Cirugía de género: cirujanos plásticos piden esperar hasta los 19 años

La cirugía de género está bajo revisión en Estados Unidos tras la decisión de la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos (ASPS), anunciada el martes 3 de febrero de 2026, de recomendar posponer las intervenciones quirúrgicas de afirmación de género hasta los 19 años. El cambio de postura llega en medio de una fuerte presión política, incertidumbre científica y un creciente escrutinio sobre los procedimientos a menores de edad.

Una recomendación que reconfigura el debate médico

La nueva política de la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos (ASPS) ha generado un punto de inflexión en la comunidad médica. Hasta hace pocos años, la organización reconocía que la cirugía de género podía mejorar la salud mental de adolescentes con disforia de género. Sin embargo, los voceros del grupo aseguran que la falta de evidencia sólida sobre resultados a largo plazo y los riesgos de complicaciones han motivado una reevaluación profunda.

El Dr. Scot Glasberg, expresidente del grupo y uno de los impulsores del cambio, explicó en una entrevista que “no existen datos suficientes que indiquen quién se beneficiará o no de una cirugía temprana”. Esta falta de predicción fiable llevó a la institución a adoptar una postura de cautela. Por ello, ahora se recomienda esperar hasta los 19 años antes de realizar cualquier intervención quirúrgica de reasignación sexual.

La ASPS subraya que esta orientación no implica un rechazo al tratamiento médico de afirmación de género, sino una prudencia frente a los procedimientos irreversibles. En su comunicado, la entidad insta a los cirujanos a mantener una documentación exhaustiva y a incluir en los consentimientos informados una discusión clara de los riesgos y las incertidumbres médicas.

¿Por qué los cirujanos plásticos piden esperar hasta los 19 años?

El argumento central de la ASPS está basado en la evidencia científica disponible y en las implicaciones éticas de los procedimientos quirúrgicos tempranos. Los estudios longitudinales sobre resultados de la cirugía de género en adolescentes son escasos y heterogéneos. Muchos presentan tamaños de muestra pequeños, periodos de seguimiento reducidos y ausencia de controles comparativos.

En particular, los riesgos de complicaciones quirúrgicas, como infecciones, necesidad de revisiones posteriores o insatisfacción con los resultados, son una preocupación creciente. Además, algunos especialistas alertan sobre los posibles cambios en la percepción de identidad de género durante el desarrollo adolescente. Según Glasberg, la prioridad debe ser permitir que los jóvenes alcancen una madurez neurológica y emocional suficiente antes de tomar decisiones permanentes sobre su cuerpo.

Este enfoque también busca proteger legalmente a los profesionales. Durante 2025 se registraron en Estados Unidos los primeros casos judiciales de pacientes que, años después de someterse a intervenciones de afirmación de género, denunciaron haber sido mal informados. En uno de estos procesos, un jurado de Nueva York falló a favor de una mujer que había sufrido una mastectomía siendo menor de edad, marcando el primer precedente de mala praxis en este ámbito.

Un contexto político y social de alta tensión

La decisión de la ASPS no puede separarse del contexto político que rodea al debate sobre la cirugía de género. La administración estadounidense, bajo un clima de polarización, ha respaldado recientemente políticas que restringen el acceso a tratamientos médicos relacionados con la identidad de género para menores. El subsecretario de Sanidad, Jim O’Neill, calificó la medida de la ASPS como “una victoria para la verdad biológica”.

El Tribunal Supremo de Estados Unidos permitió en 2025 que Tennessee aplicara límites a la atención médica para jóvenes transgénero. Esto estableció un precedente que facilitó la implementación de restricciones similares en más de veinte estados. En paralelo, se anunció el fin de los fondos federales destinados a hospitales que ofrecían tratamientos hormonales o quirúrgicos a menores de edad.

Otros países han seguido caminos parecidos. El Reino Unido, Finlandia y Noruega han limitado o suspendido las cirugías de afirmación de género para adolescentes. En estos contextos, las autoridades sanitarias promueven un modelo de “espera vigilante”, priorizando apoyo psicológico y cuidados no invasivos.

¿Qué implicaciones tiene la medida para adolescentes trans y sus familias?

Para muchos jóvenes trans y sus familias, la cirugía de género representa una etapa crucial en el proceso de afirmación de la identidad. Organizaciones defensoras de los derechos trans han expresado preocupación por la posibilidad de que estas recomendaciones restrinjan el acceso a tratamientos legítimos. Argumentan que los retrasos pueden intensificar el malestar emocional asociado con la disforia de género y acrecentar los riesgos psicológicos.

