Las tensiones diplomáticas entre China y Japón volvieron a escalar este lunes, luego de que Pekín anunciara que el primer ministro chino, Li Qiang, no tiene previsto reunirse con su homóloga japonesa, Sanae Takaichi, al margen de la cumbre del G20 que se celebrará este fin de semana en Sudáfrica. La decisión llega en un momento en el que ambos gobiernos chocan abiertamente por recientes declaraciones de Takaichi sobre un posible involucramiento japonés en un conflicto en Taiwán.
El anuncio chino coincidió con la llegada a Pekín de Masaaki Kanai, director general del Buró de Asuntos Asiáticos y Oceánicos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón, quien busca rebajar la tensión diplomática que ya comienza a impactar sectores como el turismo y los intercambios académicos. Su visita ocurre pocos días después de que China convocara al embajador japonés Kenji Kanasugi para exigir que Takaichi retire sus declaraciones.
La controversia se originó el 7 de noviembre, cuando la primera ministra japonesa afirmó ante un comité parlamentario que un eventual ataque militar chino contra Taiwán podría constituir una “situación que amenace la supervivencia” de Japón, sugiriendo la posibilidad de una respuesta que implique a las Fuerzas de Autodefensa. Pekín, que considera a Taiwán una provincia rebelde y la cuestión taiwanesa un “asunto interno”, acusó a Tokio de cruzar una línea roja y de interferir en su “causa de reunificación”.
China respondió endureciendo su postura y recomendó a sus ciudadanos evitar viajar a Japón, además de pedir a quienes planeaban estudiar en ese país reconsiderar sus planes. Las advertencias se emitieron en paralelo a un episodio diplomático adicional: un polémico mensaje en redes sociales del cónsul chino en Osaka, Xue Jian, quien escribió que estaría dispuesto a “cortar un cuello sucio sin dudarlo”. Tokio protestó formalmente por la amenaza.
Desde Japón, el portavoz gubernamental Minoru Kihara criticó las advertencias de viaje chinas por contradecir el acuerdo alcanzado el 31 de octubre entre Takaichi y el presidente Xi Jinping para fortalecer una “relación estratégica y mutuamente beneficiosa”. Sin embargo, ese espíritu parece haberse evaporado rápidamente, pues China también canceló su participación en foros bilaterales y varias delegaciones chinas suspendieron visitas programadas a Japón.
La vocera del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Mao Ning, reiteró que no existe plan alguno para una reunión bilateral en el G20 y recordó que Japón debe “cumplir los compromisos” asumidos en el comunicado conjunto de 1972, donde Tokio reconoció al gobierno chino como el único legítimo.
El deterioro de las relaciones también coincidió con una nueva incursión de embarcaciones de la Guardia Costera china en aguas territoriales japonesas cerca de las islas Senkaku, disputadas por ambos países, lo que llevó a Tokio a presentar otra protesta formal. Mientras tanto, Taiwán llamó a Pekín a “ejercer moderación” y evitar acciones que afecten la estabilidad regional.
La disputa, que comenzó con declaraciones políticas, ya se extiende al terreno diplomático, económico y cultural, poniendo a prueba la frágil estabilidad entre las dos mayores potencias de Asia oriental.







