¿Diseño o rentabilidad? Ángelo Calcaterra apuesta a las dos

Ángelo Calcaterra

Durante mucho tiempo, el desarrollo inmobiliario fue terreno exclusivo de los números: Excel, rentabilidad por metro cuadrado, cálculo de plusvalía. En ese esquema, el diseño quedaba relegado a una función casi decorativa. Pero algo está cambiando. En 2025, comienza a consolidarse una tendencia que pone el foco en la identidad, la experiencia y la calidad del espacio habitable. Es el auge del real estate de autor, un movimiento donde arquitectos y estudios de diseño recuperan protagonismo en el proceso completo del desarrollo, desde el concepto hasta la entrega de llaves. Ángelo Calcaterra, con larga trayectoria lo define con claridad: «El valor del diseño bien pensado es cada vez más evidente. Un proyecto que se distingue por calidad, coherencia y sensibilidad arquitectónica no necesita gritar: se vende solo».

El concepto no es nuevo, pero su renovación tiene que ver con un cambio cultural. Hoy el comprador no solo busca ubicación y precio, sino también sentido. Quiere saber quién pensó el edificio, por qué se eligió tal material, qué valores hay detrás de cada elección estética y funcional. Y eso abre una puerta que muchos arquitectos estaban esperando.

En las principales ciudades del mundo, los desarrollos firmados por arquitectos reconocidos son comunes. Pero en Argentina, esa lógica recién ahora empieza a consolidarse. Estudios como ATV, Adamo Faiden, Estudio BaBO o IR arquitectura ya están siendo reconocidos no solo por sus obras, sino por el tipo de experiencia urbana que proponen.

Esta nueva etapa no se trata solo de «ponerle una firma» a una fachada, sino de pensar el proyecto como un todo: desde la escala, los materiales, el contacto con el entorno, la relación entre espacios comunes y privados, hasta la identidad del hall de entrada.

Calcaterra lo ve así: «Hay un cambio en la forma de mirar la vivienda. Ya no alcanza con vender metros, hay que proponer una forma de habitar. Y eso, si no lo lidera el arquitecto, lo termina decidiendo el contador».

El comprador como curador: decisiones con sensibilidad

El público que demanda este tipo de desarrollos no es necesariamente millonario, pero sí tiene un perfil más exigente. Se interesa por la orientación, el sistema constructivo, la ventilación cruzada, los espacios intermedios. No quiere «amenities para la foto», sino funcionalidad real, calidad constructiva, diseño que respire.

En ese sentido, los desarrollos de autor están respondiendo a una nueva sensibilidad del comprador, que busca una inversión con identidad, que no sienta que está comprando un producto en serie.

Para Ángelo Calcaterra, esto no es una moda pasajera: «Es una corrección natural del mercado. El comprador está harto del edificio genérico, sin alma. Quiere saber qué está comprando, por qué vale lo que vale y qué historia cuenta ese espacio».

Una de las grandes diferencias del real estate de autor frente al modelo tradicional es su relación con el entorno urbano. En lugar de imponer una torre sin diálogo con el barrio, estos desarrollos tienden a integrarse: respetan alturas, materiales, ritmos de fachada y flujos peatonales. Esa atención al detalle genera proyectos con arraigo, que no son cuerpos extraños sino parte activa de la vida urbana.

Esto no solo es un gesto estético: también es una estrategia de valor. Los edificios que se integran bien al barrio tienden a tener mejor recepción del mercado, menos resistencia vecinal y mejor reventa.

Calcaterra destaca que «la arquitectura de autor no se impone, propone. Y cuando propone con inteligencia, el barrio responde. Eso genera valor no solo para el inversor, sino para la ciudad».

Materiales, detalles y decisiones que pesan

El real estate de autor también implica decisiones técnicas distintas. No se elige el revestimiento más barato ni la carpintería estándar: se buscan materiales nobles, durables, con sentido estético y funcional. Se cuida el detalle, se diseña la circulación, se piensan los vacíos tanto como los llenos.

Esto no siempre significa más costo. Muchas veces, elegir bien desde el inicio permite ahorrar en mantenimiento, aumentar la satisfacción del usuario final y reducir el desgaste prematuro. Es una inversión inteligente.

Como señala Calcaterra, «hacer bien desde el principio no siempre es más caro. Lo que sale caro es hacer algo que nadie quiera vivir o que haya que arreglar a los tres años».

Para que este tipo de proyectos funcione, hace falta un nuevo modelo de alianza. El arquitecto no puede ser un «proveedor de planos»: tiene que ser parte del desarrollo. Participar del modelo de negocio, de la decisión sobre las unidades, de la elección de proveedores y hasta del discurso comercial.

Cada vez más estudios están generando sus propios proyectos, buscando fondeo directo o armando alianzas con inversores que confíen en su mirada. Esta figura del arquitecto-desarrollador es la que está redefiniendo el juego.

Ángelo Calcaterra reconoce que «la alianza entre arquitectura y desarrollo es clave. Cuando hay respeto por el oficio y visión compartida, el resultado es superior. Y el mercado lo nota, lo valora y lo premia».

Comunicación y marca: el storytelling del ladrillo

Otra particularidad del real estate de autor es su forma de comunicarse. No se vende con renders genéricos ni promesas infladas. Se construye una narrativa: por qué se hizo, cómo se pensó, qué valores transmite. Esto genera un vínculo emocional que puede ser decisivo al momento de elegir.

La marca del estudio, su trayectoria, su estilo y su coherencia se vuelven parte del valor percibido. Y eso convierte a la arquitectura en una herramienta comercial tan poderosa como cualquier plan de financiación.

Calcaterra lo resume con una frase filosa: «El ladrillo que emociona vale más que el ladrillo cuadrado. Porque el que emociona no compite por precio, compite por sentido».

En un mercado que tiende a la estandarización, el real estate de autor aparece como un antídoto. No busca volumen, busca calidad. No apunta a todos, apunta a quienes valoran una forma distinta de habitar. Y en ese camino, puede marcar una diferencia estructural.

Ángelo Calcaterra, que ha transitado varias etapas del mercado, concluye: «Esto no se trata de vender lujo ni de hacer arquitectura para la revista. Se trata de volver a construir con criterio, con respeto por quien va a vivir, y con la convicción de que una ciudad mejor empieza por un edificio bien hecho».

Esa idea, que hace unos años parecía marginal, hoy está ganando terreno. Y si el mercado acompaña, es probable que en los próximos años el nombre del arquitecto vuelva a estar en la marquesina. No como decorado, sino como garantía de valor.

+ posts

Arquitecto, especialista en construcción en seco.