Un influyente académico chino ha calificado a Estados Unidos como la mayor amenaza para la seguridad de China, instando a Beijing a fortalecer sus alianzas internacionales como una medida de protección ante los desafíos actuales. Wang Jisi, presidente fundador del Instituto de Estudios Internacionales y Estratégicos de la Universidad de Pekín, advirtió que China enfrenta «retos de seguridad nacional sin precedentes» debido a las crecientes tensiones con Washington, que percibe a Beijing como su principal competidor en el escenario global.
En un artículo publicado en la edición de octubre de la Journal of Liaoning University, Wang analizó la evolución de las relaciones chino-estadounidenses en la última década. Según el académico, el vínculo entre ambas potencias ha transitado de términos diplomáticos como “socios estratégicos” y “nueva relación de grandes potencias” hacia una realidad mucho más clara y directa. “No es un secreto que la fuerza externa que representa la mayor amenaza de seguridad para China proviene de Estados Unidos”, afirmó Wang, en un análisis que refleja el cambio de percepción en Beijing respecto al rol de Washington.
Este cambio en la narrativa es el resultado de una serie de desencuentros en áreas clave que han tensado la relación entre las dos mayores economías del mundo. Wang destacó que Estados Unidos ha intervenido en asuntos internos de China, como las cuestiones de Xinjiang y Hong Kong, en lo que él considera un esfuerzo deliberado por aislar a Beijing en la esfera internacional. Desde la perspectiva del académico, estos actos reflejan la intención de Washington de contener el ascenso de China y consolidar su hegemonía, no solo en términos de influencia política y militar, sino también en el ámbito económico.
Wang subrayó que la postura estadounidense en torno a la seguridad nacional ha trascendido el ámbito de los intereses comerciales, politizando así las relaciones económicas y comerciales entre ambos países. La política comercial, que en décadas anteriores fue una de las áreas de colaboración y entendimiento entre Washington y Beijing, ahora está marcada por medidas proteccionistas, restricciones a empresas tecnológicas chinas y limitaciones de acceso al mercado estadounidense. Este giro, según Wang, responde a una visión de seguridad nacional ampliada que relega los beneficios comerciales y busca debilitar la posición de China en sectores estratégicos, como el tecnológico y el manufacturero.
Ante este panorama, Wang insta a China a fortalecer su red de amistades y alianzas a nivel global como una estrategia de defensa y adaptación frente a las presiones estadounidenses. El académico sostiene que diversificar las relaciones diplomáticas y económicas permitirá a China construir un sistema de apoyo que le brinde mayor autonomía y capacidad de resistencia en un mundo que se vuelve cada vez más polarizado. Para Wang, la expansión de esta red de amigos no solo debe incluir a países en desarrollo, sino también a naciones con posiciones estratégicas en Europa, Asia y América Latina, que puedan ver en China un socio confiable en un momento en que la influencia estadounidense es cuestionada en diversas regiones.
Este enfoque de alianzas estratégicas cobra mayor relevancia en un contexto donde la globalización ha dado paso a la fragmentación y a una competencia cada vez más aguda entre grandes potencias. Según Wang, China debe anticiparse a estos cambios y proyectarse como un actor comprometido con el multilateralismo y con el fortalecimiento de un orden internacional más inclusivo, donde la cooperación prevalezca sobre la confrontación.
Las tensiones entre China y Estados Unidos han alcanzado su punto más álgido en áreas como la tecnología, los derechos humanos y el comercio. La administración estadounidense ha incrementado sus esfuerzos para limitar el acceso de empresas chinas a tecnologías clave y ha restringido las exportaciones de componentes esenciales, como los semiconductores. Estas restricciones han obligado a Beijing a acelerar su búsqueda de autosuficiencia tecnológica y a explorar nuevos acuerdos de cooperación con países que puedan complementar sus necesidades de desarrollo en sectores de alta tecnología.
Además, el académico resaltó que la estrategia de contención de Estados Unidos en relación con China no se limita a aspectos internos. Washington ha buscado fortalecer sus alianzas en el Indo-Pacífico, creando un cerco de alianzas estratégicas con países como Japón, India y Australia, en lo que se percibe como un intento de contrarrestar la influencia de China en esta región crítica. Frente a esta realidad, Wang considera que Beijing debe redoblar sus esfuerzos diplomáticos y comerciales para contrarrestar las intenciones estadounidenses y consolidarse como un polo de atracción para naciones que busquen alternativas de desarrollo fuera de la órbita estadounidense.
En términos económicos, el académico aboga por que China desarrolle una mayor resiliencia económica frente a las sanciones y limitaciones que puedan imponerse desde Washington. La independencia en sectores estratégicos como la tecnología y la energía son, a su juicio, fundamentales para reducir la vulnerabilidad de China ante futuras medidas de presión. Wang propone que el país intensifique su cooperación económica y técnica con naciones que puedan ofrecer recursos y tecnologías complementarias, de modo que China no dependa exclusivamente de la estructura económica liderada por Estados Unidos.











