Ángelo Calcaterra: «el ladrillo solo ya no vende en el mercado inmobiliario, hoy se vende experiencia»

Ángelo Calcaterra

El mercado inmobiliario argentino se está transformando. En un contexto de incertidumbre económica, cambios en los hábitos laborales y un consumidor más exigente, los proyectos mixtos emergen como una de las tendencias más fuertes del real estate actual. Se trata de desarrollos que integran diferentes usos en un mismo espacio: viviendas, oficinas flexibles, locales comerciales y propuestas gastronómicas. Esta fórmula, que ya es moneda corriente en ciudades como Nueva York, Madrid o San Pablo, empieza a ganar terreno en Buenos Aires, Rosario y Córdoba. Según Ángelo Calcaterra, empresario vinculado al mundo del desarrollo urbano, esta modalidad representa «una respuesta concreta a un contexto urbano cambiante, donde la gente quiere vivir, trabajar y disfrutar sin desplazarse». En sus palabras, «el proyecto mixto no es una novedad, pero sí es una solución que hoy se vuelve urgente».

Una tendencia global con adaptación local

A nivel global, los proyectos mixtos se consolidaron como una estrategia para dinamizar zonas degradadas, ofrecer mayor seguridad urbana y diversificar las fuentes de ingresos de un desarrollo. La convivencia de diferentes actividades en un mismo conjunto edilicio mejora el uso del espacio y reduce los tiempos muertos, generando valor durante más horas al día.

En la Argentina, estos desarrollos están empezando a replicar ese modelo con una identidad propia. En Palermo, por ejemplo, proliferan edificios con departamentos, cafeterías de autor, estudios de diseño y espacios de coworking. En Tigre o Nordelta, complejos más grandes combinan vivienda con supermercados, gimnasios y servicios educativos.

Calcaterra afirma que «la adaptabilidad del formato mixto es su mayor virtud. Puede funcionar en escala barrio, torre o manzana completa. Y eso lo hace muy versátil frente a escenarios inciertos como el argentino».

El factor coworking: oficinas que se reinventan

La pandemia aceleró cambios que ya estaban en marcha en la forma de trabajar. El teletrabajo se impuso, pero también nació una nueva demanda: espacios laborales flexibles, con buena conectividad, que permitan separar el ámbito profesional del hogar sin tener que cruzar la ciudad.

Ahí entra el coworking como componente clave del desarrollo mixto. Ya no como centro de oficinas tradicionales, sino como hubs creativos, nodos de servicios y comunidad. Los proyectos que lo incorporan logran atraer a un público jóven, emprendedor, muchas veces freelance o remoto, que valora el tiempo y la calidad del entorno.

Ángelo Calcaterra destaca que «el coworking bien pensado no es solo un escritorio compartido: es una pieza clave en la experiencia urbana del usuario moderno. Integra lo social, lo profesional y lo práctico».

Vivienda con valor agregado

En un mercado con sobreoferta de departamentos estándar y poco acceso al crédito, los desarrolladores necesitan diferenciarse. Ofrecer unidades que no solo cumplan una función residencial, sino que aporten al estilo de vida del comprador, se volvió prioritario.

Los proyectos mixtos permiten eso. El hecho de vivir en un edificio que también tiene una cafetería en planta baja, un minimarket, un coworking y espacios verdes genera un plus que impacta directamente en el valor de la propiedad.

Calcaterra lo resume así: «Una unidad en un desarrollo mixto vale más porque el entorno inmediato es parte del producto. No se vende solo metros cuadrados, se vende experiencia».

Comercios y gastronomía: motor de vida urbana

La gastronomía se convirtió en un eje dinamizador de los nuevos desarrollos urbanos. Ya no alcanza con tener un local a la calle: hoy se piensa la experiencia completa. Desde el diseño del local hasta la selección de marcas que operan en el proyecto, todo está pensado para generar un ecosistema atractivo, que mezcle vecinos, visitantes y trabajadores.

El impacto es doble. Por un lado, aumenta la afluencia de personas y mejora la seguridad urbana. Por otro, eleva la percepción del proyecto como destino, no solo como lugar de paso o vivienda.

Ángelo Calcaterra lo pone en estos términos: «Un bar o una librería bien integrada al proyecto pueden ser tan valiosas como una pileta en la terraza. Hoy el diferencial pasa por generar comunidad».

Rentabilidad para el desarrollador

Desde el punto de vista del desarrollador, el modelo mixto ofrece ventajas claras. Diversifica las unidades comercializables (residencial, oficinas, retail), permite fases escalonadas de entrega y ventas, y reduce la dependencia de un solo mercado objetivo.

Además, permite anclar el proyecto a marcas o servicios que mejoran la financiación y la valorización del conjunto. Un gimnasio reconocido, una franquicia gastronómica o una cadena de coworking pueden traccionar ventas y consolidar la identidad del emprendimiento.

«Un desarrollo mixto bien pensado puede sostener la rentabilidad incluso en contextos de retracción», sostiene Ángelo Calcaterra. «Es una manera de blindarse frente a la volatilidad del mercado, porque si cae un segmento, hay otros que siguen funcionando».

El desafío de la regulación y la planificación

Uno de los puntos críticos para la proliferación de estos proyectos es el marco normativo. Muchas veces, los códigos urbanísticos no contemplan con claridad las mixturas de usos o imponen limitaciones que desalientan la inversión.

En ciudades como Buenos Aires, se han dado pasos en dirección positiva con la actualización del Código Urbanístico, pero todavía existen zonas grises. La falta de articulación entre niveles de gobierno y la lentitud en los procesos de aprobación pueden retrasar o desincentivar propuestas innovadoras.

Calcaterra remarca que «la planificación urbana tiene que acompañar la evolución del mercado. Si no se actualizan las normas, nos quedamos con una ciudad del siglo XX tratando de contener un estilo de vida del siglo XXI».

En Buenos Aires, emprendimientos como Madero Harbour, Distrito Quartier o el polo de Catalinas Norte integran usos mixtos con foco en la conectividad, el entorno urbano y la calidad de vida. En Córdoba, el emprendimiento Capitalinas combina oficinas, viviendas, hotel y espacio comercial en pleno centro de la ciudad.

Estos desarrollos no solo cambian el paisaje urbano, sino que también redefinen las lógicas de inversión. Las unidades se valorizan mejor, el flujo de ingresos es más constante y el proyecto adquiere una robustez comercial que resiste mejor los vaivenes del mercado.

Calcaterra ha participado en iniciativas de este tipo y sostiene que «el futuro está en la mezcla. Ningún uso por separado tiene tanto impacto como todos juntos en sinergia».

Los proyectos mixtos ya no son una rareza ni una excentricidad. Son, cada vez más, el nuevo estándar del desarrollo urbano inteligente. Integrar vivienda, trabajo y esparcimiento en un mismo conjunto responde a una demanda real, mejora la rentabilidad del desarrollador y aporta a la construcción de ciudades más eficientes y humanas.

Ángelo Calcaterra lo resume con claridad: «El ladrillo por el ladrillo ya no alcanza. Hoy, el verdadero valor está en la experiencia que ese ladrillo puede ofrecer».

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Arquitecto, especialista en construcción en seco.