Las exportaciones mineras argentinas crecieron 81,6% en el primer trimestre de 2026 y el país se posicionó como segundo exportador mundial de litio, desplazando a Chile. Cinco provincias explican el 98,9% de ese volumen: Santa Cruz, San Juan, Jujuy, Catamarca y Salta. Ninguna tiene puerto propio. Toda la carga minera que sale de esos territorios necesita recorrer cientos o miles de kilómetros antes de embarcar, ya sea por los pasos andinos hacia el Pacífico o por las rutas del norte y el centro hacia los puertos atlánticos. En ese corredor, la logística no es un servicio de soporte sino una condición de viabilidad para la operación. Seabird Argentina opera en ese eje con presencia propia en Mendoza —uno de los nodos del corredor andino— y con trayectoria documentada en carga de proyecto para el sector extractivo argentino, gestionando operaciones de transporte marítimo, aéreo, terrestre y despacho aduanero integrado desde sus oficinas en Argentina y Brasil.
Por qué Mendoza es clave en la logística minera
La oficina de Mendoza de Seabird Argentina cubre el corredor andino y los pasos fronterizos con Chile, la ruta más directa para los yacimientos mineros del norte y el oeste argentino hacia los puertos del Pacífico. El paso de Cristo Redentor y los pasos del NOA conectan las provincias mineras con Antofagasta y Mejillones en Chile, puertos con infraestructura especializada para carga a granel y minerales procesados que operan como salida natural para una parte significativa de la producción de litio y cobre argentino.
Para los operadores que gestionan exportaciones mineras por esa ruta, la presencia en Mendoza no es solo geográfica. Implica conocimiento de los procedimientos aduaneros del Paso Los Libertadores y de los pasos del norte, de los requisitos de documentación para el tránsito internacional, de las condiciones de circulación estacional —los pasos andinos tienen restricciones en invierno que condicionan los cronogramas de exportación— y de los transportistas habilitados para carga peligrosa y para equipos de gran porte en esa geografía. Seabird Argentina acumula esa experiencia operativa en el corredor desde su oficina mendocina, que complementa la cobertura del área metropolitana bonaerense y los puertos del Atlántico sur.
Importar para construir: la demanda de equipos que sostiene el boom minero
El crecimiento exportador de la minería argentina tiene una contraparte importadora que no es menos relevante. Construir y operar un yacimiento de litio o de cobre en la Puna requiere equipos que Argentina no fabrica o que no produce en la escala ni con las especificaciones que demanda la industria: camiones de extracción de entre 200 y 400 toneladas de capacidad, chancadoras primarias y secundarias, sistemas de bombeo para salmueras, plantas de procesamiento químico modular, generadores de alta potencia, equipos de perforación y voladura, y sistemas de monitoreo y control remoto. Una parte significativa de esos equipos viene de Estados Unidos, Canadá, Australia y Europa, y debe recorrer miles de kilómetros desde el puerto de entrada en Argentina hasta el punto de instalación en el yacimiento.
Ese tipo de operación es carga de proyecto en sentido técnico: sobredimensionada, de gran peso, con requerimientos específicos de estiba y transporte, y con cronogramas de entrega que están integrados al plan de construcción de la planta. Seabird Argentina tiene operaciones documentadas en ese segmento para el sector energético —importó bobinas de tubing de más de 100 toneladas desde Houston para Vaca Muerta y coordinó el traslado de rotores de hasta 27.400 kilogramos desde Bahía Blanca hasta Turquía en modalidad break bulk— y la capacidad operativa para gestionar operaciones equivalentes en el sector minero.
La integración aduanera como ventaja en operaciones complejas
Las operaciones logísticas vinculadas a la minería tienen una dimensión aduanera de alta complejidad. Las importaciones de equipos mineros bajo el RIGI tienen un régimen especial que implica beneficios arancelarios y cambiarios pero también obligaciones documentales específicas que deben ser gestionadas con precisión ante la Aduana argentina. Un error en la clasificación arancelaria de un camión de extracción o en la documentación de un equipo de procesamiento puede resultar en la pérdida de los beneficios del régimen o en demoras que impactan directamente sobre el cronograma de construcción del yacimiento.
Seabird Argentina integra el despacho de aduana dentro de su operación propia, sin tercerizar a despachantes externos. Esa integración le permite coordinar la gestión aduanera en paralelo con la logística física y responder en tiempo real ante observaciones o contingencias de la Aduana, sin los tiempos de coordinación que genera la intermediación con un proveedor externo. En operaciones de carga de proyecto para yacimientos mineros —donde cada día de demora tiene un costo directo sobre el plan de obra— esa capacidad de respuesta integrada es una variable operativa, no un diferencial opcional.







