El uso de suplementos de calostro ha ganado popularidad en redes sociales y tiendas naturistas en 2024. Prometen reforzar la inmunidad y mejorar la salud intestinal, pero los científicos advierten que la evidencia clínica que respalda estas afirmaciones es limitada. Este reportaje analiza qué se sabe realmente sobre su eficacia y las implicaciones de su consumo.
El auge contemporáneo de los suplementos de calostro
La palabra suplementos de calostro se ha convertido en uno de los términos más buscados en el ámbito de la nutrición funcional. Derivado de la primera secreción láctea que los mamíferos producen tras el parto, el calostro bovino ha pasado de ser un subproducto veterinario a un componente estrella de la industria de bienestar. En plataformas como TikTok y YouTube, miles de usuarios describen sus supuestos beneficios: fortalecimiento del sistema inmunitario, mejor digestión e incluso efectos rejuvenecedores de la piel. La etiqueta #colostrum acumula millones de visualizaciones.
El fenómeno no es casual. El mercado global de suplementos nutricionales alcanzó un valor estimado de 151.000 millones de dólares en 2023 y crece a una tasa anual superior al 8 %, según la firma Grand View Research. Dentro de ese segmento, los productos derivados del calostro han experimentado un crecimiento del 19 % interanual, impulsado principalmente por consumidores menores de 40 años interesados en refuerzo inmunológico pospandemia.
¿Qué compuestos contiene el calostro bovino y cómo actúan?
El calostro es un fluido biológico altamente concentrado en proteínas, inmunoglobulinas, lípidos y factores de crecimiento. Su función primaria en los mamíferos recién nacidos es proporcionar inmunidad pasiva y acelerar la maduración intestinal. En el caso del calostro bovino, los estudios demuestran una presencia significativa de anticuerpos IgG, junto con minerales esenciales como calcio, fósforo, zinc y magnesio.
De acuerdo con Federica Amati, investigadora del Imperial College de Londres, el perfil proteico del calostro de vaca difiere del humano en que contiene más caseína y menos proteínas del suero. Este desequilibrio condiciona su absorción. Pese a su densidad nutricional, los expertos advierten que la bioviabilidad de estos compuestos se reduce drásticamente tras su procesamiento industrial y exposición al ambiente ácido del estómago.
Los productores de suplementos suelen emplear procesos de pasteurización y liofilización para conservar sus componentes. Sin embargo, las inmunoglobulinas y factores de crecimiento son estructuras sensibles que pueden denaturarse con facilidad. En consecuencia, la cantidad efectiva que llega al intestino es incierta y variable según el fabricante.
¿Por qué es esencial el calostro en los recién nacidos?
En recién nacidos humanos y animales, el calostro actúa como la primera línea de defensa inmunológica. Contiene anticuerpos maternos que el lactante no puede producir por sí mismo durante las primeras semanas de vida. Además, facilita la colonización inicial de bacterias beneficiosas en el intestino, formando la base del microbioma.
La Organización Mundial de la Salud insiste en que la administración temprana de calostro humano reduce en más de un 40 % la incidencia de infecciones respiratorias y gastrointestinales graves en recién nacidos. En los partos prematuros, su ausencia se asocia con mayor riesgo de enterocolitis necrotizante, una condición inflamatoria intestinal potencialmente mortal. Estos datos refuerzan su importancia biológica en etapas iniciales de desarrollo.
No obstante, el contexto fisiológico del adulto es completamente distinto. El microbioma intestinal se estabiliza alrededor de los tres años de edad, y el sistema inmunitario ya cuenta con memoria celular para responder ante agentes infecciosos. Por eso, trasladar los efectos del calostro neonatal al consumo adulto supone una extrapolación con escaso respaldo experimental.
¿Qué evidencia científica respalda los suplementos de calostro en adultos?
La base empírica sobre los suplementos de calostro en adultos es reducida y heterogénea. Una revisión publicada en Nutrients (2021) analizó investigaciones sobre su uso en atletas y concluyó que podría existir una leve reducción en la incidencia de infecciones respiratorias; sin embargo, los estudios involucraban grupos pequeños y periodos de intervención cortos. En 2024, un metaanálisis en Systematic Reviews Journal consideró la evidencia como insuficiente para recomendar su uso clínico.
Al menos un ensayo en 2015 con niños malnutridos en entornos de bajos ingresos observó mejoras limitadas en recuperación nutricional al incluir calostro bovino en la dieta. Pero ese contexto difiere radicalmente del de un adulto saludable que consume suplementos comerciales. Ningún estudio de calidad ha demostrado que el calostro mejore la función inmunitaria o gastrointestinal en población general.
Además, los suplementos no son regulados por la FDA ni por la Agencia Europea de Medicamentos como productos farmacéuticos. Ello implica que pueden comercializarse sin pruebas de eficacia ni estándares homogéneos de concentración. Esto conlleva un alto grado de variabilidad en la cantidad real de inmunoglobulinas o factores de crecimiento presentes en cada producto.
