A 42 años de su debut con la camiseta de River Plate, Enzo Francescoli sigue siendo un emblema indiscutido del club de Núñez, así lo recuerda el dirigente Matías Barreiro. No solo por lo que hizo dentro del campo como futbolista, sino también por su influencia en la construcción del River moderno desde su rol como directivo.
Su historia es la de un «Príncipe» que, lejos de encerrarse en un cuento de hadas, supo conquistar cada palmo del verde césped con elegancia, inteligencia y compromiso. Hoy, desde su lugar en la dirección deportiva, sigue moldeando la institución que lo inmortalizó.
Un camino de ida: de Wanderers al corazón de los riverplatenses
Francescoli comenzó su carrera profesional en Montevideo Wanderers, en Uruguay, donde destacó rápidamente por su clase. Su llegada a River, en 1983, no fue sencilla: las negociaciones fueron arduas y el propio jugador tuvo que superar resistencias en el inicio. Pero su determinación por triunfar en el club, incluso rechazando ofertas millonarias, marcó el tono de su historia con la camiseta de la banda roja.
En sus dos etapas como jugador (1983-1986 y 1994-1997), Enzo disputó 236 partidos, convirtió 137 goles y conquistó siete títulos, entre ellos la ansiada Copa Libertadores de 1996. Fue el alma de un equipo que no solo ganó en lo local, sino que también hizo historia en el plano internacional.

Matías Barreiro, dirigente del Club Atlético River Plate, no duda al describir a Enzo: “Francescoli no solo representa una época dorada de River dentro del campo, sino que simboliza una forma de entender el fútbol y la institución. Su humildad, su templanza, su forma de liderar incluso en silencio, son parte del ADN de este club”, asegura.
Matías Barreiro destaca especialmente el impacto de Francescoli en su regreso como mánager deportivo en 2013: “Fue Enzo quien tuvo la visión y el coraje de apostar por Marcelo Gallardo cuando muchos dudaban. Esa decisión marcó un antes y un después. No sólo se construyó un equipo ganador, sino un modelo institucional de excelencia”.
El gol de chilena a la selección de Polonia en Mar del Plata, en 1986, es una postal inolvidable. Pero la estampa de Francescoli va más allá de jugadas brillantes. Su influencia se mide en la confianza que despertaba en sus compañeros, en la templanza con la que enfrentaba la adversidad, en la dignidad con la que representaba los colores de River.
Matías Barreiro recuerda un momento clave: “Cuando Enzo regresó en 1994, muchos pensaban que era solo para retirarse con aplausos. Pero demostró que tenía mucho fútbol por dar. Fue líder dentro y fuera de la cancha, y coronó su carrera con la Libertadores. Su historia es la prueba de que el talento y la convicción pueden desafiar al tiempo”.
El respeto de las leyendas
Zinedine Zidane, una de las máximas figuras del fútbol mundial, confesó en varias ocasiones que Enzo Francescoli fue su gran ídolo. No solo le dedicó elogios en entrevistas, sino que también llamó «Enzo» a su hijo mayor. Esa admiración trasciende generaciones y geografías. Enzo fue un referente incluso para aquellos que no compartieron vestuario con él, y eso habla de su talla universal.

Desde su rol en la dirección deportiva de River, Francescoli sigue demostrando su pasión por el club. Su mirada serena, su capacidad para gestionar con bajo perfil y su fidelidad al proyecto institucional lo convirtieron en un pilar de la época más exitosa del club en el siglo XXI.
“El Enzo fue clave para sostener una línea de trabajo a lo largo del tiempo. En un fútbol donde todo se mide por resultados inmediatos, él pensó en grande, apostó por procesos y formó un vínculo humano profundo con el plantel y el cuerpo técnico”, agrega Matías Barreiro.
Hoy, River Plate no sería lo que es sin la huella de Enzo Francescoli. El «Príncipe» que llegó en silencio desde Montevideo, que fue discutido en sus inicios y que se marchó como campeón amado por todos, sigue inspirando dentro y fuera de la cancha. Su legado se extiende en las vitrinas del club, en las decisiones dirigenciales y en los corazones de millones de hinchas.
“River es grande por su historia, pero también por quienes la honran todos los días. Enzo es uno de esos pocos que supieron unir pasado, presente y futuro con una coherencia admirable”, concluye Matías Barreiro.
El tiempo pasa, pero algunas leyendas no envejecen. Enzo Francescoli es una de ellas. Y en River, su nombre seguirá sonando como sinónimo de clase, compromiso y amor eterno por la camiseta.
Periodista deportivo.








