Compuestos de cúrcuma y ruibarbo frente a bacterias resistentes

Un reciente estudio de la Universidad Estatal de Utah ha identificado que compuestos de cúrcuma y ruibarbo pueden ralentizar el crecimiento de bacterias resistentes a los antibióticos presentes en aguas residuales, un hallazgo que abre una nueva vía de investigación frente a una crisis sanitaria global.

Un problema creciente para la salud pública mundial

La resistencia a los antibióticos es considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una de las principales amenazas para la salud global. Cada año, aproximadamente 1,27 millones de muertes en todo el mundo están vinculadas directamente a infecciones bacterianas resistentes a estos fármacos, según cifras publicadas en The Lancet. Desde la década de 1940, los antibióticos han transformado la medicina moderna al permitir intervenciones quirúrgicas seguras y la curación de infecciones antes mortales. Sin embargo, su uso indiscriminado en medicina y ganadería ha acelerado la evolución de bacterias capaces de sobrevivir a estos tratamientos.

El problema se ha agudizado desde la pandemia de COVID-19. Datos del Centers for Disease Control and Prevention (CDC) indican que las infecciones hospitalarias por bacterias resistentes aumentaron un 20% durante 2020 y no han retornado a niveles previos. Estas bacterias no necesariamente generan infecciones más graves que las no resistentes, pero sí complican significativamente su tratamiento, alargando hospitalizaciones y aumentando los costos sanitarios.

Qué reveló el nuevo estudio sobre cúrcuma y ruibarbo

En este contexto, un equipo de investigación de la Universidad Estatal de Utah analizó compuestos naturales presentes en la cúrcuma (Curcuma longa) y el ruibarbo (Rheum rhabarbarum). Los científicos, liderados por la ingeniera biológica Liyuan Hou, buscaron alternativas no farmacológicas para limitar la propagación de bacterias resistentes en sistemas hídricos urbanos. Identificaron nueve tipos de bacterias multirresistentes en aguas residuales, algunas de las cuales pueden transferir genes de resistencia a microorganismos aún más patógenos.

Para frenar su proliferación, el equipo evaluó varias sustancias naturales y encontró que la curcumina —presente en la cúrcuma— y la emodina —extraída del ruibarbo— destacaban por su efecto inhibidor. Estos compuestos lograron ralentizar el crecimiento bacteriano y dificultar la formación de biofilms, estructuras colectivas que las bacterias utilizan para adherirse a superficies y resistir desinfectantes o antibióticos.

“Cuando las bacterias forman biofilm, se vuelven más difíciles de eliminar”, explicó Hou en declaraciones difundidas por Verywell Health. “Si podemos utilizar compuestos naturales que limiten esa formación, podríamos inhibir su expansión antes de que llegue a representar una amenaza seria”, añadió.

¿Cómo actúan los compuestos naturales contra bacterias resistentes?

La curcumina, el principal componente activo de la cúrcuma, posee propiedades antimicrobianas bien documentadas. Su estructura polifenólica le permite interferir en la comunicación celular bacteriana y alterar la integridad de las membranas. Esto no implica que destruya por completo las bacterias resistentes, pero sí que puede debilitar su capacidad de multiplicarse y adherirse a superficies.

La emodina, por su parte, actúa de manera complementaria. Este compuesto antraquinónico del ruibarbo se ha estudiado previamente por su capacidad de interrumpir la replicación de ADN bacteriano. Los investigadores observaron que, en combinación, ambos compuestos reducían la densidad bacteriana hasta en un 40% en condiciones controladas.

No obstante, los científicos aclaran que estos efectos no convierten a la cúrcuma y el ruibarbo en sustitutos de los antibióticos. Su potencial radica más en prevenir o mitigar la diseminación de bacterias resistentes en entornos ambientales, como plantas de tratamiento de aguas o sistemas de distribución de agua potable.

Por qué los compuestos de cúrcuma y ruibarbo no reemplazan los antibióticos

Los antimicrobianos naturales como los identificados en este estudio pueden contribuir a reducir la carga bacteriana en entornos no clínicos, pero no tienen la potencia ni la especificidad de los antibióticos. Mientras los fármacos sintéticos están diseñados para atacar procesos biológicos concretos de las bacterias patógenas, los compuestos naturales ejercen efectos más generales.

Hou sugiere que su aplicación más inmediata podría darse en la purificación de agua o el saneamiento ambiental, donde pequeñas concentraciones de estas sustancias podrían ayudar a controlar biofilms o limitar la resistencia microbiana en los sistemas. “Existen procesos de desinfección a gran escala, como el uso de cloro, pero incorporar moléculas naturales podría reforzar esa protección sin recurrir a químicos más agresivos”, explicó.

