ADB baja las perspectivas de crecimiento en las economías de Asia y el Pacífico

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El Banco Asiático de Desarrollo (ADB) ha emitido una señal de cautela al reducir sus previsiones de crecimiento para las economías en desarrollo de Asia y el Pacífico, tanto para este año como para el próximo. En su informe más reciente, el Asian Development Outlook (ADO) de julio de 2025, la institución multilateral ha revisado a la baja sus expectativas, anticipando un crecimiento del 4.7% para la región este año, una disminución de 0.2 puntos porcentuales respecto a la proyección de abril.

Para el próximo año, el pronóstico se ha ajustado al 4.6%, descendiendo del 4.7% previsto anteriormente. Estas revisiones reflejan un entorno externo cada vez más desafiante, marcado por la expectativa de una reducción de las exportaciones debido a la imposición de aranceles más altos por parte de Estados Unidos y una creciente incertidumbre en el comercio global, elementos a los que se suma una demanda interna debilitada en varias naciones.

La coyuntura actual se presenta como una prueba significativa para la resiliencia en las economías de Asia y el Pacífico, que en las últimas décadas ha sido un motor clave del crecimiento mundial. La convergencia de factores adversos amenaza con frenar el impulso que ha caracterizado a la región, obligando a los responsables políticos a reevaluar sus estrategias y prioridades en un escenario volátil.

Las razones detrás de esta rebaja en las proyecciones son multifacéticas, pero convergen en la interconexión de las economías globales. La principal preocupación del ADB radica en la posible intensificación de los aranceles estadounidenses y las tensiones comerciales. Un incremento en estas barreras arancelarias podría mermar aún más las exportaciones de la región, que dependen en gran medida de los mercados occidentales, particularmente del norteamericano. Esta guerra comercial, lejos de apaciguarse, sigue siendo una amenaza latente que genera incertidumbre en las cadenas de suministro y en la planificación de inversiones a largo plazo.

Más allá del ámbito comercial, el ADB advierte sobre otros riesgos considerables. Los conflictos y tensiones geopolíticas —aunque no especificados— tienen el potencial de desorganizar las cadenas de suministro globales, lo que inevitablemente conduciría a un aumento en los precios de la energía y otras materias primas, impactando directamente en los costos de producción y, por ende, en la inflación y el poder adquisitivo. Además, el informe señala una preocupación persistente por el deterioro del mercado inmobiliario en la República Popular China (RPC), la economía más grande de la región. A pesar de los esfuerzos del gobierno chino por estabilizarlo, una desaceleración más pronunciada de lo esperado en este sector podría tener efectos de contagio significativos, tanto a nivel nacional como regional, dado el tamaño y la influencia de la economía china.

Albert Park, Economista Jefe del ADB, encapsuló la situación al afirmar: «Asia y el Pacífico ha resistido un entorno externo cada vez más desafiante este año. Pero las perspectivas económicas se han debilitado en medio de la intensificación de los riesgos y la incertidumbre global». Su mensaje es claro y directo: las economías de Asia y el Pacífico deben centrarse en «seguir fortaleciendo sus fundamentos y promoviendo el comercio abierto y la integración regional para apoyar la inversión, el empleo y el crecimiento». Este llamado a la acción subraya la necesidad de políticas proactivas y una mayor colaboración dentro de la región para mitigar los impactos negativos de la volatilidad externa.

El informe del ADB desglosa el impacto de estas tendencias en las principales economías de Asia y el Pacífico:

  • República Popular China (RPC): A pesar de los desafíos externos y la debilidad inmobiliaria, las proyecciones de crecimiento para China se mantienen en el 4.7% para este año y el 4.3% para el próximo. El ADB sugiere que el estímulo político dirigido al consumo y la actividad industrial será suficiente para compensar la persistente debilidad del mercado inmobiliario y el ablandamiento de las exportaciones. Esto indica una confianza en la capacidad del gobierno chino para implementar medidas que contrarresten las presiones económicas.
  • India: La segunda economía más grande de la región, India, ve sus pronósticos de crecimiento ligeramente reducidos. Se espera que crezca un 6.5% este año y un 6.7% el próximo, lo que representa una disminución de 0.2 y 0.1 puntos porcentuales, respectivamente, con respecto a las proyecciones de abril. La incertidumbre comercial y los aranceles estadounidenses más altos se citan como los principales factores que afectan tanto a las exportaciones como a la inversión en el país. A pesar de la reducción, India sigue siendo un motor de crecimiento significativo en la región.
  • Sudeste Asiático: Esta subregión es la que, según el ADB, será la más afectada por el empeoramiento de las condiciones comerciales y la incertidumbre. El pronóstico de crecimiento para las economías del Sudeste Asiático se ha rebajado a un 4.2% para este año y un 4.3% para el próximo, una reducción de aproximadamente medio punto porcentual en comparación con las previsiones de abril para ambos años. Las economías altamente dependientes de las exportaciones en esta subregión son particularmente vulnerables a las fluctuaciones del comercio global.
  • Cáucaso y Asia Central: Contrastando con la tendencia general a la baja, las economías del Cáucaso y Asia Central muestran una perspectiva más optimista. Sus proyecciones de crecimiento se han elevado en 0.1 puntos porcentuales para ambos años, alcanzando un 5.5% este año y un 5.1% el próximo. Este aumento se atribuye principalmente a un impulso anticipado en la producción de petróleo, lo que resalta la influencia de los precios de las materias primas en el desempeño económico de las naciones exportadoras de energía.

En medio de las preocupaciones sobre el crecimiento, el ADB ofrece una nota positiva en el frente de la inflación. Se proyecta que la inflación en las economías en desarrollo de Asia y el Pacífico continuará desacelerándose. Este alivio se atribuye a la moderación de los precios del petróleo y a una fuerte producción agrícola que reduce las presiones sobre los precios de los alimentos. El ADB pronostica una inflación regional del 2.0% para este año y del 2.1% para el próximo, cifras menores a las proyecciones de abril del 2.3% y 2.2% respectivamente. Una inflación controlada es crucial para mantener la estabilidad económica y proteger el poder adquisitivo de los consumidores, proporcionando cierto margen de maniobra para los bancos centrales de la región.

El Banco Asiático de Desarrollo, fundado en 1966 y propiedad de 69 miembros (50 de ellos de la región), se posiciona como un banco de desarrollo multilateral líder que apoya el crecimiento inclusivo, resiliente y sostenible en Asia y el Pacífico. Su misión es trabajar con sus miembros y socios para resolver desafíos complejos, utilizando herramientas financieras innovadoras y asociaciones estratégicas para transformar vidas, construir infraestructura de calidad y salvaguardar el planeta.

El mensaje de su Economista Jefe, Albert Park, resuena con la necesidad de una respuesta estratégica por parte de los gobiernos de la región. El llamado a «fortalecer los fundamentos» implica no solo políticas fiscales y monetarias prudentes, sino también reformas estructurales que fomenten la diversificación económica, mejoren el entorno empresarial y refuercen la resiliencia ante choques externos.

La promoción del «comercio abierto y la integración regional» es una estrategia contraintuitiva pero necesaria en un momento de creciente proteccionismo global. Al fomentar lazos comerciales y económicos más estrechos dentro de la propia región, Asia puede reducir su dependencia de mercados externos volátiles y crear un amortiguador contra las tensiones comerciales internacionales. Esto podría implicar la profundización de acuerdos comerciales regionales, la armonización de regulaciones y la inversión en infraestructura que facilite el flujo de bienes y servicios entre los países asiáticos.

En última instancia, las proyecciones revisadas del ADB para Asia y el Pacífico no son simplemente números, sino un reflejo de una economía global en transición, donde las tensiones comerciales, las incertidumbres geopolíticas y los desafíos internos se entrelazan. La región, que ha demostrado una notable capacidad de adaptación en el pasado, enfrenta ahora una prueba crítica.

La forma en que sus líderes aborden estos desafíos, a través de la fortaleza interna y la cooperación regional, determinará si este recorte en las previsiones es una fluctuación temporal o el inicio de una desaceleración más prolongada. La resiliencia de Asia dependerá de su capacidad para innovar, integrar y, sobre todo, adaptarse a un panorama económico mundial que se redefine constantemente.

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