La terapia celular contra el cáncer dio un paso decisivo en enero de 2024, cuando un equipo de la Universidad de Columbia Británica (UBC) en Canadá demostró cómo generar de manera consistente células T colaboradoras humanas a partir de células madre. Este hallazgo elimina una de las principales limitaciones que impedían la producción a gran escala de tratamientos inmunológicos, abriendo la puerta a terapias más accesibles contra diversas enfermedades.
Producción controlada de células T desde células madre
El estudio, publicado en la revista Cell Stem Cell, describe un proceso de laboratorio que permite dirigir el desarrollo de células madre hacia dos tipos de células inmunes fundamentales: las células T colaboradoras y las citotóxicas o “asesinas”. Ambas juegan papeles complementarios en las defensas del organismo. Hasta ahora, los científicos habían logrado reproducir de forma estable solo las citotóxicas, pero no las colaboradoras, esenciales para coordinar respuestas inmunes duraderas.
La terapia celular contra el cáncer se basa en aprovechar estas células del sistema inmune para atacar tumores. Sin embargo, los altos costos y la complejidad técnica de los tratamientos personalizados han limitado su acceso. La posibilidad de generarlas a partir de fuentes renovables marca un punto de inflexión en el campo biomédico.
¿Qué representa este avance científico?
De acuerdo con el doctor Peter Zandstra, profesor y director de la Escuela de Ingeniería Biomédica de la UBC, el principal obstáculo hasta ahora era la falta de una metodología confiable para obtener ambos tipos de células T. Su equipo descubrió cómo ajustar una señal biológica –denominada “Notch”– que guía la diferenciación celular. Cuando esta señal se controla cuidadosamente, las células madre pueden transformarse en células T específicas según el momento y la intensidad del estímulo.
El hallazgo significa que los laboratorios podrán producir células inmunológicas en condiciones estandarizadas y reproducibles. En la práctica, esto se traduce en procesos de fabricación escalables con impacto directo en la disponibilidad de tratamientos para cáncer y enfermedades autoinmunes.
Según datos de la consultora Grand View Research, el mercado mundial de terapias celulares superó los 12.000 millones de dólares en 2023 y podría alcanzar más de 60.000 millones en 2032, con una tasa de crecimiento superior al 20%. La reducción de los costos de producción mediante tecnologías derivadas de células madre podría acelerar esta tendencia y ampliar su aplicación clínica.
Cómo funciona la terapia celular contra el cáncer
Las terapias de células T modificadas, como las CAR-T, consisten en reprogramar linfocitos del propio paciente para que reconozcan y destruyan células tumorales. Estos tratamientos han mostrado tasas de remisión del 40% al 60% en ciertos tipos de leucemia y linfoma, según la FDA. No obstante, el proceso suele tomar entre cuatro y seis semanas por paciente, un tiempo crítico para personas con enfermedades agresivas.
La idea de una terapia “lista para usar”, basada en células madre preproducidas, reduciría significativamente los tiempos y la dependencia de la condición inmunológica del enfermo. De concretarse, los hospitales podrían disponer de un inventario estandarizado de células adaptables a distintos perfiles genéticos.
La doctora Megan Levings, coautora del estudio, explicó que el objetivo final es disponer de un sistema universal: “Queremos terapias fabricadas con anticipación, derivadas de células madre, que estén disponibles en el momento en que los pacientes las necesiten”. Este modelo imita la lógica industrial de los fármacos convencionales, pero aplicándola a terapias biológicas.
¿Por qué eran tan difíciles de obtener las células T colaboradoras?
El desarrollo natural de las células T en el organismo ocurre en el timo, un órgano donde las células madre se programan para reconocer amenazas. Replicar este entorno en laboratorio representa un desafío por su complejidad bioquímica. El equipo de UBC utilizó señales químicas temporizadas que imitan los procesos de maduración celular y confirmaron que las células generadas mostraban comportamientos equivalentes a las naturales, incluyendo su capacidad de comunicarse y activar otras células inmunes.
“Estas células no solo se parecen morfológicamente a las verdaderas, también funcionan igual”, indicó Kevin Salim, doctorando participante en la investigación. Los análisis moleculares confirmaron que las células cultivadas expresaban receptores típicos y podían transformarse en subtipos especializados, un criterio clave para su uso terapéutico.
Este avance también permite estudiar nuevas aplicaciones, como las células T reguladoras, que controlan respuestas inmunes exageradas y podrían emplearse contra enfermedades autoinmunes o en trasplantes.
