El café y el té ayudan a proteger la salud cerebral, según un estudio

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El café y el té ayudan a proteger la salud cerebral, según una investigación publicada el 9 de febrero de 2026 en el *Journal of the American Medical Association*. El estudio, que analizó datos de más de 132.000 personas durante casi cuatro décadas, sugiere que el consumo moderado de estas bebidas puede asociarse con un menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia.

Contexto científico y relevancia del hallazgo

El interés por los efectos del café y el té en la salud cerebral ha crecido significativamente en los últimos años. Estas bebidas, presentes en dietas de todo el mundo, contienen compuestos bioactivos que podrían influir en la función cognitiva y en la prevención de enfermedades neurodegenerativas. La nueva evidencia, respaldada por un trabajo del equipo liderado por el Dr. Daniel Wang, científico asociado en Mass General Brigham, refuerza el debate sobre cómo ciertos hábitos cotidianos pueden tener impacto a largo plazo en la salud del cerebro.

El estudio, publicado en el Journal of the American Medical Association (JAMA), analizó la relación entre el consumo de café o té con cafeína y el riesgo de desarrollar demencia. Los investigadores encontraron que quienes bebían dos o tres tazas de café, o una o dos de té, presentaban un riesgo 18% menor de desarrollar demencia en comparación con quienes apenas consumían estas bebidas.

¿Cómo se realizó el estudio y qué lo hace relevante?

El trabajo se basó en datos combinados de dos estudios longitudinales de gran escala con cerca de 132.000 participantes. Los individuos fueron seguidos durante una mediana de 37 años —algunos durante más tiempo, otros menos—, un período poco común en este tipo de investigaciones. El análisis incluyó pruebas cognitivas, reportes dietéticos y registros médicos para evaluar la aparición de demencia y cambios en la función cerebral.

En los resultados se observó que los bebedores habituales de café con cafeína tenían una tasa de deterioro cognitivo del 7,8%, frente al 9,5% de quienes no lo consumían o lo hacían esporádicamente. En el caso del té, los efectos fueron similares. En cambio, el café descafeinado no mostró un beneficio comparable, lo que lleva a pensar que la cafeína —más que otros componentes— podría desempeñar un papel clave en la protección cerebral.

El investigador principal, el Dr. Yu Zhang, doctorando en la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, señaló que los efectos se mantuvieron incluso tras analizar variables genéticas. Es decir, tanto las personas con alto riesgo genético de desarrollar demencia como aquellas con bajo riesgo obtuvieron beneficios similares. Esta observación refuerza la idea de que factores conductuales y ambientales pueden influir considerablemente en el envejecimiento cerebral más allá de la predisposición genética.

¿Por qué el café y el té podrían proteger el cerebro?

Aunque aún no existe una explicación definitiva sobre los mecanismos biológicos detrás de estos efectos, los investigadores sugieren varias hipótesis. Uno de los elementos más explorados es la cafeína, un compuesto que actúa sobre el sistema nervioso central. Estudios previos han demostrado que puede mejorar la atención, la memoria a corto plazo y la velocidad de procesamiento.

Además, tanto el café como el té son ricos en antioxidantes y polifenoles, sustancias capaces de reducir el estrés oxidativo y la inflamación neuronal. Estos procesos son factores de riesgo clave en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Según un informe publicado por Johns Hopkins Medicine, las propiedades antioxidantes del café podrían tener un impacto más amplio, incluyendo la reducción del riesgo cardiovascular, lo que a su vez influye en la salud cerebral por su relación con el flujo sanguíneo.

Otra hipótesis relevante se relaciona con la modulación de la adenosina, un neurotransmisor involucrado en la regulación del sueño y la excitación neuronal. La cafeína bloquea los receptores de adenosina, lo que podría mantener activas ciertas regiones cerebrales, contrarrestando procesos de deterioro funcional asociados con la edad.

Una mirada histórica: del ritual cotidiano a la investigación clínica

El consumo de café y té tiene raíces milenarias y ha sido objeto de atención cultural, política y médica. En el siglo XVII, el café fue introducido en Europa desde el mundo árabe y rápidamente adoptado como parte de la rutina laboral e intelectual. El té, por su parte, ha sido una pieza central en Asia oriental durante más de dos milenios, asociado a ceremonias, meditación y bienestar físico.

