Iniciativa del G7 “Build Back Better World”: ¿oportunidad para América Latina?

En junio de este año, en la 47.ª Cumbre del G-7 en Cornualles, Reino Unido, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y sus pares de Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Canadá y Japón, anunciaron el lanzamiento de la iniciativa Build Back Better World (B3W), -que se traduce como “reconstruir un mundo mejor”-.

El megaproyecto procura destinar U$40.000 millones en infraestructura y recursos para el desarrollo en países de América Latina, África y Asia, hasta 2035.

Según anuncio del gobierno estadounidense, la B3W es «una asociación de infraestructuras impulsada por valores, de alto nivel y transparente», cuyo objetivo general es invertir en desarrollo de infraestructuras en países de renta baja y media, centrándose en cuatro áreas principales: clima, salud, tecnología digital y género, con la finalidad de contribuir a reducir el déficit de infraestructuras en el mundo en desarrollo, agravado aún más por la pandemia del Covid-19.

Un nuevo escenario de puja entre EE.UU. y China

Tras décadas de expansión de los proyectos de infraestructuras liderados por China en muchos mercados emergentes; desde la pandemia del Covid-19, el gigante asiático se ha centrado más en los aspectos sostenibles, digitales y relacionados con la salud: las llamadas rutas de la seda verde, digital y sanitaria.

En este marco, la B3W pretende apoyar el desarrollo de infraestructuras globales, desde América Latina y el Caribe hasta África y el Indo-Pacífico, aprovechando esta ventana de oportunidad estratégica para influir sobre las cadenas de producción y las relaciones comerciales en áreas donde su presencia es cada vez más débil.

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¿Cómo se ejecutaría este plan?

Si bien existe escasa información sobre cómo funcionará en la práctica, un aspecto clave para la eficacia y la sostenibilidad de la iniciativa a largo plazo lo constituye, por un lado, la movilización de capital privado mediante la ampliación de los instrumentos de financiación del desarrollo existentes, asociaciones bilaterales, bancos multilaterales y otras instituciones financieras internacionales.

«desde la pandemia del Covid-19, el gigante asiático se ha centrado más en los aspectos sostenibles, digitales y relacionados con la salud»

Y por otro, la transparencia en la financiación pública, a fin de satisfacer las necesidades de infraestructura en los países y las comunidades receptoras, promoviendo unos estándares de calidad que siguen, como patrón de referencia a la Blue Dot Network, iniciativa lanzada por Estados Unidos, Australia y Japón conjuntamente en el marco de la ASEAN (2019) para ofrecer criterios de evaluación y certificación a proyectos de infraestructuras para el desarrollo. Esto en relación con el medio ambiente y el clima, la lucha contra la corrupción, la inclusión social y las garantías laborales.

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La visión del Gobierno de Estados Unidos

La Casa Blanca ha afirmado que las infraestructuras en el marco de la B3W se desarrollarán de forma transparente y sostenible -financiera, medioambiental y socialmente-, consultando a las comunidades y evaluando las necesidades locales como verdaderos socios, lo cual proporcionará beneficios a largo plazo y generará un mayor impacto en el desarrollo.

«En este marco, la B3W pretende apoyar el desarrollo de infraestructuras globales, desde América Latina y el Caribe hasta África y el Indo-Pacífico»

También destacó el compromiso con los principios del Acuerdo Climático de París de 2015 y los Objetivos para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas que conforman la Agenda 2030, así como, la promoción de la seguridad sanitaria, la tecnología digital y la igualdad de género, objetivos que coinciden con otras iniciativas del G7, que van desde la distribución global de vacunas hasta la descarbonización y la ampliación de los derechos de educación de las niñas.