Implicaciones en la fabricación y la regulación
La escalabilidad de los procesos es fundamental para que la terapia celular contra el cáncer deje de ser un tratamiento de nicho. Actualmente, producir una tanda de células T modificadas puede costar más de 300.000 dólares por paciente. Los modelos basados en células madre reducen drásticamente el tiempo de cultivo, la variabilidad y el riesgo de contaminación, aspectos que encarecen la producción.
Además, la transición hacia terapias estandarizadas requerirá la actualización de marcos regulatorios. La Agencia Europea de Medicamentos y la FDA estadounidense han establecido guías para productos de terapias avanzadas, pero el ritmo de innovación supera su capacidad de adaptación. Expertos en bioética advierten sobre la necesidad de protocolos que garanticen trazabilidad y seguridad sin frenar la investigación.
En Canadá, donde se desarrolló la investigación, el gobierno ha destinado más de 100 millones de dólares en la última década a centros de biomanufactura destinados a terapias celulares regenerativas. Esta infraestructura será esencial para trasladar los descubrimientos de la UBC a ensayos clínicos y, posteriormente, a la práctica médica.
¿Qué desafíos quedan por delante?
Pese al entusiasmo de la comunidad científica, existen obstáculos considerables. Uno de ellos es la validación de que las células generadas en laboratorio se comporten igual dentro del cuerpo humano. Esto requiere ensayos clínicos en varias fases y pruebas toxicológicas extensas. Además, reproducir la diversidad genética de los pacientes sigue siendo un reto; las terapias deben evitar reacciones inmunológicas adversas o rechazo.
Investigadores de otros centros, como el Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU., han señalado que las combinaciones de células T cultivadas podrían potenciar los efectos de las terapias actuales. Sin embargo, advierten que solo una porción de las tecnologías prometedoras alcanza el mercado. Entre 2017 y 2023, apenas una decena de terapias celulares obtuvo aprobación regulatoria en todo el mundo.
A nivel industrial, también se investiga la automatización del proceso. Empresas especializadas están desarrollando biorreactores cerrados que integran monitoreo digital y control de calidad en tiempo real. Este tipo de equipamiento será clave para la producción a gran escala y la reducción de costos.
Perspectiva histórica del campo
La idea de manipular células inmunes para atacar tumores se remonta a los años 80, cuando los primeros ensayos demostraron que los linfocitos activados podían reconocer células malignas. En 2012, la aprobación de la primera terapia CAR-T marcó el inicio de una nueva era en oncología. Desde entonces, la investigación ha pasado de intervenciones experimentales a plataformas personalizadas con resultados comprobados en pacientes pediátricos y adultos.
Sin embargo, los expertos coinciden en que la falta de células T colaboradoras ha limitado la eficacia de los tratamientos a largo plazo. Estas son las encargadas de mantener la memoria inmunológica y coordinar la respuesta frente a recaídas tumorales. La técnica presentada por la UBC permite, por primera vez, incorporar este componente de manera programada y predecible.
Posibles efectos económicos y de acceso
La Organización Mundial de la Salud estima que cada año se diagnostican cerca de 20 millones de nuevos casos de cáncer. De ellos, menos del 1% recibe terapias celulares debido a restricciones de infraestructura y costo. Si el proceso descrito se adapta con éxito a la industria, expertos anticipan una reducción de entre el 40% y el 60% en los precios de manufactura.
Algunos analistas sugieren que este cambio podría transformar la cadena de suministro biomédica. Laboratorios centralizados producirían lotes de células madre diferenciadas y los distribuirían a hospitales, donde se modularían según la necesidad del paciente. Este modelo, conocido como “manufactura distribuida”, ya se prueba en el Reino Unido y en Japón con terapias génicas.
El impacto potencial va más allá del cáncer. Las mismas técnicas podrían emplearse para combatir infecciones crónicas, como el VIH, o afecciones autoinmunes. La capacidad de regular la producción de subtipos específicos de células T abre la puerta a estrategias de medicina de precisión sin depender del sistema inmunológico individual.
Un nuevo horizonte para la medicina celular
La investigación de la Universidad de Columbia Británica redefine las posibilidades de ingeniería inmunológica. Por primera vez, la ciencia dispone de un método reproducible para generar células T colaboradoras, pieza faltante en el desarrollo de terapias accesibles y consistentes. Aunque aún faltan etapas para su aplicación clínica, el avance consolida a la terapia celular contra el cáncer como uno de los pilares más prometedores de la biomedicina moderna.
El camino hacia tratamientos más equitativos y escalables exige cooperación entre investigadores, gobiernos y la industria. Si los ensayos clínicos confirman la eficacia observada en laboratorio, el principio de 2024 podría recordarse como un punto de inflexión en la historia de las terapias inmunes y en la lucha global contra el cáncer.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.






