Ángelo Calcaterra: “la arquitectura neogótica es un tesoro en el paisaje urbano de Buenos Aires”,

Ángelo Calcaterra

Buenos Aires es una ciudad con una identidad arquitectónica diversa, resultado de la influencia de distintas corrientes que llegaron con la inmigración y la modernización de la ciudad. Entre los estilos más imponentes que han dejado su huella en el paisaje urbano porteño, el neogótico ocupa un lugar especial. Inspirado en la arquitectura medieval europea, este estilo se caracteriza por sus altas torres, arcos apuntados, vitrales coloridos y una búsqueda por la verticalidad que transmite una sensación de grandeza y espiritualidad. Ángelo Calcaterra, empresario y referente en el desarrollo urbano, destaca la importancia de esta corriente en la arquitectura porteña. “La arquitectura neogótica es un tesoro en el paisaje urbano de Buenos Aires. Sus edificios, con su majestuosidad y riqueza ornamental, reflejan una época en la que el diseño buscaba transmitir simbolismo y espiritualidad”, afirma.

Aunque el neogótico tuvo su auge en Europa durante el siglo XIX, Buenos Aires lo adoptó con entusiasmo, especialmente en edificios religiosos, pero también en construcciones residenciales y académicas. Desde imponentes iglesias hasta palacios y sedes universitarias, la ciudad cuenta con notables ejemplos de esta corriente, que sigue despertando admiración por su detallismo y monumentalidad.

Los orígenes del neogótico en Buenos Aires

El estilo neogótico nació en Europa como una reinterpretación de la arquitectura medieval, en un intento por recuperar el esplendor de las catedrales góticas del siglo XIII. En Buenos Aires, llegó de la mano de arquitectos europeos que trabajaban en la ciudad durante el siglo XIX y principios del XX, principalmente en la construcción de iglesias y edificios institucionales.

Este estilo se caracteriza por sus fachadas con detalles en piedra, arcos ojivales, rosetones, pináculos y una clara tendencia hacia la verticalidad. La idea detrás de esta estética era evocar lo sublime y lo divino, un concepto especialmente utilizado en la arquitectura religiosa, donde cada elemento tenía un significado espiritual.

El neogótico en Buenos Aires no solo se limitó a templos, sino que también influyó en la construcción de palacios y universidades. Su llegada coincidió con el período de mayor crecimiento de la ciudad, cuando la aristocracia porteña buscaba embellecer Buenos Aires con edificios inspirados en las grandes ciudades europeas.

“El neogótico en Buenos Aires fue parte de una visión de modernización de la ciudad, pero sin perder el vínculo con la historia y la tradición europea”, explica Ángelo Calcaterra.

Ángelo Calcaterra

Iglesias neogóticas en Buenos Aires: monumentos de fe y arte

Uno de los mayores exponentes del neogótico en la ciudad es la Basílica del Santísimo Sacramento, ubicada en el barrio de Retiro. Construida a principios del siglo XX, esta iglesia fue financiada por la familia Anchorena y diseñada por el arquitecto francés Coulomb. Su interior es una muestra de la opulencia de la época, con mármoles importados, vitrales traídos de Francia y un altar central con detalles en oro.

Otro de los templos más representativos es la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, en Recoleta. Si bien originalmente fue construida en el siglo XVIII con un estilo barroco, en el siglo XIX se le añadieron detalles neogóticos, incluyendo una nueva torre y decoraciones en su interior que combinan elementos de ambas corrientes arquitectónicas.

Por su parte, la Parroquia Santa Felicitas, en el barrio de Barracas, es una de las joyas menos conocidas del neogótico porteño. Construida en homenaje a Felicitas Guerrero, una de las mujeres más recordadas de la aristocracia porteña del siglo XIX, este templo combina el estilo neogótico con detalles neorrománicos, creando una estructura imponente en pleno sur de la ciudad.