No obstante, desde la perspectiva médica, la ASPS sostiene que las intervenciones deben evaluarse caso a caso. La organización no prohíbe las cirugías en menores, pero recomienda hacerlo solo en circunstancias excepcionales y tras una evaluación multidisciplinaria. En esas valoraciones deben intervenir psiquiatras, endocrinólogos, psicólogos y especialistas en ética médica.

Datos del Instituto Williams, de la Universidad de California en Los Ángeles, estiman que alrededor del 1,4% de los jóvenes estadounidenses de entre 13 y 17 años se identifican como transgénero. De ellos, solo una fracción busca o accede a tratamientos quirúrgicos. Según estadísticas del American Journal of Public Health, menos del 1% de los adolescentes trans en EE. UU. se somete a cirugías antes de los 18 años.

Historia reciente de la cirugía de género en menores

Hasta la década de 2010, la cirugía de género en adolescentes se consideraba excepcional. Sin embargo, el crecimiento del acceso a tratamientos de afirmación y la mayor visibilidad de las identidades trans impulsaron un aumento de cirugías de tórax en personas menores de 18 años. Entre 2016 y 2022, se estima que más de 1.500 adolescentes se sometieron a una mastectomía doble en hospitales estadounidenses.

En 2019, la ASPS mantenía una postura favorable, considerando la cirugía como parte de una atención médica integral. Pero el surgimiento de estudios que cuestionan la estabilidad de los resultados y el crecimiento de casos de detransición —personas que revierten su proceso— modificaron el consenso inicial. Para 2024, la organización inició una revisión sistemática de sus pautas clínicas, concluyendo que la evidencia presenta una “incertidumbre considerable sobre los beneficios a largo plazo”.

¿Cómo afecta esta decisión al campo de la medicina transgénero?

La comunidad científica y médica dedicada a la medicina transgénero enfrenta un dilema. Por un lado, se reconoce la necesidad de garantizar el bienestar de pacientes jóvenes con diagnóstico confirmado de disforia de género; por otro, hay un llamado a reforzar los estándares de evidencia. Kinnon Ross MacKinnon, investigador de la Universidad York en Toronto, ha señalado que la decisión de la ASPS refleja tanto “la presión política como el aumento de los riesgos legales” que asumen los cirujanos.

MacKinnon explica que la situación actual exige establecer protocolos internacionales consistentes y fomentar la transparencia en torno a los resultados clínicos. A su juicio, la comunicación clara sobre incertidumbres, alternativas no quirúrgicas y potenciales cambios en la identidad de género con el tiempo, debe formar parte del proceso médico.

El debate también alcanza las universidades y centros de formación médica. Algunas facultades de medicina, como las agrupadas en la Asociación de Colegios Médicos Americanos (AAMC), promueven una visión equilibrada centrada en la salud integral del paciente. Para ellos, la cirugía de género no debe verse como un tratamiento aislado, sino como un componente dentro de un continuum de atención que incluye apoyo psicológico, social y endocrinológico.

Riesgos, derechos y próxima etapa del debate

Más allá de las decisiones institucionales, la recomendación de la ASPS reactiva una discusión central en bioética: ¿cuándo un individuo posee la capacidad plena para consentir procedimientos médicos irreversibles? La respuesta depende no solo de la edad cronológica, sino también del desarrollo cognitivo y la comprensión emocional del paciente sobre las consecuencias a largo plazo.

El impacto futuro de esta postura aún está por definirse. Las asociaciones profesionales podrían revisar sus guías clínicas en respuesta al nuevo estándar de prudencia. Mientras tanto, las familias y los pacientes jóvenes atravesarán un escenario de incertidumbre regulatoria, en el que cada decisión médica estará sujeta a un escrutinio reforzado.

Los defensores de los derechos trans insisten en que cualquier medida debe equilibrar protección y autonomía. Reclaman que los adolescentes con apoyo familiar y atención médica adecuada puedan acceder a tratamientos individualizados. En cambio, los grupos más conservadores sostienen que ninguna decisión permanente debería tomarse antes de la adultez legal.

Un equilibrio entre cautela científica y respeto por la identidad

La decisión de la ASPS no clausura el debate, sino que subraya la necesidad de un consenso multidisciplinario. En la práctica, las cirugías de afirmación de género seguirán disponibles para adultos y se aplicarán en adolescentes solo bajo supervisión estricta. El desafío para los próximos años será definir estándares transparentes y éticamente sostenibles que equilibren la madurez del paciente, la evidencia disponible y la autonomía individual.

El caso estadounidense podría servir como modelo o advertencia para otros sistemas sanitarios. El equilibrio entre precaución médica y derechos humanos seguirá siendo uno de los ejes más sensibles en el campo de la cirugía de género durante la próxima década.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.