Vietnam eligió de forma unánime a To Lam como presidente para un mandato de cinco años, en una decisión que consolida su control tanto del Partido Comunista como del Estado.
La medida rompe con la tradición de liderazgo compartido del país, donde ambos cargos solían estar en manos de distintas personas, y acerca el modelo político vietnamita a estructuras como la de China bajo Xi Jinping.
Tras asumir el cargo, To Lam afirmó ante la Asamblea Nacional que su prioridad será garantizar la estabilidad política como base para el crecimiento económico. También subrayó la necesidad de mejorar las condiciones de vida de la población y distribuir los beneficios del desarrollo.
Se trata de la segunda vez que el dirigente concentra ambos puestos, luego de haberlo hecho brevemente en 2024 tras la muerte de su antecesor, Nguyen Phu Trong. Su reelección como líder del Partido Comunista en enero ya anticipaba este movimiento.
Analistas señalan que esta acumulación de poder le otorga mayor margen para impulsar reformas en un momento clave para la economía vietnamita. Entre las ventajas destacan una toma de decisiones más rápida y una mayor coherencia en las políticas públicas, aunque también advierten sobre los riesgos de debilitar los contrapesos institucionales.
To Lam, de 69 años, construyó su carrera en las fuerzas de seguridad y ganó peso político al frente del Ministerio de Seguridad Pública, desde donde lideró una amplia campaña anticorrupción. Ya como jefe del partido, impulsó una profunda reorganización del aparato estatal, con recortes de personal, fusión de ministerios y rediseño administrativo.
En el plano económico, su estrategia apunta a fortalecer el sector privado y avanzar hacia un modelo más sofisticado, menos dependiente de la mano de obra barata y las exportaciones. El objetivo oficial es alcanzar un crecimiento anual del 10% en los próximos años.
Sin embargo, el contexto internacional plantea desafíos. La economía vietnamita creció 7,8% en el primer trimestre, por debajo de la meta prevista, en un escenario global afectado por tensiones energéticas y comerciales.
A nivel externo, el país enfrenta además presiones de Estados Unidos por su superávit comercial, mientras intenta mantener un delicado equilibrio en su relación con China, su principal socio comercial y rival en disputas territoriales en el Mar de China Meridional.
El nuevo esquema de poder abre una etapa de mayor centralización en Vietnam, con oportunidades para avanzar en reformas estructurales, pero también con interrogantes sobre el equilibrio político en un entorno global cada vez más incierto.