Posibles riesgos y limitaciones de su consumo
Entre las advertencias médicas, destacan las dirigidas a personas con alergia a la proteína de la leche, ya que el calostro bovino contiene caseína, el mismo alérgeno presente en la leche convencional. También existen consideraciones para individuos inmunodeprimidos o con enfermedades autoinmunes, pues la introducción de proteínas inmunoactivas podría generar respuestas indeseadas.
Algunos efectos adversos reportados incluyen molestias gastrointestinales leves y reacciones alérgicas. No existen registros de toxicidad grave, pero la ausencia de controles oficiales deja un margen de incertidumbre. Los expertos recalcan la necesidad de que futuros ensayos clínicos evalúen la biodisponibilidad real del producto y su impacto fisiológico a largo plazo.
¿Por qué los consumidores creen que funcionan?
El auge mediático de los suplementos de calostro se explica también por factores psicológicos y sociales. La búsqueda de soluciones rápidas para fortalecer la inmunidad tras la pandemia de COVID‑19 impulsó la demanda de complementos con etiquetas “naturales”. Los testimonios en redes sociales suelen presentarse como pruebas empíricas, influyendo en la percepción pública. El placebo puede desempeñar un papel central: cuando las expectativas de mejora son altas, la percepción subjetiva de bienestar también se eleva.
En palabras de la nutricionista Aliza Marogy, una parte importante del efecto positivo comunicado por los usuarios puede deberse a la atención adicional que prestan a su salud general cuando comienzan a tomar el suplemento. Cambios concomitantes en dieta o descanso podrían explicar la sensación de mejora más que el producto en sí.
Tendencias del mercado y marco regulatorio
La comercialización del calostro como suplemento alimentario se remonta a mediados de la década de 1990, pero su expansión global tomó verdadera fuerza a partir de 2020. En Estados Unidos y Reino Unido, múltiples empresas promueven cápsulas, polvos solubles y bebidas enriquecidas con calostro en puntos de venta físicos y plataformas online. En América Latina, el auge aún es incipiente pero crece con rapidez en México y Chile, impulsado por importaciones de marcas neozelandesas.
Al carecer de estandarización, los productos pueden variar desde 0,5 % hasta 30 % de contenido activo, lo que dificulta su comparación científica. En la Unión Europea, el calostro bovino está autorizado como ingrediente alimentario, pero no puede atribuirse a él propiedades terapéuticas específicas sin aprobación de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).
Los investigadores plantean que, si bien no hay evidencia de daño agudo, el uso indiscriminado sin supervisión profesional puede fomentar una falsa sensación de seguridad y desplazar prácticas de salud probadas, como la vacunación o una alimentación equilibrada.
Alternativas respaldadas para la salud digestiva e inmunitaria
La relación entre el intestino y el sistema inmunitario está sólidamente documentada. Los estudios más robustos apoyan estrategias centradas en el consumo de fibra dietética, prebióticos y alimentos fermentados como yogur o kéfir. Tales prácticas promueven un microbioma más diverso y estable, lo que se traduce en mayor resistencia ante patógenos.
Por su parte, los suplementos probióticos —cuando son elegidos adecuadamente y bajo asesoría— contienen microorganismos vivos capaces de colonizar temporalmente el intestino. En cambio, el calostro procesado carece de bacterias vivas; su acción dependería de proteínas que raramente sobreviven íntegras al tránsito digestivo. Es por ello que la comunidad científica considera más prometedor fortalecer la dieta que añadir extractos de calostro.
Perspectivas de investigación
Aun con la escasez de evidencia robusta, el interés académico en el calostro no desaparece. Laboratorios en Australia, Nueva Zelanda y Japón exploran la posibilidad de aislar péptidos bioactivos del calostro capaces de actuar como inmunomoduladores o protectores intestinales. Sin embargo, los hallazgos aún se limitan a experimentos in vitro y modelos animales. La aplicación humana tardará años en validarse.
El desarrollo tecnológico también abre debate sobre la sostenibilidad. La obtención de calostro depende del ganado lechero, lo que plantea interrogantes éticos y medioambientales relacionados con la sobreexplotación y la huella de carbono. Algunas startups biotecnológicas exploran alternativas basadas en proteínas recombinantes que imitarían los componentes del calostro sin requerir extracción animal.
Un debate en construcción
Los suplementos de calostro simbolizan la intersección entre ciencia, marketing y cultura digital. Su popularidad demuestra cómo las narrativas de salud pueden expandirse con rapidez sin evidencia concluyente, impulsadas por redes sociales y por una industria que se mueve más velozmente que la investigación. Mientras tanto, los especialistas coinciden en un punto: el bienestar inmunológico no depende de un único compuesto sino de la interacción compleja entre alimentación, descanso, ejercicio y vacunación.
En este contexto, el calostro puede seguir atrayendo atención como parte de la curiosidad pública hacia los llamados “superalimentos”, pero los datos disponibles lo ubican aún lejos de constituir un suplemento esencial. Para la mayoría de los adultos sanos, una dieta balanceada sigue siendo la herramienta más efectiva y comprobada para mantener un sistema inmunológico funcional.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.

