Corea del Sur y China retomaron esta semana en Seúl una nueva ronda de negociaciones para ampliar el tratado de libre comercio bilateral vigente desde 2015. Según informó el Ministerio de Comercio, Industria y Energía surcoreano, las delegaciones de ambos países iniciaron el lunes la duodécima ronda de conversaciones de seguimiento con el objetivo de incluir en el acuerdo áreas clave como los servicios, la inversión y el sector financiero.
Las reuniones, que se extenderán hasta el viernes, buscan avanzar en la apertura de mercado y facilitar el comercio en sectores que hasta ahora no estaban contemplados por el acuerdo original. En esta etapa, el foco está puesto en mejorar las condiciones para los intercambios en servicios y en fomentar un flujo de inversiones más fluido entre las dos principales economías de Asia Oriental.
El tratado de libre comercio entre Corea del Sur y China fue implementado en diciembre de 2015 y supuso la eliminación progresiva de aranceles sobre una amplia gama de productos. Desde entonces, el acuerdo ha contribuido a fortalecer los lazos económicos entre ambos países, aunque sus beneficios se han concentrado principalmente en el comercio de bienes. Ante ese panorama, Seúl y Pekín han venido celebrando reuniones periódicas desde 2018 para ampliar el alcance del tratado.
En esta nueva fase, ambas partes buscan avanzar hacia un marco más moderno y completo, que contemple también la integración de servicios digitales, mayor protección a las inversiones y mecanismos de resolución de disputas más eficientes. La expansión del tratado también responde a la necesidad de adaptarse a los cambios estructurales en el comercio global y a la creciente importancia del sector servicios en las economías nacionales.
Las autoridades surcoreanas han manifestado su interés en utilizar estas negociaciones para reforzar la competitividad de sus empresas en el mercado chino, especialmente en áreas como tecnología, finanzas y contenido digital. China, por su parte, también ve en este proceso una oportunidad para atraer inversión extranjera y diversificar su matriz económica en un contexto global cada vez más desafiante.
A pesar de las tensiones geopolíticas que han marcado en ocasiones la relación bilateral, ambos gobiernos han mantenido abiertos los canales de diálogo económico, apostando por una agenda pragmática que priorice la cooperación comercial. La ampliación del tratado, si se concreta, podría traducirse en un nuevo impulso para la relación económica entre Seúl y Pekín y contribuir a estabilizar un vínculo estratégico con implicancias regionales.









