La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, instó a Irán a asegurar cuanto antes el tránsito seguro de embarcaciones de todos los países a través del estrecho de Ormuz, en una conversación telefónica con el presidente iraní Masoud Pezeshkian en medio de la persistente tensión en Medio Oriente.
Tras el diálogo, Takaichi explicó que trasladó a su par iraní la preocupación de Tokio por la situación en la región y la necesidad de restablecer la estabilidad en una de las rutas marítimas más importantes del mundo para el transporte de petróleo. También subrayó la importancia de retomar las negociaciones entre Estados Unidos e Irán con el objetivo de alcanzar un acuerdo definitivo que ponga fin al conflicto.
En ese marco, la mandataria japonesa valoró como una señal positiva el reciente paso de un petrolero de propiedad japonesa por el estrecho, ocurrido a comienzos de la semana. Aun así, dejó en claro que la situación sigue siendo delicada y requiere esfuerzos diplomáticos sostenidos.
Japón depende en gran medida del crudo proveniente de Medio Oriente, y buena parte de esos suministros atraviesan el estrecho de Ormuz. Por eso, las interrupciones en esa vía, que se han repetido desde el inicio de la guerra a fines de febrero, han obligado al país a buscar alternativas para garantizar su seguridad energética.
Takaichi señaló que su gobierno continuará impulsando gestiones diplomáticas y coordinaciones con los países involucrados para evitar una mayor escalada y proteger el flujo de recursos. En ese sentido, confirmó que Japón e Irán mantendrán un canal de comunicación activo en los próximos días.
No es la primera vez que ambos líderes conversan desde el inicio de la crisis. A comienzos de abril ya habían mantenido un contacto telefónico tras el anuncio de una tregua condicionada entre Washington y Teherán. Sin embargo, desde entonces las negociaciones entre ambos países permanecen estancadas, lo que mantiene la incertidumbre sobre el futuro del conflicto y sus efectos en los mercados energéticos.
El llamado refleja la preocupación de Tokio por el impacto directo que la inestabilidad en la región tiene sobre su economía, en un contexto en el que asegurar el suministro energético se ha convertido en una prioridad estratégica.







