Masayasu Okuyama, director adjunto del Departamento de Cooperación Internacional de Japan Productivity Center (Centro de Productividad de Japón), visitó la Argentina para brindar una conferencia sobre la historia y los desafíos actuales de la productividad en Japón.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó el plan Marshall para ayudar a asistir a los países europeos devastados. En Inglaterra se estableció un Centro de Productividad y bajo este proyecto más de mil personas fueron de Estados Unidos a Inglaterra para aprender sobre el tema. Debido al éxito del programa, se fundaron diversos Centros de Productividad en distintos países europeos.
Pero “Japón no era como Argentina, que tiene recursos y superficie” – explica Okuyama – “Estaba en una situación bastante trágica y en ese momento tenía una inflación galopante. La población ni siquiera tenía para comer, materia prima o una forma de gerenciamiento moderno de las empresas.
En ese momento, Japón contaba con 72 millones de habitantes y era necesario expandir la economía y mejorar la producción. Era una situación donde la relación entre empresarios y trabajadores era muy mala y había huelgas continuas”. Aunque revela anticipadamente el final de la historia: “Actualmente, hay menos de 300 conflictos laborales por año en Japón”.
En 1955, se fundó el Centro de Productividad del Japón en colaboración con el Gobierno de Estados Unidos. Los estadounidenses querían estabilizar Japón, sobre todo para que no se fuera a la órbita soviética en el marco de la Guerra Fría. Como los tiempos apremiaban, el Centro de la Productividad de Japón se estableció como una entidad privada, considerada mucho más ágil que una pública en dicho contexto.
“Es una organización tripartita que está compuesta por el mundo académico, empresarial y organizaciones de trabajadores”, dice Okuyama. “Pero en el momento de su establecimiento se creó con dos patas porque las organizaciones sindicales rechazaron formar parte y hasta hicieron boicot. Tenían miedo de que aumentara el desempleo. Luego de una negociación de varios meses lograron que las organizaciones sindicales se integraran con la presencia de un miembro en el directorio”. Actualmente, el Japan Productivity Center cuenta con 250 empleados y un capital de 250 millones de dólares. Como actividad principal realiza trabajos de investigación y desarrollo sobre el tema de la productividad.
Okuyama explica que en este movimiento “los tres principios son el mantenimiento y la expansión del empleo, la cooperación y el diálogo entre trabajadores y empresarios, y la distribución equitativa de los beneficios”. Y que bajo estos tres principios se trató de que el movimiento se expandiera a nivel nacional.
Sin embargo, Okuyama reconoce que “estamos entrando en una era de incertidumbre, por lo que es necesario rever estos tres principios”. Sugiere entonces agregar cuestiones como aumentar la calidad del trabajo, fomentar las capacidades de cada persona, y encontrar la motivación para continuar trabajando aún más allá de la edad de jubilación, en un complejo contexto de alta expectativa de vida. Asimismo, destaca la importancia de que la distribución equitativa de los beneficios de expanda tanto a la comunidad local como a los proveedores, para que el valor agregado no se concentre solamente en las grandes empresas.

Okuyama también abordó las dificultades históricas en la relación de empresarios y trabajadores. En cuanto a la experiencia japonesa, mencionó que una de las primeras acciones del movimiento de productividad fue buscar la armonización de la relación entre ambos, estableciéndose un comité de diálogo para tratar de encontrar una forma de colaboración.
El objetivo del diálogo entre trabajadores y empresarios es mejorar la productividad y se realiza dentro de un marco de cooperación porque hay intereses comunes – cómo ‘agrandar la torta’-, a diferencia de la negociación colectiva, que discute cómo ‘se reparte la torta’, lo que implica un clima de confrontación. Okuyama asegura igualmente que “uno no es mejor que el otro, los dos son complementarios y necesarios. Una cosa que se podría recomendar es que antes de entrar a las negociaciones colectivas se realice el diálogo entre trabajadores y empresarios para poder tener un marco mucho más certero en cuanto a los beneficios”.
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Una de los principales desafíos de productividad del Japón actual, además de su población envejecida y la recesión, es el peso de la tradición laboral en donde se suele, entre otras cosas, fomentar el empleo de por vida. Sobre esto, Okuyama expresó que “se dice que es bueno que si una persona entra a una empresa, permanezca en la empresa hasta su jubilación.
Hay una tradición extraña donde los universitarios terminan de graduarse en marzo, y el 1° de abril van a todas las empresas para su primer día de trabajo. Justamente ese tipo de tradición hace que haya escasa movilidad de trabajadores. Es necesario que Japón incorpore también el pensamiento occidental de cambiar de trabajo de acuerdo a cómo se sienten individualmente las personas. Los estudios destacan el rápido crecimiento de Japón en la posguerra, pero en las últimas décadas la productividad de Japón está estancada, así que se está reviendo esta forma tradicional del trabajo”.













