China suaviza mensaje con Rusia para no tensar la relación con Japón

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Durante la última cumbre entre los presidentes de China y Rusia, Xi Jinping y Vladimir Putin, celebrada el 8 de mayo en Moscú, ambas potencias firmaron una declaración conjunta en la que evitaron referencias que pudieran incomodar a Japón. Según fuentes diplomáticas, fue el gobierno chino quien solicitó la eliminación de ciertos pasajes con el objetivo de no deteriorar los lazos con su vecino del este, en un contexto de creciente rivalidad con Estados Unidos.

El texto final, difundido tras el encuentro bilateral, se enfocó en consolidar la alianza estratégica entre Pekín y Moscú. Se acordó profundizar la confianza mutua entre sus fuerzas armadas, ampliar el alcance de los ejercicios conjuntos y llevar a cabo patrullajes regulares en mar y aire. Sin embargo, el documento evitó mencionar de manera explícita cualquier intención relacionada con la seguridad del noreste asiático, una redacción que había estado presente en los primeros borradores.

Esa frase, que hacía referencia al compromiso de China y Rusia con la estabilidad de dicha región, podría haber sido interpretada como una señal de mayores maniobras militares cerca del archipiélago japonés, algo que Tokio ha venido observando con creciente inquietud. En los últimos años, Japón ha expresado en varias ocasiones su preocupación por los vuelos coordinados de bombarderos y la navegación conjunta de buques rusos y chinos en aguas cercanas a sus costas.

Otra parte que fue finalmente retirada del texto hacía alusión al apoyo chino a inversiones en una zona económica especial rusa ubicada en las islas que Japón denomina Territorios del Norte y que Rusia administra como parte de las Kuriles del Sur. Estas islas, ocupadas por la Unión Soviética al final de la Segunda Guerra Mundial, siguen siendo un punto de fricción entre Tokio y Moscú, y han impedido hasta hoy la firma de un tratado de paz entre ambos países. La mención del interés chino en ese enclave habría supuesto un gesto político sensible que Pekín optó por omitir.

La elaboración del documento comenzó a fines del año pasado, bajo la supervisión del máximo responsable diplomático chino, Wang Yi, y fue revisado en múltiples ocasiones antes de llegar a su versión definitiva. La postura adoptada por China sugiere una intención de mantener cierta estabilidad con Japón, país que si bien mantiene disputas históricas y territoriales con Pekín, también representa un socio comercial clave en la región y es un aliado firme de Washington.

Durante la visita, Xi Jinping participó de las conmemoraciones por el Día de la Victoria en Moscú, asistiendo al desfile militar en la Plaza Roja. Fue una oportunidad para escenificar el alineamiento político entre ambos líderes, reforzado desde el inicio de la guerra en Ucrania en febrero de 2022. Pekín ha rechazado las sanciones occidentales impuestas a Rusia y ha mantenido una postura crítica frente a lo que ambos gobiernos describen como una estrategia de «doble contención» por parte de Estados Unidos.

Pese a los gestos de distensión hacia Japón, el texto final sí incluyó una exhortación a que Tokio reflexione sobre los crímenes cometidos durante la Segunda Guerra Mundial. Se instó a las autoridades japonesas a ser «cautelosas en sus palabras y acciones» en lo relativo a los temas históricos, en una referencia indirecta a las tensiones que resurgen de tanto en tanto por el tratamiento de la memoria bélica en Japón.

En paralelo, el presidente Putin expresó a Xi su intención de visitar China en septiembre próximo, para asistir a las celebraciones del 80º aniversario del fin de la guerra entre China y Japón, conocida oficialmente en Pekín como la Guerra de Resistencia contra la Agresión Japonesa.

Analistas del Instituto Nacional de Estudios de Defensa en Tokio han señalado que una mención más explícita a la cooperación militar chino-rusa en Asia nororiental podría haber alimentado una percepción de bloques enfrentados, con Japón, Estados Unidos y Corea del Sur por un lado, y China, Rusia y Corea del Norte por el otro. En ese sentido, la moderación del lenguaje adoptada por Pekín puede leerse como una estrategia para evitar una escalada diplomática innecesaria en un contexto regional ya cargado de tensiones.

Mientras tanto, Rusia ha intensificado su relación con Corea del Norte, incluyendo cooperación militar y acuerdos de asistencia mutua, lo que añade una capa más a un mapa geopolítico cada vez más volátil en el este asiático.

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