A lo largo del siglo XX, distintas corrientes científicas evaluaron los posibles efectos nocivos y beneficiosos de estas bebidas. En décadas pasadas, algunos estudios asociaban el exceso de cafeína con problemas cardiovasculares, pero investigaciones más recientes han matizado estas percepciones. La Organización Mundial de la Salud no clasifica la cafeína como una sustancia de riesgo cuando se consume de forma moderada, y múltiples estudios la han vinculado a beneficios metabólicos, hepáticos y neurológicos.

De acuerdo con datos del International Coffee Organization, el consumo global de café ha crecido un 2% anual en la última década, con un promedio de más de 400 mil millones de tazas al año. En paralelo, el mercado del té sigue expandiéndose, con China, India y Reino Unido entre los principales consumidores. Esta relevancia cultural y económica ha impulsado también la inversión científica en su impacto sobre la salud.

¿Puede la cafeína sustituir tratamientos médicos o medidas preventivas?

Los expertos advierten que los resultados del estudio no deben interpretarse como una receta médica. El Dr. Daniel Wang subraya que, si bien los hallazgos son alentadores, el tamaño del efecto es pequeño y no sustituye a las estrategias preventivas conocidas, como una alimentación equilibrada, la actividad física o la estimulación cognitiva constante.

Diversas investigaciones complementarias indican que la combinación de hábitos saludables ofrece mayores beneficios que el consumo aislado de cafeína. Por ejemplo, estudios de la Universidad de Cambridge sugieren que una dieta tipo mediterránea, rica en frutas, verduras, legumbres, aceite de oliva y pescado azul, tiene una relación más estrecha con la reducción del deterioro cognitivo que el consumo de café o té por sí solos.

En consecuencia, los especialistas recomiendan observar estos hallazgos dentro de un enfoque integral de salud cerebral, donde el café y el té se suman como posibles piezas de un conjunto más amplio de factores protectores.

Tendencias y futuro de la investigación neuroalimentaria

La relación entre alimentación y salud cerebral está generando un campo de estudio conocido como neuro-nutrición. Este integra neurociencia, biología molecular y dietética para entender cómo los nutrientes modulan funciones cognitivas y emocionales.

En este marco, el nuevo estudio sobre el café y el té marca un hito metodológico por su amplitud temporal y número de participantes. Sin embargo, los científicos reconocen que son necesarios más estudios que exploren la causalidad directa y los límites de la exposición a la cafeína. También se investiga cómo influyen otros factores, como la calidad del sueño, los niveles de ansiedad o las diferencias metabólicas individuales.

Se prevé que en los próximos años surjan investigaciones que analicen cómo el consumo simultáneo de café y té, o su sustitución por versiones descafeinadas, afecta el envejecimiento cerebral en poblaciones diversas. Además, se estudia el papel de los metabolitos secundarios del té, como las catequinas, en comparación con los ácidos clorogénicos del café, para determinar si los beneficios son equivalentes o si dependen de interacciones químicas específicas.

El peso de los hábitos cotidianos en la salud cerebral

El hallazgo central del estudio de Wang y Zhang sobre té y café puede tener implicaciones en las políticas de salud pública. Si bien la magnitud del beneficio es moderada, el hecho de que el consumo moderado de café o té sea una práctica común en gran parte de la población podría traducirse en un efecto preventivo significativo a nivel colectivo.

Los autores subrayan también que no se observaron efectos adversos con consumos superiores a tres tazas de café diarias, lo que sugiere un rango de seguridad amplio. No obstante, para personas con hipertensión, ansiedad o sensibilidad a la cafeína, se recomienda precaución y seguimiento médico individualizado.

En sistemas de salud enfocados en el envejecimiento poblacional, como ocurre en Europa, Asia y América del Norte, estas evidencias podrían integrarse en campañas de prevención cognitiva. La difusión de hábitos de vida que contribuyan a mantener la función cerebral es considerada una de las medidas más costo-efectivas frente al creciente impacto social y económico de las demencias.

Un panorama en evolución

El estudio del café y el té como aliados de la salud cerebral se inscribe en un movimiento más amplio que busca comprender la relación entre estilo de vida y neurodegeneración. Mientras la ciencia continúa explorando los mecanismos detrás de esta conexión, los datos disponibles invitan a un enfoque equilibrado: valorar los posibles beneficios del consumo moderado sin caer en la idea de que existe una solución única o mágica contra la demencia.

A medida que la investigación avanza, surge un consenso: el cerebro envejece mejor cuando el cuerpo y la mente se mantienen activos, y el café o el té pueden ser, al menos en parte, una compañía útil en ese proceso.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.