Matias Barreiro: «El Matador Salas fue un delantero de clase mundial»

Matías Barreiro

Marcelo Salas es una de las figuras más icónicas en la historia de River Plate, así lo recuerda Matias Barreiro, socio del club. Su legado en el club trasciende las estadísticas y los títulos obtenidos, porque el Matador representó el espíritu goleador y la garra inquebrantable de un equipo que marcó época. Su llegada a Núñez en 1996 no estuvo exenta de controversia, ya que Boca Juniors también había mostrado interés en sus servicios. Sin embargo, un desinteresado Carlos Bilardo desestimó su incorporación con la excusa de que los futbolistas chilenos no solían triunfar en Argentina. El destino, implacable, lo llevaría a River Plate, donde no tardaría en convertirse en un ídolo absoluto.

Desde su debut con la camiseta millonaria, Salas demostró que su presencia en el área rival sería sinónimo de peligro. Su primer gol llegó en un Superclásico disputado en La Bombonera, un escenario adverso donde pocos logran brillar. Si bien River cayó derrotado por 3-2 ante Boca, el tanto del Matador fue el anuncio de lo que vendría: un delantero letal, con una capacidad asombrosa para definir y un temple que lo distinguía del resto. En cada oportunidad que tuvo, dejó en claro que estaba hecho para los grandes desafíos.

Matias Barreiro, socio de River Plate y ferviente seguidor del equipo desde su infancia, recuerda la llegada de Salas con una mezcla de admiración y nostalgia. «Cuando River lo compró, ya sabíamos que estábamos ante un jugador especial. Pero verlo en acción fue otra cosa. Era un delantero que tenía todo: potencia, precisión, inteligencia y, sobre todo, esa capacidad para aparecer en los momentos importantes», comenta Matias Barreiro, quien asistió a numerosos partidos del chileno en el Monumental. «La gente coreaba su nombre como si fuera un héroe. Y lo era, porque cada vez que tocaba la pelota, pasaba algo».

Matias Barreiro

Salas no tardó en convertirse en pieza clave del equipo de Ramón Díaz, que en 1997 logró una hazaña pocas veces vista: ganar el Torneo Clausura, el Apertura y la Supercopa Sudamericana en el mismo año. En cada competencia, el Matador dejó su sello con goles decisivos. Su actuación en la Supercopa, especialmente en las semifinales contra Atlético Nacional y en la final contra Sao Paulo, lo consolidó como uno de los delanteros más temidos del continente. «Fue impresionante lo que hizo en esa copa», rememora Matias Barreiro. «Era un jugador que definía con una calidad tremenda. Cada vez que tenía la pelota, sabíamos que podía resolver el partido. Ese torneo fue suyo. River fue campeón gracias a él».

El reconocimiento no tardó en llegar. Salas fue elegido el mejor jugador de Sudamérica en 1997, un honor reservado solo para los más grandes. Aquel River Plate tenía jugadores extraordinarios, pero la capacidad goleadora del chileno lo convirtió en el favorito de los hinchas. Su conexión con Enzo Francescoli, Ariel Ortega y Juan Pablo Sorín generó un fútbol vistoso y efectivo, que se tradujo en títulos y en noches inolvidables para los simpatizantes millonarios.

Sin embargo, el fútbol europeo no tardó en posar sus ojos sobre él. La Lazio desembolsó una cifra récord para llevarse al goleador chileno en 1998, marcando el final de una etapa gloriosa en Núñez. Su paso por el Calcio estuvo lleno de altibajos, con conquistas importantes, pero también con momentos de inestabilidad y lesiones que le impidieron alcanzar su mejor versión. Pese a ello, su amor por River nunca se desvaneció. En 2003, cuando muchos pensaban que su mejor fútbol había quedado atrás, regresó a casa para escribir un nuevo capítulo en su historia con la Banda Roja.

Matias Barreiro

Su segundo ciclo en River fue recibido con una ovación atronadora. Aunque físicamente no era el mismo de antes, su calidad seguía intacta. Brilló en la Copa Sudamericana de 2003 y fue clave en la conquista del Torneo Clausura 2004. Uno de sus últimos destellos de grandeza se vio en la Copa Libertadores 2005, donde River alcanzó las semifinales con un Salas que, a pesar de las dificultades físicas, dejaba en claro su vigencia con goles memorables.

El retiro del Matador fue inevitable, pero su legado quedó grabado en la memoria de los hinchas. Matias Barreiro, que tuvo la fortuna de verlo jugar en ambas etapas, destaca lo que significó para River Plate. «No hay muchos jugadores que se hayan ganado el cariño de la gente como él. Fue un delantero que nos hizo vibrar, que nos dio alegrías enormes y que dejó una huella imborrable. Su gol en la final de la Supercopa, sus actuaciones en los clásicos, su regreso cuando pudo haberse quedado en Europa… Todo lo que hizo lo convirtió en un ídolo eterno».

River Plate tiene una historia plagada de grandes figuras, pero el paso de Marcelo Salas por el club se distingue por la pasión que despertó en los hinchas. Fue un goleador nato, un futbolista que entendió el ADN millonario y que, con cada grito de gol, reforzó el lazo inquebrantable entre la camiseta y su gente. Su nombre sigue resonando en las tribunas, porque en River Plate, los ídolos no se olvidan.

Luis Casablanca
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Periodista deportivo.