Este martes arrancó en Kazán, Rusia, la XVI Cumbre de los BRICS, un evento clave en el escenario internacional, en el que los líderes del grupo de países emergentes se reúnen para discutir temas cruciales que podrían redefinir el equilibrio geopolítico y económico mundial. La cumbre, que tiene como lema «Reforzar el multilateralismo para un desarrollo y una seguridad mundial equitativa», reúne a representantes de 32 países, incluidos los diez miembros del bloque BRICS.
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, anfitrión del encuentro, ha planificado una serie de reuniones bilaterales a lo largo de la semana. En el primer día, destaca su encuentro con el presidente de China, Xi Jinping, y el primer ministro indio, Narendra Modi, dos de los actores más influyentes dentro del grupo. Las conversaciones formales comenzarán el miércoles, donde se espera que el presidente ruso dialogue también con líderes como el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, y el mandatario turco, Recep Tayyip Erdogan. Este jueves, al cierre de la cumbre, Putin también sostendrá encuentros con el secretario general de la ONU, António Guterres, abordando temas globales como la crisis en Oriente Medio y la situación en Ucrania.
La cumbre de este año tiene un carácter especial debido al contexto internacional en el que se desarrolla. Los BRICS, originalmente formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, ha ampliado sus fronteras en 2024 con la inclusión de nuevos miembros como Egipto, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Etiopía. Este crecimiento subraya el atractivo del bloque y su potencial como una alternativa al sistema de poder económico y político dominado por Occidente.
Según expertos consultados por Sputnik, uno de los principales retos de esta cumbre será definir los mecanismos que permitan avanzar en la desdolarización de la economía global, una estrategia considerada clave para consolidar un nuevo orden multipolar. La tendencia hacia un mundo menos dependiente del dólar y el sistema financiero occidental ha sido un tema central en las discusiones de los BRICS en los últimos años. Esta cumbre podría marcar un punto de inflexión en la creación de nuevas rutas comerciales y financieras independientes de las estructuras tradicionales.
El bloque BRICS, que representa a más del 40% de la población mundial y más del 37% del PIB global, tiene un enorme potencial de transformación. A medida que las economías emergentes buscan romper con la dependencia económica de Occidente, el grupo se presenta como un actor clave para redefinir las reglas del juego en el comercio internacional y en la política financiera global.
Durante la cumbre, se espera que se discuta no solo la ampliación del grupo, sino también la estrategia para afianzar su papel como contrapeso frente a las potencias tradicionales agrupadas en el G7, compuesto por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido. Según Wilmer Depablos, analista internacional venezolano, los BRICS ya han comenzado a desafiar la hegemonía del G7 y del sistema unipolar basado en el dólar y en mecanismos como el sistema de pagos SWIFT. En declaraciones a Sputnik, Depablos afirmó que para 2028, los BRICS podrían consolidarse como un bloque dominante, dejando atrás al G7 y estableciendo las bases de un mundo multipolar.
La expansión de los BRICS, sumada a las tensiones geopolíticas y a la creciente inestabilidad en Occidente, refuerza la percepción de que el mundo está en un «momento bisagra», según el analista argentino Sebastián Schulz. En este sentido, la crisis de hegemonía norteamericana, evidenciada por su disminuida capacidad para influir en los países emergentes y proporcionar bienes públicos globales, es vista como una oportunidad para que los BRICS llenen ese vacío y ofrezcan una alternativa más inclusiva y equitativa en el escenario internacional.
El bloque ha demostrado ser un espacio flexible que acoge a economías con distintas realidades políticas y económicas, pero unidas por el objetivo común de fortalecer el multilateralismo y reducir la dependencia del sistema financiero occidental. Los BRICS han avanzado en la creación de mecanismos como el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), que preside la ex presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y que busca financiar proyectos en países en desarrollo sin las condiciones restrictivas impuestas por instituciones como el FMI o el Banco Mundial. La presencia de Rousseff en Kazán subraya la importancia del NBD como herramienta clave para el crecimiento sostenible de los países BRICS y sus aliados.
Sin embargo, la cumbre no estará exenta de desafíos. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, fundador del bloque, canceló su asistencia por motivos de salud, dejando a Luis Arce, de Bolivia, como el único representante latinoamericano. La ausencia de Lula podría influir en las discusiones sobre América Latina, una región que ha mostrado interés en integrarse más estrechamente con los BRICS, especialmente en términos de cooperación económica y política.
En términos de geopolítica, los BRICS se consolidan como una fuerza emergente que busca reconfigurar las reglas del orden internacional, promoviendo un mundo más equilibrado y con un enfoque en el desarrollo equitativo. La cumbre en Kazán podría sentar las bases de un futuro donde las potencias emergentes tengan un rol más preponderante, desafiando la estructura unipolar que ha dominado la escena global durante décadas.
Con más países buscando unirse a los BRICS y con el impulso de nuevas iniciativas económicas y financieras, esta cumbre marca un hito crucial en la evolución del bloque. La capacidad de los BRICS para avanzar en su agenda de multilateralismo y desdolarización podría redefinir el curso del desarrollo global en los próximos años.