Los primeros proyectos, analizados en Ghana y Senegal

En este sentido, una delegación dirigida por Daleep Singh, viceconsejero de seguridad nacional para la economía internacional de la administración Biden, realizó una gira de trabajo a Ghana y Senegal en África Occidental, donde se reunieron con funcionarios gubernamentales, representantes del sector privado, líderes medioambientales, laborales y de la sociedad civil, para identificar, en conjunto, proyectos que respondan a las necesidades de infraestructura local.

«B3W es «una asociación de infraestructuras impulsada por valores, de alto nivel y transparente», cuyo objetivo general es invertir en desarrollo de infraestructuras en países de renta baja y media»

El resultado fue el debate sobre 10 proyectos entre los que figuran la creación de un centro de fabricación de vacunas en Senegal, la reducción de la brecha digital, el refuerzo del suministro de energías renovables y la promoción de préstamos a las empresas propiedad de mujeres. También fueron aceptadas por las partes involucradas las garantías de transparencia exigidas por EE. UU en relación con el compromiso de dar publicidad total de los acuerdos.

En octubre, otra delegación visitó Ecuador, Colombia y Panamá, y está previsto que otra visite Asia antes de fin de año. El objetivo es presentar los proyectos inaugurales del B3W durante una reunión del G-7 en diciembre de este año.

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B3W y IFR: ¿competición estratégica?

Desde que el presidente Xi Jinping anunciara en 2013 el inicio de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), los países del G7 han expresado en distintos foros internacionales y académicos su preocupación por la influencia política, económica, tecnológica y militar de China en Occidente, destacando sus deficiencias sin presentar una alternativa concreta a la misma.

«La Casa Blanca ha afirmado que las infraestructuras en el marco de la B3W se desarrollarán de forma transparente y sostenible  -financiera, medioambiental y socialmente»

Por ello, muchos analistas vieron en el anuncio de la B3W la búsqueda de una nueva relación entre Occidente y las naciones en desarrollo, enmarcada en una posible «competencia estratégica” con IFR.

¿Qué diferencia existe entre estos proyectos?

Sin embargo y al menos en principio, los planes tienen diferencias notables en su alcance y financiación. Mientras la B3W en sus objetivos iniciales se concentra en las infraestructuras humanas (blandas) como educación, medio ambiente, sanidad, igualdad de género y tecnología digital; la IFR mantiene el centro de sus intereses de desarrollo global en los proyectos tradicionales como son puertos, carreteras, ferrocarriles, centrales eléctricas e instalaciones de telecomunicaciones (infraestructura dura).

Aunque recientemente, China ha manifestado sus intenciones de desarrollar las Rutas de la Seda de Salud, Verde y Digital.

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Distintas fuentes de financiación

Otro aspecto diferenciador lo constituye el financiamiento. La B3W aspira a costear sus inversiones en infraestructuras principalmente con la Corporación Financiera para el Desarrollo, USAID, EXIM, la Corporación del Desafío del Milenio y la Agencia de Comercio y Desarrollo de Estados Unidos además de otros organismos complementarios como el Fondo de Asesoramiento para Transacciones. También anunciaron que movilizarán una considerable cantidad de capital privado.

«los países del G7 han expresado en distintos foros internacionales y académicos su preocupación por la influencia política, económica, tecnológica y militar de China en Occidente»

En cambio, la IFR tiene como “motor financiero” de la Iniciativa el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés) que opera desde 2016, el Banco de Desarrollo de China (creado en 2014), el Fondo de la Ruta de la Seda, la banca china y otras entidades con cuantiosas inversiones para respaldar el proyecto.

Lo cierto es que ambas iniciativas parecen, a primera vista, ser más complementarias que competitivas.

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¿Cómo podría impactar B3W en América Latina?

Un reciente estudio elaborado por la Universidad de Boston y el think-tank Inter-American Dialogue, concluye que China prestó a América Latina unos 1.700 millones de dólares al año entre 2005 y 2015, reduciendo esa cifra a la mitad desde el 2016, hasta llegar a los 275 millones de dólares en 2019. También refiere que el gigante asiático no realizó ningún préstamo a la región en 2020.

