El RIGI aprobó 11.675 millones de dólares en proyectos energéticos, ¿y ahora qué?

Transportadora de Gas del Sur TGS Seabird SA

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones aprobó más de 11.675 millones de dólares en proyectos energéticos, concentrados en producción, transporte y exportación de hidrocarburos desde la Cuenca Neuquina, según un análisis publicado hoy por GlobalPorts. El desafío que identifica el sector ya no es de capital ni de regulación —el RIGI resolvió ambas variables— sino de infraestructura portuaria: que Punta Colorada, el GNL offshore y los gasoductos estén listos en tiempo y forma para que esas inversiones se traduzcan en exportaciones reales. Tres proyectos concentran la mayor parte del volumen comprometido. El oleoducto Vaca Muerta Sur, con una inversión inicial de 2.486 millones de dólares, conectará Allen con Punta Colorada y entrará en operación en el segundo semestre de 2026 con capacidad para 180.000 barriles diarios. El proyecto de GNL de Southern Energy —con 6.900 millones aprobados bajo el RIGI— exportará gas natural licuado a Alemania y otros destinos europeos desde un buque flotante de licuefacción en el Golfo San Matías a partir de 2027. Y Transportadora de Gas del Sur comprometió 3.000 millones para conectar Vaca Muerta con el polo petroquímico de Bahía Blanca mediante un poliducto de 573 kilómetros. Para Seabird SA, agente de carga internacional con operaciones documentadas en el sector energético argentino y con acceso a las terminales portuarias de Buenos Aires, Zárate y Bahía Blanca, la aprobación de esos proyectos bajo el RIGI representa una demanda sostenida de logística de importación de equipos para los próximos años.

El desafío portuario de Punta Colorada

Punta Colorada, sobre la costa rionegrína del Atlántico, será el punto de exportación del crudo que llegará desde Vaca Muerta por el oleoducto. La terminal requiere infraestructura para recibir buques de gran porte —Very Large Crude Carriers con capacidad de hasta 2 millones de barriles— en condiciones de mar abierto que difieren significativamente de las terminales fluviales del litoral. La construcción de los monoboyas de amarre, los tanques de almacenamiento y las instalaciones de control y seguridad demanda importación de equipos especializados que en su mayor parte vienen del exterior: sistemas de amarre en aguas profundas, equipos de medición y control de flujos, generadores de alta potencia para las instalaciones en tierra.

Seabird SA gestiona ese tipo de importación con experiencia documentada: coordinó la recepción de bobinas de tubing de más de 215 toneladas desde Houston a través del puerto de Galván en Bahía Blanca, a menos de 100 kilómetros de Punta Colorada por ruta costera. Esa proximidad geográfica y el conocimiento operativo de las terminales del Atlántico sur posicionan a Seabird SA como un operador con acceso directo al corredor logístico que sostendrá la construcción y operación de la nueva terminal petrolera.

El GNL y la demanda de equipos de licuefacción

El proyecto de GNL de Southern Energy implica la instalación de un buque flotante de licuefacción —un FLNG, Floating Liquefied Natural Gas— en el Golfo San Matías. Esa tecnología, que licúa el gas en alta mar para su transporte en metaneros, requiere equipos de precisión fabricados por un número reducido de proveedores globales, principalmente en Corea del Sur, Japón y algunos países europeos. Los módulos de proceso, los intercambiadores de calor criogénico, los sistemas de control y los componentes de seguridad de ese tipo de instalación son carga de proyecto en el sentido más estricto del término: piezas únicas, de gran porte, que requieren transporte especializado desde el astillero de fabricación hasta el punto de instalación.

Para Seabird SA, esa demanda representa el segmento de mayor complejidad y mayor valor en la logística de importación para el sector energético. La empresa tiene trayectoria documentada en el transporte de rotores sobredimensionados y bobinas industriales de gran porte, y opera con acceso a las terminales portuarias del Atlántico sur que recibirán los componentes del FLNG durante su construcción.

La infraestructura ferroviaria como variable crítica

GlobalPorts señala hoy que la conversión de los proyectos RIGI en exportaciones reales depende de que la infraestructura portuaria esté lista en tiempo y forma. Esa advertencia se extiende también a la infraestructura terrestre que conecta los yacimientos con los puertos: los ductos, las rutas y el sistema ferroviario que está en proceso de privatización. El Belgrano Cargas, cuyo pliego fue publicado en mayo con un horizonte de concesión de hasta 50 años, conecta las zonas productoras del NOA con los puertos del litoral y puede ser una vía complementaria para el transporte de insumos hacia la Puna minera y de productos hacia los puertos de embarque. Seabird SA, con oficina en Mendoza sobre el corredor andino, tiene posición operativa para articular ese tramo ferroviario con el marítimo cuando la privatización mejore la confiabilidad del servicio.

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