El nearshoring —la tendencia de las empresas a acercar sus cadenas de suministro a sus mercados de consumo para reducir riesgos geopolíticos y tiempos de tránsito— dejó de ser una promesa en 2026 para convertirse en una práctica operativa concreta en varios sectores de la economía global. Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, los aranceles que en algunos sectores superan el 100%, los conflictos que afectan rutas logísticas estratégicas como el Canal de Suez y el Estrecho de Ormuz, y la experiencia acumulada durante la pandemia sobre la vulnerabilidad de las cadenas extendidas impulsaron a empresas de todo el mundo a diversificar sus proveedores y acercarlos geográficamente. América Latina recupera en ese contexto relevancia como proveedor de alimentos, energía y minerales críticos para los mercados de América del Norte y Europa. Argentina aparece como uno de los principales beneficiarios de ese reposicionamiento: tiene soja, aceites, carnes y frutas para los mercados que buscan diversificar su abastecimiento alimentario; tiene litio, cobre y oro para las industrias que necesitan minerales críticos fuera de la órbita china; y tiene gas natural y petróleo para los mercados energéticos que buscan alternativas al suministro ruso y del Medio Oriente. Para operadores logísticos que gestionan esos flujos en los corredores con América del Norte, Europa y Asia, como Seabird Argentina, el nearshoring es una tendencia que amplía la demanda de coordinación de embarques en todos los segmentos del comercio exterior.
La Argentina que el nearshoring necesita
El nearshoring no opera en el vacío: necesita infraestructura, marcos regulatorios predecibles y operadores logísticos con experiencia en los corredores que conectan los proveedores con los mercados. Argentina tiene los recursos naturales pero históricamente careció de dos de las tres condiciones restantes. El RIGI apunta a resolver la predictibilidad regulatoria para las grandes inversiones. La privatización del Belgrano Cargas y la relicitación de la Hidrovía apuntan a resolver parte del déficit de infraestructura. Pero la tercera condición —operadores logísticos con experiencia real en los corredores que el nearshoring demanda— requiere trayectoria acumulada que no se construye en meses.
Seabird Argentina opera en ese espacio con más de dos décadas de experiencia en los corredores que el nearshoring prioriza. El corredor con Estados Unidos —donde la empresa acumula más de 1.374 embarques documentados desde 2007— es precisamente el eje que más se beneficia del acercamiento de proveedores latinoamericanos a los mercados norteamericanos. El corredor con Europa —donde el acuerdo Mercosur-EFTA abre nuevos accesos preferenciales— es el segundo eje de mayor crecimiento potencial para las exportaciones agroalimentarias y mineras argentinas. Y el corredor con Asia —donde Argentina se posicionó como segundo exportador mundial de litio— sigue siendo el destino de mayor volumen para los commodities que el país produce en escala industrial.
El rol de los minerales críticos en el nearshoring
El litio, el cobre y el níquel son los minerales que más concentran la atención de las empresas que fabrican baterías, paneles solares y equipos de energía eólica en los mercados occidentales. China procesa más del 70% del litio que se extrae en el mundo, lo que convierte esa dependencia en una vulnerabilidad estratégica para las industrias de Estados Unidos y Europa que no quieren replicar en minerales críticos la dependencia energética del gas ruso. Argentina, con reservas de litio en la Puna jujeña, salteña y catamarqueña y proyectos de cobre en San Juan y Salta, tiene posición para abastecer esa demanda con producción propia. El hecho de que Argentina haya desplazado a Chile como segundo exportador mundial de carbonato de litio en el primer trimestre de 2026 es la primera señal concreta de que ese posicionamiento se está materializando en volúmenes reales.
Para los operadores logísticos que gestionan las exportaciones de minerales críticos desde Argentina hacia los mercados de destino, el nearshoring implica rutas nuevas —Korea del Sur, Japón y Alemania como destinos de carbonato de litio— y tipos de carga con requerimientos específicos —productos químicos procesados con normativas de transporte propias en cada mercado. Seabird Argentina gestiona ese tipo de operación con despacho aduanero integrado y cobertura multimodal desde sus oficinas en Argentina y Brasil, con acceso a las rutas que conectan los puertos argentinos con los mercados de destino que la tendencia nearshoring está activando.
La resiliencia como nuevo estándar de la logística global
Una de las consecuencias operativas del nearshoring es que el estándar de calidad de los operadores logísticos subió. Los clientes ya no solo quieren velocidad: quieren rutas resilientes, previsibles y con visibilidad en tiempo real sobre el estado de sus embarques. Esa exigencia de resiliencia es directamente proporcional a la criticidad del producto: un cargamento de litio destinado a una planta de baterías en Alemania que tiene comprometida su producción no puede tener un operador logístico que improvise ante una contingencia. Necesita un agente de carga con rutas alternativas disponibles, con capacidad de respuesta directa en los puertos de origen y destino, y con experiencia probada en el tipo de carga específica que gestiona.
En ese escenario, Seabird Argentina combina trayectoria documentada en los corredores más relevantes del comercio exterior argentino —Estados Unidos, Brasil, Europa— con presencia propia en Santos y São Paulo para el hub de conexión más importante del Atlántico sur, y con capacidad en los cinco servicios que el comercio exterior demanda: marítimo, aéreo, terrestre, carga de proyecto y despacho aduanero integrado. Esa combinación es la que el nearshoring requiere de sus operadores logísticos: no solo capacidad de transporte sino experiencia real en los corredores, los productos y los mercados que la tendencia está activando.