«muchos analistas vieron en el anuncio de la B3W la búsqueda de una nueva relación entre Occidente y las naciones en desarrollo»

Sin embargo, Margaret Myers, responsable del programa sobre China y América Latina del Inter-American Dialogue y coautora del estudio, no considera que haya una verdadera desaceleración, sino que la inversión china se produce por otras vías. Esto representa un cambio en la estrategia para la región, donde se redujeron los préstamos directos “Estado-Estado” y se incrementaron la compra de empresas locales, el despliegue territorial de bancos chinos y la participación en licitaciones públicas.

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Nuestra región tiene un peso relativo importante (recursos estratégicos, demografía, geografía Norte-Sur, conexión Atlántico-Pacífico), donde las herramientas de poder blando como el comercio, la diplomacia, el financiamiento o la asistencia son cada vez más utilizadas tanto por EE.UU como China.

«Lo cierto es que ambas iniciativas parecen, a primera vista, ser más complementarias que competitivas»

En este marco, la escalada en la guerra económica, tecnológica y geopolítica entre ambas potencias puede tener impacto en los mercados, en las posibilidades de financiamiento de deudas y en la presión para mantener la alineación política y diplomática.

En efecto, la región presenta espacios geoeconómicos diferenciados:

  • América del Norte, que en su asociación mediante el T-MEC (EE.UU,  Canadá y México) excluye a China, ya que el artículo 32 del tratado establece que cada uno de los miembros deberá abstenerse de entablar relaciones con economías que no son de mercado;

«China prestó a América Latina unos US$1.700 millones  al año entre 2005 y 2015, reduciendo esa cifra a la mitad desde el 2016, hasta llegar a los US$275 millones en 2019»

  • América Central y el Caribe, una subregión crítica para la seguridad de los EE.UU, donde las potencias vienen implementando herramientas de soft power para garantizar aliados diplomáticos en el diferendo China-Taiwán y donde la  presencia económica y diplomática cada vez más importante del gigante asiático es percibida como una amenaza;
  • Y América del Sur, donde China ha conseguido una importante penetración geoeconómica en una subregión clave debido a sus recursos energéticos e hídricos y también a la importancia de sus rutas comerciales.

«el gigante asiático no realizó ningún préstamo a la región en 2020»

En este escenario, que oscila entre competencia y contención de las grandes potencias, los países de la región deberían evitar relacionarse en una lógica bipolar para construir mecanismos de concertación e integración política y económica bajo las condiciones que permitan mayores beneficios para sus ciudadanos.

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Lectura geopolítica

La lectura geopolítica indica que la iniciativa B3W pretender ser la vuelta de Occidente a una presencia más activa en el tablero global modificando su postura crítica a la IFR china y ofreciendo una alternativa real con opciones concretas a los países en desarrollo.

Impulsar el multilateralismo mundial por medio de la recuperación económica y la prosperidad mundial de las naciones de renta media y baja es una apuesta inteligente. El desarrollo inicial de infraestructuras blandas sostenibles financiera, medioambiental y socialmente proporciona las bases para una rearticulación estratégica entre Occidente y las naciones en desarrollo, impulsando el multilateralismo global.

Independientemente de sus intenciones estratégicas, las iniciativas B3W y IFR suponen un gran triunfo para el bienestar mundial, y una oportunidad de doble vía para América Latina.

Acerca del autor

Es Doctor en Relaciones Internacionales (Universidad del Salvador, Argentina), Master of Strategic Studies and Defense (China's National Defense University) y Master en Planeamiento Estratégico y Dirección por Objetivos del Instituto Internacional de Estudios Globales para el Desarrollo Humano (España). Asimismo, tiene un tercer Master of Strategic Studies (US National Defense University, Estados Unidos) y es Licenciado en Estrategia y Organización del Instituto de Estudios Superiores del Ejército argentino.