayoría de los ensayos se habían centrado en el consumo de cannabis fumado o vaporizado, sin explorar las implicaciones del formato bebida, más cercano en su dinámica social a una cerveza o un cóctel.

La investigación aporta un nuevo ángulo al debate sobre las políticas de alcoholismo, donde la abstinencia total no siempre resulta viable ni sostenible. En ese escenario, los cannabis drinks podrían integrarse como una herramienta dentro de las estrategias de reducción de daños, especialmente entre adultos jóvenes urbanos que buscan alternativas menos nocivas.

¿Por qué las bebidas con cannabis podrían reemplazar al alcohol?

Los investigadores observan que la sustitución parcial del alcohol por cannabis se debe en parte a factores culturales y de contexto. En entornos sociales donde el acto de sostener una bebida forma parte del ritual, cambiar una cerveza por un envase similar que contenga cannabis puede facilitar la transición sin alterar la dinámica del grupo.

Daniel Kruger, coautor del estudio, señala que “la similitud en el método de consumo y en el entorno social parece facilitar el reemplazo”. En otras palabras, muchos consumidores no buscan eliminar el ritual del brindis ni el componente de socialización, sino cambiar la sustancia.

La composición química también juega un papel importante. Según el estudio, casi el 90 % de los participantes eligió bebidas con hasta 10 mg de cannabidiol (CBD) por unidad. El CBD, un compuesto no psicoactivo presente en el cannabis, se asocia con propiedades ansiolíticas y relajantes, aunque la evidencia científica sigue siendo parcial. Apenas un 10,4 % consumió bebidas con dosis más altas, y casi la mitad de los participantes desconocía el contenido exacto de cannabinoides.

Esta baja dosificación podría explicar por qué el cambio hacia el cannabis no derivó en un aumento de episodios de consumo excesivo. De hecho, el informe destaca una reducción significativa en el número de episodios de ingesta compulsiva de alcohol tras la introducción de cannabis drinks.

Un mercado en auge y una regulación en construcción

Las estimaciones de Euromonitor proyectan que el mercado global de bebidas infusionadas con cannabis superará los 4 000 millones de dólares en 2028. Este crecimiento coincide con un cambio en la percepción pública: cada vez más adultos exploran alternativas al alcohol, ya sea por motivos de salud, moda o prescripción médica. Durante eventos como “Dry January” o movimientos de sobriedad moderada, el interés por bebidas sin alcohol y con cannabis ha aumentado de manera significativa.

En Estados Unidos, la expansión del mercado está directamente ligada a la legalización estatal del cannabis recreativo. En Nueva York, los primeros dispensarios de cannabis legal para adultos comenzaron a operar a inicios de 2023, y junto a ellos aparecieron los primeros cannabis drinks con licencia. Casi el 82 % de los consumidores del estudio afirmó adquirir sus productos en dispensarios regulados, lo que ofrece una capa adicional de control sanitario y trazabilidad.

No obstante, el marco normativo todavía presenta lagunas: la regulación de bebidas infusionadas depende en gran medida de las leyes estatales, y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE.UU. aún no ha emitido directrices claras sobre el uso de cannabinoides en bebidas. Este vacío alimenta la incertidumbre empresarial y limita la expansión a mercados internacionales.

¿Cómo se comparan los riesgos entre alcohol y cannabis?

Diversas instituciones médicas coinciden en que el alcohol genera un mayor daño sistémico. Ha sido vinculado con más de 200 enfermedades, incluyendo siete tipos de cáncer, cirrosis hepática, trastornos cardiovasculares y daños cognitivos de largo plazo. Por su parte, el cannabis, aunque no exento de riesgos —como efectos en la memoria o el desarrollo neurológico en adolescentes—, tiende a presentar un perfil de daño más bajo en consumo moderado.

En este contexto, algunos epidemiólogos ven en los cannabis drinks un posible instrumento para reducir los daños asociados a los patrones de consumo elevado. Sin embargo, advierten que el objetivo no debe ser sustituir una dependencia por otra, sino estudiar de qué manera el reemplazo puede contribuir a reducir los daños colectivos.

Cifras del Global Burden of Disease Study de 2019 sitúan al alcohol como el séptimo factor de riesgo de muerte y discapacidad a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2020 murieron tres millones de personas por causas relacionadas con el consumo de alcohol. Ante tal panorama, cualquier medida de mitigación, por modesta que sea, podría tener efectos considerables en la salud pública.

La percepción social y el reto cultural

El cambio de comportamiento hacia el uso de cannabis en formato bebida no solo depende de la disponibilidad o la legislación, sino de un proceso cultural más amplio. A pesar de la creciente aceptación del cannabis en su uso terapéutico, su incorporación al ámbito recreativo aún provoca debate moral y político.

Jessica Kruger advierte que tomará tiempo antes de que los cannabis drinks se perciban como algo tan común como una cerveza artesanal. Las asociaciones históricas del cannabis con la ilegalidad y el estigma continúan siendo un obstáculo, especialmente entre generaciones mayores o en regiones con normativas más restrictivas.

En mercados más avanzados, como Canadá o California, los productos se han integrado gradualmente en tiendas de conveniencia y bares especializados. Allí, los consumidores hallan bebidas con formulaciones controladas que varían en proporción de tetrahidrocannabinol (THC) y CBD, diseñadas para producir efectos suaves y previsibles. Las empresas incluso incorporan diseño y marketing enfocados en la experiencia sensorial, situándose en un punto medio entre la coctelería y el bienestar.

¿Qué falta por investigar sobre los cannabis drinks?

El estudio de la Universidad de Buffalo abre múltiples preguntas para la ciencia del comportamiento y la salud pública. ¿Se mantiene la reducción en el consumo de alcohol a largo plazo? ¿Qué papel desempeñan las características del producto —como sabor, contenido de cannabinoides o ritual social— en la sustitución sostenida? Los investigadores planean monitorear a los mismos participantes durante un periodo mayor y comparar resultados con usuarios que emplean otros formatos de cannabis, como aceites o comestibles.

Otras universidades, entre ellas la de Columbia Británica y la de California en Davis, han iniciado proyectos similares para entender la relación entre cannabis, patrones de bebida y bienestar. En el futuro podría observarse un cambio más estructural: el desplazamiento de parte del mercado de bebidas alcohólicas hacia opciones con cannabinoides, un proceso que implicaría transformaciones fiscales, sanitarias y comerciales de gran escala.

Un nuevo frente en la política de salud pública

La irrupción de los cannabis drinks coincide con la búsqueda global de alternativas que no dependan del prohibicionismo absoluto ni de la permisividad total. Algunos países, como Canadá y ciertas jurisdicciones de EE.UU., apuestan por modelos de regulación que incorporan mecanismos de control de etiquetado, límites de dosificación y educación al consumidor.

Si bien el mercado privado ha sido el motor del crecimiento, los expertos subrayan la necesidad de que las políticas públicas acompañen este fenómeno para evitar la repetición de los errores del alcohol y el tabaco. En última instancia, el desafío reside en equilibrar innovación y prevención: aprovechar el potencial de sustitución que ofrecen las bebidas con cannabis sin fomentar nuevas formas de dependencia.

El interés por entender cómo el cannabis interactúa con los comportamientos de consumo social apunta hacia una tendencia mayor: la reevaluación de las formas en que las sociedades beben, celebran y regulan sus rituales químicos. A medida que los estudios avancen, las bebidas infusionadas con cannabinoides podrían dejar de ser una curiosidad de dispensario para convertirse en un componente más del debate sobre cómo reducir el daño del alcohol en el siglo XXI.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.