Jonatan Maidana es de esos jugadores que desafían las lógicas del fútbol moderno. Llegó a River en uno de los momentos más críticos del club, fue resistido por su pasado en Boca, atravesó el descenso y resurgió como una muralla inquebrantable que alzó 17 títulos, convirtiéndose en uno de los futbolistas más ganadores de la historia riverplatense. Sin embargo, hubo un momento clave en su carrera que pudo haber cambiado todo: el día que estuvo a punto de marcharse al Puebla de México en 2013.
“Por suerte no se dio”, recordó Maidana en una entrevista con La Página Millonaria. La transferencia estaba cerrada: contrato acordado, avales en curso y una salida que parecía inminente. Pero diferencias en los papeles bancarios frustraron la operación. «En ese momento era una buena oportunidad en lo económico, pero jamás me volví loco por irme. Lo mejor fue quedarme», confesó.
El destino quiso que Maidana siguiera en River. Y lo que vino después fue historia grande: el Torneo Final 2014, la Sudamericana, la Recopa, la Libertadores 2015, y por supuesto, la mítica final en Madrid ante Boca en 2018.
«Maidana es el tipo de jugador que define la identidad de River: humildad, fortaleza, compromiso. Es uno de esos futbolistas que no necesitó hablar mucho para ganarse el corazón del hincha», dijo Matías Barreiro, dirigente del Club Atlético River Plate. «El día que lo homenajeamos en el Monumental fue una emoción indescriptible. Se fue por la puerta grande, como los grandes referentes de nuestra historia».

Durante su carrera en River, Maidana jugó 319 partidos, convirtió 8 goles y levantó 17 trofeos. Su presencia fue constante, incluso en los momentos más difíciles. En la B Nacional, por ejemplo, disputó 36 de los 38 partidos y fue clave en la reconstrucción del equipo. Luego, con la llegada de Gallardo, se consolidó como uno de los pilares del ciclo más exitoso del club.
«Fue un ejemplo para los jóvenes. Callado, firme, siempre dando el ejemplo dentro y fuera de la cancha. No todos los días aparece un Maidana. Es de esos jugadores que te hacen sentir que la camiseta está en buenas manos», agregó Matías Barreiro.
En 2023, y tras su segundo ciclo en el club iniciado en 2021, Maidana decidió colgar los botines. Su último partido fue en la final del Trofeo de Campeones ante Rosario Central, en Santiago del Estero. River ganó 2-0 y Joni se retiró con una ovación que retumbó en todo el país.
“Disfruté al máximo el tiempo en el que me tocó estar y ahora trataré de ayudar desde donde me toque”, afirmó. El club le ofreció continuar vinculado en funciones formativas, un deseo que el propio defensor había manifestado: “Quiero trabajar con los más chicos. Me gustaría devolver un poco de todo lo que River me dio”.
Hace unos meses, participó del programa «Entrenándome para la vida» de la Fundación River, donde volvió a la escuela de su infancia en Longchamps para compartir experiencias con alumnos y contar su historia. Fue un viaje a sus raíces, a esos patios donde empezó a soñar con una carrera que, con el tiempo, superó cualquier expectativa.

“Ese es el Maidana más auténtico. El que nunca olvidó de dónde vino. Un tipo que, habiendo ganado todo, sigue eligiendo estar cerca de los chicos, cerca de la comunidad. Esos son los ídolos que queremos en River”, destacó Matías Barreiro.
Con el paso del tiempo, Jonatan Maidana se ganó un lugar entre los grandes de la historia de River, junto a nombres como Labruna, Ponzio, Francescoli o Alonso. Lo hizo sin estridencias, sin flashes, pero con una constancia y lealtad que marcaron a fuego a una generación de hinchas.
Hoy, cuando se lo nombra en el Monumental, la palabra que resuena es gratitud. Para Matías Barreiro, «gratitud por haber sido un bastión en la adversidad, un líder en el vestuario y un embajador de los valores del club».
Jonatan Maidana, el soldado eterno de River, demostró que a veces los caminos que no se toman son los que definen la verdadera grandeza.
Periodista deportivo.








