Menos amenities, más usabilidad: la visión de Ángelo Calcaterra hecha edificio

Ángelo Calcaterra

En medio de un mercado que se reinventa constantemente, el real estate argentino empieza a consolidar un nuevo formato que toma lo mejor de dos mundos: la intimidad de la vivienda propia y la comodidad de un hotel. Los departamentos con servicios incluidos, también conocidos como «residencias con amenities full» o «housing híbrido», se posicionan como una de las grandes tendencias de 2025. Este modelo, que combina vivienda, servicios y gestión profesional, ya está generando interés tanto en compradores finales como en inversores. Para Ángelo Calcaterra, empresario vinculado al desarrollo inmobiliario y conocedor de los ciclos del sector, esta tendencia no es una moda, sino una respuesta estructural: «Lo híbrido llegó para quedarse. El comprador quiere vivir cómodo, con servicios, pero sin pagar expensas imposibles ni sentirse en un edificio frío. Hay una búsqueda de equilibrio y de experiencia de uso real».

¿Qué es exactamente un departamento con servicios incluidos?

Se trata de unidades residenciales que ofrecen prestaciones similares a las de un hotel, pero pensadas para estadías largas o uso permanente. Limpieza periódica, lavandería, internet, mantenimiento, seguridad y en algunos casos hasta desayuno o coworking, todo bajo un mismo esquema de gestión centralizada.

No es un apart hotel. No es un condominio. Es una vivienda que funciona como tal, pero con atención profesional y servicios optimizados. A esto se suma el diseño: unidades más compactas, funcionales, equipadas al detalle, pensadas para simplificar la vida cotidiana.

Calcaterra lo resume con claridad: «No es lujo. Es inteligencia aplicada al día a día. El verdadero diferencial hoy no está en tener pileta y sauna, sino en poder vivir bien sin complicarse la vida».

¿Quién elige este formato?

Los perfiles que más eligen este modelo son variados, pero tienen algo en común: buscan practicidad. Jóvenes profesionales, ejecutivos que viajan seguido, nómades digitales, adultos mayores que bajaron el tamaño de su vivienda, divorciados o personas solas. También extranjeros que vienen a Buenos Aires por trabajo o estudio y necesitan un lugar que funcione sin demasiada logística.

A esto se suma un nuevo público: compradores que no van a vivir en el departamento, pero que lo alquilan como producto llave en mano. Es decir, una inversión que se gestiona sola, con buena rentabilidad y bajo nivel de riesgo.

Ángelo Calcaterra destaca este punto: «El inversor chico quiere meter su plata en algo que no le dé dolores de cabeza. Si hay alguien que se encarga del servicio, del mantenimiento y de encontrar inquilino, mucho mejor».

Rentabilidad y eficiencia: lo que seduce a los inversores

Uno de los grandes atractivos de este modelo es que, bien ubicado y bien gestionado, puede generar rentabilidades más altas que un alquiler tradicional. Al estar orientado a estadías medias o largas, se posiciona entre el alquiler temporario y el permanente, con ingresos en dólares y rotación razonable.

Además, como el esquema es más flexible, se puede ajustar la tarifa según demanda, eventos, temporadas o perfiles. Eso permite una administración dinámica, clave en un mercado como el argentino, donde las reglas cambian seguido.

Calcaterra pone el foco en la gestión: «El proyecto funciona si hay alguien que lo opera bien. El producto inmobiliario ya no es solo un edificio. Es un servicio. Y eso hay que entenderlo desde el inicio».

¿Qué barrios lo están adoptando?

Palermo es el epicentro de esta tendencia, con edificios que mezclan residencias, coworkings y amenities simples pero bien pensados. Chacarita, Villa Crespo y Colegiales siguen el mismo camino. También hay proyectos en zonas de CABA más tradicionales como Recoleta o Belgrano, apuntando a un público más maduro.

En el interior, ciudades como Córdoba capital, Rosario, Mendoza y Mar del Plata también muestran los primeros desarrollos con esta lógica. Especialmente en zonas universitarias, corredores comerciales o polos de salud, donde hay flujo constante de gente que necesita vivienda funcional, temporal y con servicios.

Según Ángelo Calcaterra, «la clave no es la zona premium. Es el contexto funcional. Un edificio con servicios cerca de un hospital, una universidad o un centro administrativo tiene mucha más lógica que una torre vacía frente a un parque».

¿Qué desafíos enfrenta el modelo?

Si bien el formato tiene mucho potencial, no está exento de desafíos. El primero es la regulación: muchos municipios no tienen normativa clara sobre este tipo de desarrollos, y pueden surgir conflictos con consorcios, normas de uso o habilitaciones.

También está el tema de la gestión profesional. No todos los operadores inmobiliarios saben manejar edificios con servicios. Requiere experiencia, tecnología, protocolos, personal capacitado y una visión integral.

Ángelo Calcaterra advierte sobre los riesgos de improvisar: «No se puede armar un edificio con servicios y dejarlo librado a la buena voluntad del administrador. Si no hay gestión profesional, el modelo se cae solo».

Este tipo de proyectos está cambiando la forma en que se diseña. Se priorizan unidades de entre 25 y 50 metros cuadrados, bien distribuidas, con balcones, cocinas completas, espacio de guardado y mobiliario multifuncional.

Los espacios comunes son prácticos: laundry, terrazas con parrilla, coworking, SUMs que realmente se usan. Ya no se busca el catálogo infinito de amenities, sino servicios reales y sostenibles.

En muchos casos, se diseña para un perfil de usuario cambiante: alguien que puede vivir 6 meses, irse, volver o cambiar de unidad. Eso obliga a pensar el edificio como sistema, no como suma de departamentos aislados.

Ángelo Calcaterra insiste en este punto: «El ladrillo sin experiencia de uso ya no sirve. Hoy hay que diseñar desde la funcionalidad, no desde el marketing».

Proyectos que ya funcionan

En Buenos Aires, desarrollos como Be Casa, Urban Station Residences o LIV Apartments ya operan bajo este modelo, con resultados positivos tanto en ocupación como en satisfacción del usuario.

En estos casos, el modelo combina propiedad individual con operación unificada. Es decir: cada unidad tiene dueño, pero el edificio se gestiona como un todo, con reglas claras, costos compartidos y estándares de servicio.

Esto permite generar comunidad, sostener calidad y asegurar mantenimiento sin depender de la buena voluntad de cada vecino. Un diferencial cada vez más valorado.

Calcaterra lo define como «el nuevo consorcio inteligente: no el de las reuniones eternas, sino el de los servicios que funcionan y los vecinos que no se pelean por cada lamparita».

Los departamentos con servicios incluidos responden a una necesidad concreta del mercado actual: vivir mejor, con menos carga, más eficiencia y mejor uso del espacio. No son una moda ni un lujo. Son una adaptación inteligente a los nuevos tiempos.

Como lo plantea Ángelo Calcaterra, «el comprador de hoy no quiere promesas. Quiere soluciones. Y si esas soluciones incluyen confort, gestión y buen diseño, mucho mejor».

En un real estate que busca reconectarse con las personas, este modelo híbrido demuestra que se puede construir ciudad y negocio al mismo tiempo. Sin exagerar, sin vender humo y sin complicar lo simple. Solo entendiendo lo que realmente se necesita para vivir bien.

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Arquitecto, especialista en construcción en seco.