El corredor comercial entre Argentina y Brasil es el más activo de América del Sur y uno de los más complejos de gestionar desde el punto de vista logístico. En los primeros meses de 2026, Brasil concentró el 11,8% de las exportaciones argentinas y el 20,4% de las importaciones, posicionándose simultáneamente como el principal destino de las ventas externas y el segundo origen de las compras externas del país. El intercambio mensual superó en varios meses de 2025 los 2.800 millones de dólares, con vehículos y autopartes, manufacturas industriales, alimentos procesados, aceites y maquinaria como principales rubros en ambas direcciones del flujo. La naviera Mercosul Line acaba de lanzar el servicio PUMA, que agrega una frecuencia semanal entre Zárate y Santos, señal concreta de que el mercado sostiene —y justifica— mayor capacidad en ese corredor. En ese contexto, Seabird Argentina opera el eje bilateral con una estructura que pocos agentes de carga del mercado argentino pueden replicar: personal propio en Santos y São Paulo, despacho aduanero integrado ante la Receita Federal brasileña y la Aduana argentina, y acceso operativo a las terminales portuarias de Buenos Aires, Zárate y el mayor puerto de América Latina.
Dos sistemas aduaneros, una sola operación
La primera complejidad del corredor Argentina-Brasil es regulatoria. Son dos países con dos sistemas aduaneros distintos que, aunque ambos son miembros del Mercosur, tienen procedimientos, plazos y exigencias documentales propios. Del lado argentino, la Aduana opera bajo el Sistema Informático Malvina y gestiona despachos de importación y exportación con los requisitos del Código Aduanero argentino, las posiciones arancelarias de la Nomenclatura Común del Mercosur y los regímenes especiales de cada tipo de mercadería. Del lado brasileño, la Receita Federal administra el SISCOMEX, el sistema electrónico de comercio exterior brasileño, con procedimientos, tiempos de respuesta y exigencias de clasificación que difieren de los argentinos en múltiples aspectos.
Un error en la clasificación arancelaria en cualquiera de los dos sistemas puede resultar en el pago de tributos que no corresponden o en la pérdida de las preferencias arancelarias del Mercosur que reducen los aranceles para los productos originarios de la región. Un conocimiento de embarque con datos inconsistentes entre los registros argentinos y los brasileños puede generar una observación de la Receita Federal que detiene la carga en Santos con costos de almacenamiento que se acumulan por día. Una discrepancia en el certificado de origen que habilita el trato preferencial bajo el Mercosur puede convertir una importación exenta en una que debe pagar el arancel pleno.
Seabird Argentina resuelve esa complejidad con personal propio en los dos extremos del corredor. La oficina de Vicente López gestiona la Aduana argentina. La oficina de Santos gestiona la Receita Federal brasileña. Cuando surge una contingencia en el lado argentino de una importación desde Brasil, Seabird Argentina actúa de forma directa sin esperar la disponibilidad de un tercero. Cuando surge en el lado brasileño de una exportación argentina, el personal en Santos resuelve en tiempo real. Esa integración —sin corresponsales externos, sin tiempos de coordinación adicionales— es la diferencia operativa concreta que Seabird Argentina ofrece a sus clientes en el corredor bilateral más activo del continente.
Los productos del corredor y sus exigencias logísticas
El intercambio Argentina-Brasil tiene una composición diversa que involucra tipos de carga con requerimientos logísticos muy distintos. Del lado de las importaciones argentinas desde Brasil, los vehículos de pasajeros y de carga —que en enero de 2026 registraron un salto del 106,6% interanual— viajan en buques Roll-on/Roll-off con operatoria específica en las terminales de Zárate, donde cada vehículo tiene su número de chasis que debe coincidir exactamente con la documentación de embarque y los certificados de homologación que acreditan el cumplimiento de las normas técnicas argentinas. Las autopartes viajan en contenedores FCL o LCL según el volumen, con los certificados de origen bajo el régimen de complementación automotriz del Mercosur. La maquinaria industrial y los equipos eléctricos pueden requerir break bulk cuando sus dimensiones superan las del contenedor estándar.
Del lado de las exportaciones argentinas hacia Brasil, los aceites y harinas del complejo sojero salen en volúmenes que los productores del litoral mueven en grandes embarques con destino a las plantas de la industria alimentaria brasileña. Las frutas frescas del NOA y Cuyo requieren cadena de frío desde el origen hasta el destino, con monitoreo permanente de temperatura durante el tránsito terrestre y marítimo. Los vinos de Mendoza y la Rioja viajan en contenedores con condiciones específicas de temperatura y humedad. Seabird Argentina gestiona todos esos perfiles desde su operación en el corredor, con acceso a los servicios de las navieras que cubren la ruta —incluyendo el nuevo PUMA de Mercosul Line— y con la coordinación del transporte terrestre en ambos extremos.
Santos como hub para los destinos más lejanos
El servicio PUMA de Mercosul Line no solo conecta Zárate con Santos: usa Santos como nodo de conexión hacia Asia, Medio Oriente, el Caribe y el Golfo de México. Para los exportadores argentinos que quieren llegar a esos mercados —y que en 2026 tienen más razones que nunca para intentarlo, con el litio yendo a Corea del Sur, la miel hacia Europa y el maíz reabriendo el mercado chino— Santos es el hub desde donde los servicios de largo alcance conectan América del Sur con el resto del mundo.
La presencia de Seabird Argentina en Santos le permite gestionar ese transbordo de forma directa. Cuando un contenedor de miel argentina zarpa desde Buenos Aires con destino a Rotterdam vía Santos, la empresa coordina el ingreso a la terminal, verifica que la documentación del embarque original sea compatible con los requisitos del servicio de conexión europeo, y resuelve cualquier contingencia en el punto de transbordo sin delegar a un corresponsal externo que puede tener decenas de clientes simultáneos. En operaciones donde el tiempo de espera entre la llegada del feeder desde Argentina y la salida del buque de largo alcance es de horas, esa capacidad de respuesta directa en Santos puede significar la diferencia entre llegar al siguiente buque o esperar una semana hasta la próxima frecuencia.
El corredor bilateral en el año de mayor transformación regulatoria
El acuerdo Mercosur-UE que entró en vigencia el 1 de mayo agrega una dimensión nueva al corredor Argentina-Brasil: ahora que las exportaciones argentinas hacia la Unión Europea tienen preferencias arancelarias concretas, Santos —el principal hub de conexión del Atlántico sur con Europa— gana relevancia adicional como nodo de transbordo para los productos argentinos con destino en los mercados europeos que el acuerdo abrió. La miel con cuota libre de aranceles, el girasol que pasó de abastecer el 1% al 30,6% de las importaciones europeas del rubro, los vinos y las carnes con cronogramas de desgravación progresiva: todos esos productos pueden usar Santos como punto de conexión hacia Rotterdam, Hamburgo y Amberes.
Seabird Argentina tiene la estructura para gestionar esa cadena de forma integrada: el tramo marítimo desde Buenos Aires o Zárate hasta Santos, la coordinación del transbordo en el hub brasileño, y la conexión con el servicio de largo alcance hacia Europa, con despacho aduanero propio en Argentina y conocimiento directo de la operatoria de la Receita Federal en el lado brasileño. En el año en que el corredor Argentina-Brasil-Europa suma el impulso del acuerdo Mercosur-UE al volumen ya récord del intercambio bilateral, esa integración operativa es la propuesta de valor central de la empresa en el eje que más movimiento concentra del comercio exterior argentino.







