El primer ministro de Canadá, Mark Carney, inició su primera visita oficial a India con el objetivo de diversificar el comercio canadiense más allá de Estados Unidos y recomponer una relación bilateral que atravesó uno de sus peores momentos en años recientes. Carney llegó a Mumbai tras partir de Ottawa y tiene previsto continuar su gira por Australia y Japón.
El viaje se produce en un contexto de crecientes tensiones con Washington. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha sido percibido en Canadá como una amenaza para la economía y la soberanía del país, especialmente tras sugerir que Canadá debería convertirse en el “estado número cincuenta y uno”. Además, Trump ha intensificado la presión comercial con amenazas de aranceles elevados en respuesta a acuerdos que Ottawa explora con otras potencias.
Analistas señalan que la retórica y las políticas de la Casa Blanca están empujando a Canadá a ampliar sus vínculos económicos con socios distintos de Estados Unidos, incluidos mercados como India y China. En ese marco, Nueva Delhi representa una pieza clave por el tamaño de su economía y su peso creciente en el comercio global.
Las relaciones entre Canadá e India, sin embargo, arrastran un historial reciente de fuertes fricciones. En dos mil veintitrés, el entonces primer ministro Justin Trudeau afirmó en el Parlamento que existían acusaciones creíbles sobre la posible implicación de India en el asesinato del líder separatista sij Hardeep Singh Nijjar en las afueras de Vancouver. Nueva Delhi rechazó enérgicamente las acusaciones y acusó al gobierno canadiense de tolerar a extremistas.
El caso profundizó el deterioro diplomático, especialmente después de que autoridades canadienses denunciaran que diplomáticos indios habrían compartido información sobre activistas sijs con su gobierno, lo que supuestamente derivó en actos de intimidación y violencia. La situación generó un enfriamiento sin precedentes en los vínculos bilaterales.
No obstante, ambos países acordaron el año pasado restablecer servicios diplomáticos y avanzar en conversaciones comerciales. India se ubicó como uno de los principales socios comerciales de Canadá y el gobierno de Carney ha fijado como meta duplicar las exportaciones no destinadas a Estados Unidos en la próxima década, en respuesta al impacto de los aranceles estadounidenses sobre la inversión.
Desde el ámbito académico se interpreta la visita como parte de una estrategia más amplia para estabilizar relaciones y priorizar el pragmatismo económico. Sin embargo, representantes de la comunidad sij en Canadá han criticado el acercamiento, al considerarlo una concesión frente a un gobierno al que acusan de no haber rendido cuentas por los episodios denunciados.
La gira de Carney refleja un reajuste en la política exterior canadiense, orientado a reducir vulnerabilidades frente a la presión comercial estadounidense y a consolidar lazos con potencias emergentes en un escenario internacional marcado por la competencia económica y el uso de aranceles como herramienta política.







