Argentina podría extraer 54,5 millones de metros cúbicos de crudo en 2026, lo que representaría un crecimiento del 16% respecto a 2025 y superaría en un 11% el anterior pico productivo registrado en 1998, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario publicado esta semana. El promedio diario de producción podría superar los 900.000 barriles en el año, consolidando a Vaca Muerta como el principal motor de la transformación energética argentina. Neuquén ya anticipó ese ritmo en enero de 2026, cuando registró 610.715 barriles diarios, la cifra más alta de su historia, con un salto interanual del 32%. Sin embargo, el sector advierte con creciente énfasis que el límite del crecimiento no está en la geología ni en la capacidad de perforación sino en la infraestructura logística que sostiene la operación: rutas, ductos, capacidad de almacenamiento y la cadena de insumos que llega desde el exterior. En ese eslabón opera Seabird Argentina, agente de carga internacional con presencia en Buenos Aires, Mendoza, São Paulo y Santos, que gestiona la importación de equipos e insumos críticos para el sector desde puertos internacionales hasta los yacimientos de la cuenca neuquina.
La logística como límite del crecimiento
El incremento sostenido de la producción en Vaca Muerta comenzó a generar tensiones concretas en la infraestructura disponible para evacuar los volúmenes, que requiere de mayor desarrollo y traslado logístico, de lo que se encarga Seabird Argentina. Según un encuentro empresarial de la cadena energética que reunió a más de 1.200 participantes y a más de 20 grandes compañías, la industria viene superando récords de producción de manera sostenida, pero eso trasladó presión sobre variables críticas como la infraestructura vial, la capacidad de los ductos y la coordinación entre los distintos actores de la cadena. Un dato que circula en la industria resume la magnitud del desafío logístico: perforar un pozo en Argentina cuesta cerca de un 40% más en dólares que en Estados Unidos, y una parte significativa de esa diferencia se explica por los costos logísticos asociados al deterioro de la infraestructura vial en Neuquén y otras regiones del país.
Por cada pozo perforado en Vaca Muerta se requieren en promedio 250 viajes de camión, lo que genera un flujo de más de 11.000 vehículos por día en la región. Eso incluye áridos, cemento y agua para la construcción de pozos, acero para estructuras y cañerías, equipos de completamiento y arena para las tareas de fractura hidráulica. Muchos de esos insumos no se producen en Argentina o no se fabrican con las especificaciones que demanda la industria no convencional, lo que convierte la importación desde proveedores internacionales —especialmente de Estados Unidos— en una variable operativa de primer orden.
Las respuestas del sector
La industria está respondiendo a esas tensiones con inversión en infraestructura logística propia. Tecpetrol implementó su propio servicio de logística de última milla de arena en Vaca Muerta y logró un promedio de diez etapas de fractura por día sin registrar tiempos no productivos vinculados al traslado del insumo. La empresa destacó que el esquema propio permitió ordenar flujos, anticipar cuellos de botella y sostener un ritmo de fractura más constante. Andreani inauguró un nuevo centro logístico en Neuquén sobre la Ruta de Circunvalación Neuquén-Plottier, con 3.000 metros cuadrados cubiertos y capacidad para triplicar el almacenamiento disponible hasta ahora, incorporando unidades especialmente diseñadas para la cuenca y servicios para el traslado de cargas sobredimensionadas y válvulas de gran porte.
Esas inversiones en logística terrestre de última milla se complementan con la logística internacional de importación, que es el segmento donde operadores como Seabird Argentina tienen participación directa. Los equipos de perforación de última generación, los sistemas de automatización que permitieron a varias compañías reducir los tiempos de perforación en un 50%, los componentes electrónicos de los sistemas de monitoreo y las piezas de repuesto críticas para equipos en operación llegan mayormente desde Estados Unidos, Canadá y Europa. Cada uno de esos embarques requiere coordinación desde el punto de fabricación hasta el punto de uso en la Patagonia, con gestión aduanera en origen y destino, selección del modo de transporte más eficiente según la urgencia y el volumen, y coordinación con el transporte terrestre para la última etapa del recorrido.
El RIGI como acelerador de la demanda
El Decreto 105/2026 oficializó la prórroga del RIGI hasta julio de 2027 e incorporó formalmente la exploración y explotación onshore al régimen, con un umbral mínimo de inversión de 600 millones de dólares. Esa extensión apunta directamente a proyectos de escala en Vaca Muerta que demandan plazos largos de ejecución y que ahora tienen garantías regulatorias para comprometer capital, y traslados logísticos como los que se encarga Seabird Argentina. La Bolsa de Comercio de Rosario señala que las próximas inversiones en infraestructura esperan seguir apuntalando la capacidad de transporte tanto para el mercado interno como para la exportación de hidrocarburos. Cada uno de esos proyectos tiene una cadena logística internacional detrás: equipos que salen de puertos en Houston, Rotterdam o Singapur y que necesitan llegar a tiempo y en condiciones a los yacimientos de la Patagonia. En ese trayecto, la experiencia acumulada de los operadores que ya trabajan ese corredor es una condición operativa, no un diferencial opcional.