Los investigadores también advierten que una incorrecta interpretación del hallazgo podría fomentar el uso indiscriminado de suplementos de cúrcuma o ruibarbo con fines medicinales, algo que carece de respaldo científico. “No se trata de ingerir cúrcuma para curar infecciones resistentes”, puntualizó Hou. “Nuestra investigación se centra exclusivamente en el contexto ambiental.”

¿Por qué sigue aumentando la resistencia a los antibióticos?

La resistencia bacteriana se desarrolla cuando los microorganismos son expuestos repetidamente a antibióticos y logran adaptarse. El proceso puede acelerarse por el uso indebido de estos fármacos, ya sea por automedicación, interrupción prematura de tratamientos o utilización en infecciones virales, donde resultan ineficaces. Según la OMS, hasta el 50% de las prescripciones antibióticas no son apropiadas.

Durante décadas, la industria farmacéutica se apoyó en un flujo constante de nuevos antibióticos, pero desde los años 2000 el desarrollo de nuevas moléculas se ha ralentizado. En la actualidad, menos de 50 nuevos antibióticos se encuentran en fase de ensayo clínico, y muchos enfrentan reducciones en su efectividad a medida que aparecen variantes bacterianas resistentes.

Esta escasez de innovaciones farmacéuticas ha impulsado la búsqueda de estrategias complementarias, como las que investiga el equipo de Utah. El uso de compuestos naturales, fagoterapia (virus que atacan bacterias), y técnicas de edición genética son algunas líneas de investigación emergentes.

Cómo prevenir la propagación de bacterias resistentes a los antibióticos

Expertos en salud pública coinciden en que la medida más eficaz para frenar la expansión de bacterias resistentes es el uso racional de antibióticos. La farmacéutica clínica Christine Pham, del programa de administración antimicrobiana de UCLA Health, señala que la clave está en evitar el uso de estos medicamentos para tratar infecciones virales y completar siempre la dosis prescrita. “Cuando una persona interrumpe el tratamiento antes de tiempo, las bacterias supervivientes pueden hacerse más resistentes”, explicó.

Otras estrategias incluyen mantener prácticas adecuadas de higiene, especialmente el lavado frecuente de manos, el uso correcto de preservativos, y la actualización del calendario de vacunación. Incluso medidas simples, como no compartir artículos de aseo personal, pueden reducir la transmisión de bacterias resistentes en la comunidad.

En el sector veterinario, algunos países han logrado avances significativos al restringir el uso profiláctico de antibióticos en animales de granja. La Unión Europea prohibió esta práctica en 2006, lo que redujo en algunos países hasta en un 30% la presencia de cepas resistentes en productos cárnicos.

Un desafío que exige cooperación internacional

El problema de la resistencia antimicrobiana trasciende fronteras. Las bacterias no reconocen límites nacionales y pueden expandirse mediante el comercio global, los viajes y las aguas residuales internacionales. Por eso, la OMS promueve desde 2015 el Plan de Acción Global sobre Resistencia a los Antimicrobianos, que insta a gobiernos y sectores productivos a coordinar esfuerzos para reducir su uso innecesario y fortalecer los sistemas de vigilancia.

Organismos como la agencia europea ECDC y el CDC estadounidense mantienen bases de datos abiertas donde se monitorean tendencias locales y globales de resistencia. Estos registros permiten identificar patrones emergentes y orientar medidas de contención.

Un nuevo enfoque ambiental en la lucha contra las bacterias resistentes

El estudio sobre compuestos de cúrcuma y ruibarbo introduce un elemento innovador al considerar la dimensión ambiental del problema. El tratamiento de aguas residuales y la gestión de residuos hospitalarios son puntos críticos donde las bacterias resistentes pueden circular hacia el entorno. Usar compuestos naturales que frenen su crecimiento en estos sistemas podría reducir la carga microbiana antes de que alcance fuentes de agua o ecosistemas sensibles.

Aunque todavía se requieren ensayos a escala industrial para evaluar su eficacia fuera del laboratorio, los investigadores ven un potencial valioso en la incorporación de este tipo de estrategias complementarias. Incluso una disminución parcial en la proliferación bacteriana podría representar una diferencia significativa en términos de salud pública.

El hallazgo no promete una solución milagrosa, pero sí una vía de investigación que refuerza la idea de que la lucha contra las bacterias resistentes a los antibióticos requerirá intervenciones múltiples y sostenidas. Desde el uso responsable de medicamentos hasta la innovación en control ambiental, la batalla contra estas “superbacterias” depende tanto del progreso científico como de cambios sistémicos en el comportamiento humano.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.