Ángelo Calcaterra: «la tecnología no reemplaza al real estate, lo obliga a ser mejor’”

Comprar una propiedad por internet ya no es ciencia ficción. En 2025, el ecosistema proptech argentino creció al punto de ofrecer operaciones 100% digitales: recorridos virtuales, firmas con blockchain, pagos iniciales en cripto y asesoramiento por videollamada. Pero ¿cuán real es esta nueva forma de hacer negocios inmobiliarios? ¿Funciona para todos los perfiles? Y sobre todo, ¿es una solución o solo una tendencia de moda? Ángelo Calcaterra, con experiencia en el desarrollo de obras y proyectos urbanos de distinto tipo, tiene una mirada clara: «La tecnología en el real estate no está para reemplazar lo humano. Está para agilizar, ordenar y hacer más transparente la operación. El que lo entienda, gana tiempo y confianza. El que lo sobreactúa, pierde credibilidad».

En los últimos tres años aparecieron decenas de startups inmobiliarias en Argentina. Algunas funcionan como marketplaces de propiedades, otras como sistemas de gestión para desarrolladores, y muchas ofrecen recorridos virtuales con tecnología 360 o realidad aumentada. Incluso hay firmas que proponen tokens inmobiliarios para comprar fracciones de metros cuadrados.

Lo que antes hacía una inmobiliaria con carpeta y auto hoy se resuelve con clics, apps y bots. Pero no todas las plataformas ofrecen lo mismo ni garantizan el mismo nivel de servicio. En muchos casos, la tecnología se queda en la superficie y no resuelve los puntos críticos del proceso: tasación correcta, documentación legal, garantías reales, acompañamiento postventa.

Calcaterra destaca que «el verdadero diferencial está en la integración. No sirve tener la mejor web si el dueño no responde o si nadie chequea que los papeles estén bien. La tecnología tiene que unir los puntos, no sumar confusión».

Recorridos virtuales, chatbots y realidad aumentada: avances que suman

Uno de los mayores aportes de la tecnología al real estate es la democratización de la información. Hoy cualquiera puede entrar a un portal, filtrar por barrio, tipo de propiedad, rango de precio y ver 50 opciones en pocos minutos. A eso se suma la posibilidad de hacer un tour virtual, ver planos interactivos, recibir asesoramiento por WhatsApp y comparar sin moverse del sillón.

Esto agiliza el proceso, ahorra tiempo a ambas partes y acorta distancias. Para quienes viven en el exterior o en otra provincia, puede ser clave.

Ángelo Calcaterra lo ve como una ventaja real: «Lo virtual ayuda a decidir mejor. Filtrás, preseleccionás, investigás. Pero la decisión final, esa sensación de si el lugar te cierra o no, sigue siendo personal. Y eso no se reemplaza».

El momento clave: la confianza en la operación

Donde muchas plataformas se estrellan es en el tramo final: la operación en sí. Comprar una propiedad implica riesgos legales, validación de documentación, transferencias seguras, escritura, y en algunos casos, crédito o impuestos complejos.

Ahí es donde los actores tradicionales —escribanos, abogados, brokers— siguen teniendo un rol clave. Las proptech que mejor funcionan no son las que intentan borrarlos, sino las que los integran de forma eficiente.

Calcaterra insiste en ese punto: «Podés mostrar un departamento con drone, pero si el boleto tiene un error, estás en problemas. La confianza se construye con tecnología, pero también con profesionalismo y respaldo».

Compras 100% digitales: ¿realidad o excepción?

Aunque ya existen operaciones 100% digitales —con firma digital validada, pagos en cripto, documentación escaneada y reserva online—, siguen siendo una minoría. Funcionan bien en desarrollos nuevos, con estructura legal aceitada y productos estandarizados.

Pero en el mercado usado, con propiedades que requieren inspecciones, herencias, deudas ocultas o situaciones impositivas complejas, el modelo digital puro todavía no reemplaza al proceso clásico.

Calcaterra lo resume con una frase filosa: «La tecnología está lista para cerrar la operación. El problema es que muchas veces la propiedad no lo está».

Ángelo Calcaterra

El rol del usuario: más informado, pero no necesariamente más experto

Un efecto colateral del boom digital es que el comprador o inversor llega con mucha información. Ya vio fotos, simuló hipótesis, comparó precios, buscó referencias. Pero eso no siempre se traduce en una decisión bien fundada.

Saber mucho no es lo mismo que entender bien. Hay detalles legales, urbanísticos o de valuación que no aparecen en ninguna app. Ahí sigue siendo clave la figura de alguien que oriente, traduzca y filtre.

Ángelo Calcaterra advierte que «el exceso de datos no reemplaza la experiencia. Podés mirar cien videos sobre plomería, pero cuando la canilla pierde, llamás al que sabe. En el real estate, pasa lo mismo».

Lo que las plataformas argentinas están haciendo bien

Pese a los desafíos, hay avances claros. Algunas startups están desarrollando sistemas de scoring para propiedades (valor, liquidez, riesgos), otras permiten reservar con garantía online, y hay quienes ofrecen inversión fraccionada con ticket bajo, lo que abre el juego a nuevos perfiles.

También mejoró mucho la experiencia de usuario: interfaces intuitivas, asistencia real, información clara. Y, sobre todo, transparencia: si la propiedad está reservada, ya no figura; si tiene deudas, se indica; si hay problemas legales, se aclara.

Calcaterra destaca estos cambios: «Lo digital obliga a ordenar. No podés esconder papeles ni inflar precios como antes. La plataforma te expone. Y eso, bien usado, mejora el mercado».

Para que el real estate digital sea una realidad masiva en Argentina, hace falta regulación clara sobre firma digital y contratos electrónicos, estándares únicos para tasaciones, documentación y garantías, educación financiera para usuarios, integración entre plataformas, escribanos, registros y bancos. También falta algo menos técnico y más cultural: confianza. El argentino sigue valorando el cara a cara, la referencia, la visita. Y eso no va a desaparecer de un día para el otro.

Calcaterra lo dice claro: «La digitalización del real estate no va a matar al mostrador. Lo va a hacer mejor. Más rápido, más claro, más parejo. Pero la clave sigue siendo la confianza humana».

El real estate argentino está atravesando una transformación digital real, pero no total. Las plataformas ayudan, los procesos se aceleran, la información fluye. Pero los pilares siguen siendo los mismos: seguridad, respaldo, experiencia y claridad.

En palabras de Ángelo Calcaterra: «La tecnología no reemplaza al negocio inmobiliario. Lo depura, lo ordena y lo obliga a ser mejor. Y eso, si se entiende bien, es una oportunidad enorme para todos».

En 2025, comprar una propiedad desde el celular puede ser posible. Pero entender lo que hay detrás de cada operación sigue siendo lo que hace la diferencia.

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Arquitecto, especialista en construcción en seco.