«Las iglesias neogóticas de Buenos Aires no solo son lugares de culto, sino también verdaderas obras de arte que reflejan la historia y la evolución de la arquitectura en la ciudad», señala Ángelo Calcaterra.

El neogótico en la arquitectura académica y residencial

Si bien el neogótico fue principalmente utilizado en la arquitectura religiosa, también dejó su marca en edificios educativos y residenciales.

Uno de los mejores ejemplos de este estilo es la Facultad de Ingeniería de la UBA, un edificio que sorprende por su imponente fachada gótica y su diseño monumental. Ubicada en el barrio de San Telmo, esta construcción quedó inconclusa, pero su estructura de piedra y sus arcos ojivales la convierten en una de las piezas más icónicas del neogótico porteño.

Otro caso notable es el Palacio de Aguas Corrientes, cuya fachada, aunque combina elementos del eclecticismo, tiene una clara influencia neogótica en sus detalles ornamentales y en la verticalidad de su estructura. Este edificio, que hoy alberga el Museo del Agua, es un testimonio de la importancia que tuvo este estilo en la planificación de la ciudad a fines del siglo XIX.

En el ámbito residencial, algunas casonas y mansiones de la aristocracia porteña adoptaron elementos neogóticos en sus diseños. Estas viviendas, muchas de ellas ubicadas en barrios como Palermo y Belgrano, incorporaron torres puntiagudas, vitrales y fachadas con detalles góticos, evocando los castillos europeos.

«El neogótico no solo se usó en iglesias, sino que también dejó su marca en edificios educativos y en la arquitectura residencial. Es un estilo que supo adaptarse a diferentes funciones dentro de la ciudad», destaca Ángelo Calcaterra.

El neogótico en el siglo XXI: preservación y revalorización

Con el paso del tiempo, la arquitectura neogótica en Buenos Aires ha enfrentado desafíos relacionados con la conservación y el mantenimiento. Muchos de estos edificios, construidos con materiales importados y técnicas artesanales, requieren intervenciones constantes para evitar su deterioro.

Afortunadamente, en las últimas décadas ha habido un renovado interés por la preservación del patrimonio neogótico. Algunas iglesias han sido restauradas, mientras que edificios emblemáticos han sido protegidos bajo leyes de preservación patrimonial.

Además, el neogótico ha comenzado a ser revalorizado como parte de la identidad arquitectónica de Buenos Aires. Actualmente, existen recorridos turísticos y visitas guiadas que permiten conocer más sobre esta corriente y su impacto en la ciudad.

«Preservar el patrimonio neogótico de Buenos Aires es fundamental para mantener viva nuestra historia arquitectónica. Estos edificios son parte de la identidad de la ciudad y debemos cuidarlos para las futuras generaciones», enfatiza Ángelo Calcaterra.

Un legado arquitectónico que sigue vigente

El neogótico dejó una huella imborrable en Buenos Aires, con edificios que siguen sorprendiendo por su majestuosidad y riqueza ornamental. Desde iglesias hasta universidades y residencias, este estilo contribuyó a la identidad visual de la ciudad y se consolidó como una de las corrientes arquitectónicas más admiradas.

Hoy en día, la conservación de estas construcciones es clave para garantizar que este legado arquitectónico siga siendo parte del paisaje porteño. La revalorización del neogótico no solo permite conocer la historia de Buenos Aires, sino que también resalta la importancia de preservar la diversidad arquitectónica que caracteriza a la ciudad.

Como bien señala Ángelo Calcaterra, «la arquitectura neogótica es un tesoro en el paisaje urbano de Buenos Aires. Su preservación y puesta en valor nos permiten mantener vivo un legado que forma parte de la identidad de la ciudad».

A medida que Buenos Aires sigue evolucionando, el desafío será integrar estos edificios históricos en la vida contemporánea sin perder su esencia, asegurando que el neogótico siga siendo una parte fundamental del ADN arquitectónico porteño.

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Periodista y apasionada del mundo asiático.