En medio de un contexto en el que los principales índices bursátiles alternaron récords con retrocesos, la relación entre la criptomoneda y el comportamiento de las bolsas se hizo más evidente. El ingreso de nuevos inversores minoristas y de instituciones tradicionales reforzó ese lazo. Por eso, cada duda sobre tasas, tarifas comerciales o un posible freno a la euforia por la inteligencia artificial repercutió rápidamente en el precio del bitcoin.
El año había empezado con entusiasmo para el sector cripto tras la victoria electoral de Donald Trump, cuyo discurso favorable a estas inversiones alivió tensiones acumuladas. Sin embargo, ese impulso se quebró en abril cuando el anuncio de nuevas tarifas golpeó tanto a las criptomonedas como a las acciones. Luego llegó un rebote que devolvió optimismo al mercado y culminó con un nuevo máximo de más de ciento veintiséis mil dólares en octubre. La alegría duró poco. Apenas días después, otro anuncio sobre medidas comerciales contra China generó un derrumbe abrupto. La magnitud del desplome dejó a los operadores sin margen para reaccionar y provocó liquidaciones masivas, consideradas las mayores en la historia del sector.
El golpe fue tan fuerte que el bitcoin no logró recuperar la estabilidad en las semanas siguientes. Noviembre terminó con la mayor caída mensual desde 2021 y dejó a varios referentes del mundo cripto en una posición incómoda. Empresas que habían apostado a una escalada continua empezaron a ajustar expectativas. Incluso voces que solían mostrarse optimistas plantearon la posibilidad de un período de debilidad. Paralelamente, algunas consultoras que antes proyectaban avances significativos moderaron sus previsiones.
La creciente conexión con el mercado accionario explica parte de esta fragilidad. La correlación entre el bitcoin y el S&P 500 se ubicó muy por encima de la registrada el año pasado y alcanzó niveles similares respecto del índice tecnológico Nasdaq 100. Esta dinámica se intensificó por la influencia de las acciones vinculadas a inteligencia artificial, que dominaron el pulso de las bolsas y generaron debates sobre posibles burbujas. Como ambos sectores comparten una fuerte dependencia del sentimiento inversor, las dudas sobre las valuaciones tecnológicas arrastraron a las criptomonedas.
Otro factor decisivo fue la política monetaria. Las señales de la Reserva Federal marcaron el ritmo de los mercados en la segunda mitad del año y afectaron especialmente al bitcoin. Cada indicio de firmeza en la postura del banco central frenó los avances del sector. En cambio, cualquier gesto más flexible alentó expectativas de una recuperación. Por eso, la decisión sobre tasas que se conocerá esta semana, junto con lo que ocurra en el frente tecnológico, podría definir el cierre de un año que mostró de forma clara que el bitcoin ya no se mueve en un mundo aparte, sino cada vez más cerca del resto de los activos de riesgo.